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2018: el año de la resistencia

Jorge Ramos Ávalos


Si el 2017 fue el año imposible -el que nunca debió haber ocurrido- veo al 2018 como el año de la resistencia. Pero ¿resistencia a qué? Resistencia a las mentiras, ataques y ofensas del presidente Donald Trump.

Me resisto a creer que las amenazas y provocaciones que lanzó Trump contra el dictador norcoreano a través de Twitter son la mejor manera de evitar un ataque nuclear. Este es uno de los tuits más infantiles -y peligrosos- que he visto en mi vida: "El líder norcoreano Kim Jong Un acaba de decir que el 'botón nuclear está en su escritorio en todo momento'. Por favor, que alguien de su hambriento y desolado régimen le diga que yo también tengo un botón nuclear, que es mucho más grande y poderoso que el suyo, y además funciona".

Trump y Kim Jong-un crean una terrible angustia planetaria cuando presumen como adolescentes del tamaño de sus botones nucleares como si fuera un videojuego. Cuidado: nadie ganaría en una guerra con cohetes atómicos. El columnista Nicholas Kristof, quien hace poco estuvo en Corea del Norte, citó un estudio de la Universidad de Stanford que asegura que un millón de personas podrían morir el primer día de la guerra.

Me resisto a creer que nuestras vidas dependan de los juegos mentales de Trump y Kim Jong-un.

Me resisto a creer que la suerte de 800,000 dreamers depende del Presidente más antiinmigrante que ha tenido Estados Unidos en más de 60 años. Si Trump y los republicanos -que controlan ambas Cámaras del Congreso- de verdad quisieran aprobar un Dream Act, ya lo hubieran hecho. Pero lo único que sabemos es que fue Trump quien terminó con el programa DACA el 5 de septiembre del 2017. No me trago el cuento de que la misma persona que tanto daño les ha hecho a los dreamers ahora quiera salvarlos y legalizarlos. (Al final, lo sé, los dreamers van a ganar).

Me resisto a creer que un Presidente que miente tanto como Trump tiene algún tipo de credibilidad y de fuerza moral para atacar a la prensa. Los diarios The New York Times y The Washington Post tienen largas listas con las mentiras de Trump. Desde Richard Nixon ningún Presidente había amenazado tanto la libertad de expresión como Trump.

Incluso sus seguidores saben que Trump exagera, manipula datos e inventa su propia realidad. Hagan el siguiente experimento: léanle cualquiera de los últimos tuits de Trump a un familiar, a un amigo o un colega del trabajo. Y vean su reacción. En muchas ocasiones la respuesta es una risa, una burla o franca incredulidad. Un Presidente que no cuenta con el respeto de la gente no puede gobernar bien. Además, un Presidente impopular y débil puede actuar de manera impredecible para tratar de recuperar el respeto de la gente.

No, los periodistas no somos los enemigos de la gente, como sugiere Trump. Nuestro trabajo es cuestionarlo a él y a todos los que tienen el poder. Y eso, por supuesto, no le gusta al Presidente. Ni modo. Cada mentira, cada comentario racista, cada ofensa y cada grosería será respondida con un dato, con una explicación bien investigada, con una opinión sensata y, sobre todo, con la verdad.

Me resisto a creer que las palabras no importan. Trump se burló de un periodista con discapacidades -del diario The New York Times-, descartó el trabajo de un juez -Gonzalo Curiel- solo por ser latino, les llamó criminales y violadores a los inmigrantes mexicanos, e hizo comentarios sexistas -en el video de Access Hollywood- y, hasta el momento, no ha pasado nada. Pero todo se paga. Esas palabras -gracias a las redes sociales- nunca desaparecen.

En resumen, me resisto a creer que un Presidente que juega a la guerra, que ataca a inmigrantes y periodistas, que miente frecuentemente, que niega el cambio climático solo porque hace frío en el invierno y que se burla de los más vulnerables, es lo más representativo de Estados Unidos. Por eso es preciso plantear nuevas alternativas.

La resistencia a Trump tiene que ser pacífica y democrática pero también decidida y efectiva. Todo gran cambio siempre comienza con un No. Pero no basta con oponerse a todo lo que diga o haga Trump. Es preciso proponer un camino distinto, civilizado e incluyente.

Sí, el 2018 debe ser el año de la resistencia.

Me rehúso a ser cómplice de Trump.

 
@jorgeramosnews
 
 
 
 

Es considerado uno de "los hispanos más influyentes de Estados Unidos" y es conductor del Noticiero Univision desde 1986. Ha ganado 9 premios Emmy y el prestigioso Maria Moors Cabot. Ha escrito 11 libros y su columna semanal la distribuye el New York Times Syndicate en todo el hemisferio. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana y una maestría en Relaciones Internacionales en la Universidad de Miami. Nació en Cd. de México y vive en Miami.

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