Recibe en tu email las próximas
columnas de Juan Villoro
1 mes
2 meses
3 meses

La orquesta del Titanic

Juan Villoro


Un amplio grupo de periodistas y escritores hemos pedido que se revise la conveniencia de celebrar el Hay Festival en Veracruz. Originado en Gales y trasladado a diversos países, el Hay entiende la cultura como un diálogo. Discutir las condiciones en que ocurre es ser fiel a su espíritu.

A diferencia de la FIFA o las franquicias multinacionales, el Hay no acepta cualquier socio ni se rige por meros intereses comerciales. Su apuesta por la imaginación y la calidad de sus actos está fuera de duda. ¿Es pertinente que brinde prestigio internacional al gobernador Javier Duarte de Ochoa? Durante su mandato, 11 periodistas han sido asesinados y cuatro más están desaparecidos.

Ante la inquietud de un sector de la sociedad, los organizadores del festival han respondido con sensibilidad y estudian variantes para continuar su trabajo en México.

Revisemos el caso para contribuir al concierto colectivo. El Hay se celebró por primera vez en México en la ciudad de Zacatecas, durante el último año de gobierno de Amalia García. Como es común, el PRD perdió las siguientes elecciones, y como es más común, el nuevo gobernador no respaldó iniciativas previas. En estas condiciones, se aceptó el apoyo del gobierno de Veracruz.

"Farol de la calle y oscuridad de su casa", dice el refrán. Luis Echeverría dio asilo a perseguidos políticos de Sudamérica mientras emprendía la guerra sucia en Guerrero, y el ex gobernador de Puebla, Mario Marín, apoyó el Festival de las Ideas después de secuestrar a la periodista Lydia Cacho. Con demasiada frecuencia los mandatarios acuden a gestos simbólicos para lavar su imagen.

Ejercer el periodismo en Veracruz es un oficio de alto riesgo. En el más reciente número de Gatopardo, Emiliano Ruiz Parra narra en forma estremecedora la historia del fotógrafo Gregorio Jiménez de la Cruz, secuestrado en su domicilio de Coatzacoalcos en febrero de 2014. Poco después apareció muerto, con señas de tortura. Fue el décimo periodista asesinado durante el gobierno de Duarte.

Y el conteo no se detiene: el 2 de enero de 2015 el reportero Moisés Sánchez Cerezo fue secuestrado en Medellín de Bravo. Su muerte se confirmó semanas después.

Regina Martínez, corresponsal de Proceso en el estado, describió así su ámbito de trabajo: "La situación para el periodismo en Veracruz ahora es la peor en los últimos diez años, completamente represiva con el gobierno de Javier Duarte". El 28 de abril de 2012 fue estrangulada en el baño de su casa.

A un año de su muerte, un grupo de periodistas marchamos en Xalapa pidiendo que se esclareciera el caso. El asesinato de Jiménez de la Cruz provocó un mitin de protesta en el Ángel y una caravana a Coatzacoalcos. Durante el Hay, Jon Lee Anderson y Salman Rushdie condenaron la persecución, pero todo siguió igual.

En 2011 el gobernador de Veracruz lanzó la iniciativa conocida como "Ley Duarte", que convertía en cómplice de un delito a quien informara de él en redes sociales. Aunque esta variante digital del Gran Hermano no prosperó, revela el deseo de criminalizar la información.

Por momentos, el gobierno veracruzano ha querido congraciarse con la prensa. En 2012 rifó cinco automóviles entre el gremio. Víctor Manuel Báez Chino, editor de la sección policiaca de Milenio, ganó uno de ellos, pero no pudo recoger su premio: fue asesinado el 14 de junio de ese año.

¿Es posible encomiar la libertad de palabra mientras los periodistas son asesinados? La cultura sirve para tender puentes, pero también puede ser usada como ornato, el florero en la mesa de los criminales. Por desgracia, las extraordinarias actividades del Hay no han servido para que la libertad de expresión se garantice en Veracruz. Si el festival sigue ahí, deberá denunciar las 130 agresiones a periodistas cometidas en los últimos años. En caso de que se suspendiera temporalmente, se enviaría una señal decisiva a la comunidad internacional. No se trata de acabar con un encuentro, sino de mejorar su sentido. El Hay podría regresar en otras condiciones o encontrar una sede alterna en las muchas ciudades del país que se prestan para ello.

El arte alivia las situaciones más extremas, pero no escapa a la realidad. Seguir tocando música cuando el Titanic se hunde en forma irremediable es un gesto digno. Considerar que el naufragio desaparece con música es indigno.

 
 

Ha obtenido el Premio Herralde por su novela El testigo, el Internacional de Periodismo Vázquez Montalbán por su libro sobre futbol Dios es redondo y el Iberoamericano José Donoso por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en la UNAM, Yale, Princeton y la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Entre sus libros para niños destaca El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica.

FOTOGALERIAS RELACIONADAS

GALERIA MULTIMEDIA RELACIONADAS

GRÁFICOS ANIMADOS RELACIONADOS

NOTAS RELACIONADAS