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¿Modelo para un México próspero?

COLABORADOR INVITADO / Salvador Alva


Solemos pensar en "el futuro" como una abstracción distante hasta que lo vemos plasmado en algún rincón del planeta y nos damos cuenta de las múltiples anclas que tenemos en México. Anclas que nos mantienen con la mira puesta en el pasado.

Nuestra nación se encuentra en una coyuntura compleja, en un contexto mundial de cambios acelerados. Nos urge insertarnos de lleno en el Siglo 21, dar el salto de una economía de manufactura a una del conocimiento.

Ese debe ser un tema central en nuestro proyecto nacional y uno de los ejes del debate político hacia el 2018.

Las decisiones políticas y económicas que tomemos durante los próximos meses serán cruciales para determinar nuestro rumbo para las décadas que vienen. Los referentes externos son un ingrediente importante para nuestra reflexión.

Con esta inquietud en mente, después de un recorrido por Israel en mayo, escribo estas líneas ahora a mi regreso de Singapur.

Hace 50 años, Singapur era un escaparate del subdesarrollo colonial. Hoy es uno de los cinco países más prósperos del mundo. El ingreso per cápita de Singapur hace 50 años era similar al de México. Medido hoy por paridad de poder adquisitivo, es casi cinco veces mayor.

En 1965, Singapur era una ciudad-estado de alto desempleo y de conflictos étnicos, con una gran proporción de su población viviendo en la pobreza y un territorio minúsculo, incrustado entre dos adversarios: Malasia e Indonesia.

Bajo el férreo liderazgo del Primer Ministro Lee Kuan Yew (el líder con "singular perspicacia estratégica", en palabras de Henry Kissinger), optaron, obligados por las circunstancias, por abrirse al exterior.

Para atraer inversiones, trabajaron en varios ejes: educación, seguridad, combate a la corrupción y la impunidad, carga fiscal, flexibilidad laboral, protección de la propiedad intelectual, infraestructura urbana y un puerto eficiente, hoy el mayor puerto de transbordo del mundo.

Singapur es por mucho el país más pequeño del sudeste asiático (la mitad de la superficie de la Ciudad de México), pero ha logrado compensar la falta de territorio y recursos naturales con disciplina, inteligencia e inventiva.

Su desarrollo urbano resulta extraordinariamente vivible. La inversión en investigación y desarrollo es cuatro veces mayor a la de México en proporción al tamaño de nuestras economías.

Todo esto lleva a que el Foro Económico Mundial (WEF) ubique por sexto año consecutivo a Singapur como el segundo país más competitivo del mundo, entre Suiza y Estados Unidos.

Han utilizado la educación de altísima calidad no sólo como motor del crecimiento, sino como palanca de equidad. Singapur está clasificado en primer lugar por el WEF entre 138 países en educación superior y capacitación para el trabajo, impulsadas por la calidad de sus programas en ciencias y matemáticas, ubicados estos también en primer sitio. México aparece en los lugares 82 y 120, respectivamente.

En la última edición de la prueba PISA, aplicada a más de medio millón de estudiantes de 15 años de edad en 72 países en 2015 en matemáticas, ciencias y lectura, Singapur obtuvo un extraordinario primer lugar en las tres categorías.

Como ejemplo de contrastes muy graves, 35 por ciento de los estudiantes evaluados en Singapur en matemáticas alcanzó un nivel de excelencia. En México, lo logró el 0.3 por ciento.

Si en México nos hemos abierto en lo económico de una manera excepcional a raíz del TLCAN, en la presencia de extranjeros como residentes seguimos amurallados. Singapur, por ejemplo, tiene 23 veces menos población que México, pero más del doble del número de inmigrantes.

No sólo cuentan con algunas de las mejores universidades del mundo, han logrado también atraer una presencia de profesores, investigadores e incluso universidades extranjeras de extraordinaria calidad.

Están comprometidos con una fórmula esencial para el desarrollo: la formación del mejor talento propio, a la par de la atracción y retención del mejor talento del mundo.

Que un país de menos de 6 millones de habitantes salga del subdesarrollo en una generación y tenga dos de las mejores 15 universidades del mundo de acuerdo con QS (un ranking mundial de las universidades), es reflejo de que sus prioridades, incentivos, liderazgos, recursos y acción están alineados con el bienestar y progreso de su población. México tiene dos entre las primeras 200: la UNAM y el Tec.

Philip Yeo es el presidente de SPRING Singapore, la agencia estatal que asesora y apoya a las pequeñas y medianas empresas del país, y fue presidente del Economic Development Board, encargado de la estrategia para apuntalar a Singapur como líder global en innovación y emprendimiento.

Nos recibe en su oficina. Yeo me subraya la importancia de un programa en el cual invierten 100 millones de dólares anualmente para atraer estudiantes extranjeros a preparatoria y después becarlos hasta sus doctorados en las mejores universidades del mundo.

En el proceso, hacen lo posible para que los más destacados se queden en el país. La visita concluye con una sola recomendación enfática para México: "¡Inviertan en su gente!".

¿Podemos y queremos los mexicanos repetir la trayectoria de Singapur? En lo que toca a la evolución de su sistema político, nuestros caminos son diferentes.

Pero las lecciones y virtudes centrales de su experiencia económica y educativa pueden adaptarse a realidades como la nuestra, si existe el liderazgo, la visión y la participación de la ciudadanía.

Aprovechemos los meses de debate electoral en que estamos para orientar la discusión hacia los saltos cuánticos que nos urgen y sí son posibles, como lo demuestra Singapur.

Para que nuestro futuro como un país próspero deje de ser una abstracción lejana.

 
El autor es presidente del Tecnológico de Monterrey.

 

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