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Restauración o esperanza

COLABORADOR INVITADO / Alberto J. Olvera


En las elecciones de 2015 están en riesgo los logros de tres décadas de lucha por la democracia. Lo fundamental ahora es evitar que el PRI y su aliado el Verde logren la mayoría relativa en la Cámara de Diputados, pues con ello se crearían las condiciones necesarias para la restauración plena del presidencialismo autoritario. El PRI podría determinar por sí mismo los contenidos de la legislación secundaria del Sistema Nacional Anticorrupción, emitir leyes o reglamentos que nulifiquen la Ley Nacional de Transparencia y, mediante el diseño del presupuesto público, concentrar aún más el poder real en la autoridad presidencial, así como quitar recursos a instituciones como la Auditoría Superior de la Federación y la Procuraduría General, que son centrales en la lucha contra la corrupción. Lo principal este domingo es evitar este desenlace, por lo que votar por cualquier otro partido es necesario, por más que todos sean impresentables.

Debe tenerse en cuenta que con estas elecciones termina la vigencia del Pacto por México. Se abre la competencia por la presidencia de la república y el PAN y el PRD tendrán que diferenciarse rápidamente del PRI si quieren tener alguna posibilidad de competir (o al menos sobrevivir) en las próximas elecciones.

Quienes convocan a la anulación del voto equivocan el diagnóstico de la coyuntura y por ello la solución que proponen es contraproducente. Por más que la clase política en su conjunto sea corrupta y haya facilitado los proyectos estratégicos del PRI, no hay manera inmediata de quitárnosla de encima. Anular el voto no crea otra clase política, y sí facilita la materialización del riesgo principal del momento, que es la victoria del PRI.

Además, en las entrañas de la sociedad acontecen peligrosos procesos de manipulación política. Estas elecciones son distintas a otras porque las nuevas reglas electorales obligan a tener un despliegue publicitario menos visible y hay cierto control sobre los gastos de los partidos en el clientelismo tradicional. Esta vez el PRI (y en menor escala el PAN y PRD) ha construido una enorme red de operadores electorales territoriales que, caminando casa por casa en los sectores populares, levantan censos de necesidades y ofrecen pequeños regalos que resultan significativos para quienes no tienen nada y esperaban siempre las elecciones para obtener algo. Enfrentamos una verdadera microfísica del poder, un trato casi personalizado a los potenciales votantes populares.

El PRI ha perfeccionado este mecanismo que le permite tener una ventaja notable sobre los demás partidos, por cierto disminuidos en sus capacidades económicas, organizacionales y morales. El PRI oportunamente cambió la operación electoral desde los aparatos masivos y la publicidad invasiva hacia el microtrato anclado territorialmente, cuyo gigantesco costo es invisible para los medios de comunicación y está fuera de la supervisión del Instituto Nacional Electoral. El PRI cuenta así con una base social que no tienen los otros partidos. Sorprende que haya quienes creen que no hay voto duro. Lo hay y se basa en el trabajo de estos operadores electorales de terreno cuya misión consiste en llevar a la gente a votar por una vía u otra. El PRI sigue teniendo una enorme ventaja gracias a su experticia, sus inagotables recursos y el control del ejercicio de gobierno. En elecciones con altos niveles de abstención, este voto duro se torna estratégico.

Si, a pesar del deterioro de la imagen presidencial y del desastre nacional, el PRI obtiene la mayoría en la Cámara de Diputados, se restaurará francamente el viejo régimen. Si no lo logra, puede continuar el lento proceso de construcción de nuevos actores políticos y de democratización del Estado. Hay señales de innovación, desde los candidatos independientes hasta los movimientos populares de resistencia, pasando por nuevas instituciones que necesitan consolidarse. Sólo se necesita tiempo. Y para lograrlo el PRI no debe ganar.

 
 
El autor es investigador del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana.

 
 
 
 

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