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Año de la Constitución

Diego Valadés


Llega el muy esperado centenario de la Constitución. A diferencia de las conmemoraciones previas, acerca de la Independencia y la Revolución, la hazaña de Querétaro corresponde a otra dimensión.

Celebrar las epopeyas independentista y revolucionaria como momentos históricos es algo muy diferente al aniversario de un texto todavía vigente, del que dependen la estructura y el funcionamiento del Estado. El asunto es tanto más relevante cuanto que el Estado mexicano sufre un fuerte proceso erosivo.

Mientras que para festejar la Independencia y la Revolución hicimos un ejercicio de memoria y el escenario lo ocuparon personajes pretéritos, los cien años de la Constitución conciernen a nuestro tiempo, a estos aciagos días, y a los protagonistas de hoy, que la reescriben, más que a los de ayer, que la escribieron. Podemos retrotraernos al magno episodio queretano para alabar el optimismo de un puñado de hombres entusiasmados por la proeza colectiva que trasformó al país, pero a continuación retornaremos al presente para asistir al naufragio de un Estado que no sido capaz de evolucionar.

El movimiento de Independencia cumplió el objetivo de un Estado soberano; la Revolución en cambio quedó a medio camino porque reivindicó a campesinos y obreros para luego diluirse dejando tras de sí un vacío de ideas que nos devolvió a la inequidad social. Por su parte la Constitución fue una ilusión, en el sentido de esperanza, que devino en ilusión, en el sentido de fantasía. A propósito de su centenario escucharemos fanfarrias y elegías según cada quien la vea, desde la cima o la sima donde se encuentre.

La Carta aprobada en Querétaro fue revolucionaria en la cuestión social y conservadora en la cuestión política. Aun así, salvo en el breve periodo que va de Álvaro Obregón a Lázaro Cárdenas, no se habló de socialismo. Esta ha sido una palabra incómoda en México. Hoy el mayor radicalismo apenas alcanza para "progresista" o "izquierdista"; pocos se reconocen socialistas, a diferencia de Europa donde el sustantivo identifica a partidos y personajes importantes.

A lo largo de todo el Constituyente las voces "socialismo" y "socialista" sólo fueron pronunciadas en 29 ocasiones, casi todas para aludir a esa corriente en Europa. Los constituyentes formularon un derecho social sin una doctrina socialista. Su decisión fue el resultado de un impulso justiciero mas no la aplicación de principios ideológicos explícitos. Por eso la Constitución careció de unidad sistémica desde un principio y, al amoldarse a los vaivenes del tiempo, fue adoptando enunciados contradictorios hasta quedar como ahora la vemos, desfigurada y sin personalidad.

Si se aspirara a recuperar la gobernabilidad y a construir un Estado de derecho en serio, se tendría que comenzar por la Constitución. Su centenario ofrece la oportunidad de analizar los cambios necesarios.

A la Constitución todavía se le puede inyectar nueva vida reordenándola, para darle coherencia y brevedad, para enseguida reformarla con la misma técnica que se adopte para su reordenación. Lo inadecuado es seguir apilando principios, instituciones y reglas inconexas y continuar posponiendo el debate sobre la democracia institucional y la equidad social.

A diferencia de hoy, cien años atrás se sabía lo que se quería. La reforma futura exige decidir qué tipo de Estado, de democracia y de régimen de gobierno deseamos. El diferimiento permanente de estas definiciones ha contribuido a degradar las condiciones de vida del país.

A falta de reformas, el centenario y la campaña electoral de 2018 tenderán a favorecer los argumentos para sustituir la Constitución. En esta circunstancia muchos de los consensos logrados hasta ahora serían cuestionables, lo que generaría una situación de extrema polarización que a su vez propiciaría mayor encono y menor gobernabilidad.

Para evitar ese riesgo es preciso revisar a fondo la Constitución vigente. Reformarla supone saber hacia dónde ir y cómo llegar. Un proceso así requiere una conducción magistral, como la ejercida por Venustiano Carranza hace un siglo, y una actitud responsable por parte de los actores políticos.

Este no es un año sólo de efemérides. El centenario de una Constitución vigente no implica rememorar hechos pretéritos sino reformular objetivos futuros.

 
 
@dvalades
 
 
 
 

Diego Valadés. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas y profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM. Es miembro de El Colegio Nacional, de la Academia Mexicana de la Lengua y de El Colegio de Sinaloa. Es autor de numerosas obras de derecho constitucional, entre las que figuran: La dictadura constitucional en América Latina, El control del poder, El gobierno de gabinete, La parlamentarización de los sistemas presidenciales.

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