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La India de Arundhati Roy

Isabel Turrent


El tránsito de la literatura al activismo político y de regreso a la literatura, ha sido pedregoso para Arundhati Roy. En veinte años pasó de El dios de las cosas pequeñas -una novela bella y contenida sobre amores imposibles y castas (que ganó el Booker Prize)- a un libro tan farragoso como su título: The Ministry of Utmost Happiness.

Presiden el Ministerio una Hijra, Anjum (una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre) y Tilottama, una joven de orígenes tan oscuros como su piel, que emerge de la nada con sus tres adoradores, y acaba viviendo al final del relato con Anjum entre las tumbas del cementerio donde ha hecho su casa. Un encuentro tan forzado que habla del dilema que debe haber enfrentado Roy antes de mandar su libro al editor. El único artificio que encontró para fundir los dos libros que conforman su novela, en uno, fue reunir a Anjum y a Tilottama en el último capítulo.

Pero el libro es más de dos novelas en una. Contiene tantas tramas dentro de las tramas que Roy podría haber escrito 4 o 5 libros con todo lo que relata en este Ministerio. Se convirtió en una escritora impaciente y una editora descuidada.

Y es que el mensaje central del libro no es literario -aunque Roy tiene imaginación y una pluma privilegiada- sino político. La multiplicación de subplots sobre las plots reconstruye a la India que transformó a Roy en una disidente -que conoce a su país como la palma de su mano- pero que ha desdibujado a la novelista.

La situación de Kashmir es tal como la describe Roy. Un conflicto que se remonta a la partición de la India (y la eterna enemistad con Pakistán), y la rebelión de los kashmiris musulmanes enredados en una guerra a muerte con el Ejército hindú que ocupa la provincia. La cotidianeidad escribió la mejor postdata al trayecto literario de Tilottama por el paisaje ensangrentado de Kashmir. En la realidad, hace apenas unos días, la policía hindú mató a dos militantes kashmiris, incluyendo a un notorio comandante (como el Musa de Tilottama que sabía que jamás saldría con vida del conflicto).

Pero Kashmir es tan sólo un hilo en el intrincado tejido que es la India: un complejo entramado de etnias, clases, castas y religiones, corrupción, regulaciones al por mayor, grupos de interés que bloquean reformas y un gran Estado interventor.

En el Ministry de Roy, ese hilo lleva directamente al choque entre los hinduistas, que son la mayoría religiosa de los 1,200 millones de habitantes del país, y los millones de musulmanes que conviven con ellos, y a la sombra del político que domina el escenario del país desde su aplastante triunfo electoral en 2014: Narendra Modi.

Roy no lo menciona, pero sí a las bandas azafrán del RSS (el movimiento nacionalista hindú hermano del partido de Modi, el Bharatiya Janata o BJP) que destruyen el legado cultural de los musulmanes y han llegado a linchar a cualquier sospechoso de traficar con carne de vaca -un animal sagrado para ellos. (En mayo, Modi emitió normas que protegen a las vacas y fortalecen al RSS: parte del populismo de identidad religiosa que lo llevó al poder).

Arundhati Roy acaba metida en el capelo del nido: el Ministerio de la Mayor Felicidad. Modi, en un programa de reformas insuficientes y populistas. Los dos le han dado la espalda a la otra India: la sociedad pujante del siglo XXI, que lee a Roy y vota por Modi.

La economía hindú ha crecido y se ha modernizado (las exportaciones de servicios y software, por ejemplo, se han cuadruplicado en los últimos 10 años). Junto con ella ha surgido una amplia clase media politizada y encabezada por los jóvenes (casi la mitad de la población tiene menos de 26 años), educados, urbanos y llenos de expectativas. Fueron ellos los que diseñaron la sofisticada campaña que llevó a Modi al poder y mandó a retiro al Partido del Congreso de los Gandhi. Sus expectativas tienen poco que ver con la identidad de etnias, castas y vacas: están enraizadas en el bienestar económico.

En 2014, votaron por un reformador radical, que prometía reducir el Estado, acotar a la burocracia y acabar con la corrupción que entorpecen el crecimiento económico. Tienen ahora a un primer ministro gradualista que en tres años ha retocado apenas el sistema económico que prometía revolucionar. El último capítulo de la lucha entre la India "tradicional", que Roy critica y Modi no quiere dejar ir, y la modernidad.

 
editorial@reforma.com
 
 
 
 

Estudió Historia del Arte en la UIA y Relaciones Internacionales y Ciencia Política en El Colegio de México y la Universidad de Oxford, Inglaterra. Ha publicado cinco libros sobre asuntos internacionales, y en el 2006, La aguja de luz, una novela histórica sobre Mallorca. Es colaboradora de Letras Libres y editorialista de Reforma desde su fundación. Ha impartido cátedra en las principales universidades del país sobre temas internacionales.

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