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AMLO ¿peligro para México?

Germán Martínez Cázares


Andrés Manuel López Obrador me invitó a ser candidato a Fiscal General de la República. Le agradezco públicamente y lo tomo como un honor.

Opino, escribo e impugno sus visiones económicas y sociales, formé parte del comité de campaña presidencial que lo venció en 2006 por unos cuantos votos; concedí entrevistas, arengué en mítines, repartí volantes, todo para que no llegara a Palacio Nacional, y presidí al PAN, su acérrimo rival, y sin embargo, me convocó.

La labor política exitosa genera confianza y toca las puertas primordialmente a indecisos o rivales, Andrés Manuel lo hizo conmigo; conversamos con su hijo y otros personajes, mi sensación de esas pláticas es de franqueza y "ganas de ganar". Quizá soy ingenuo después de nueve años fuera de la tarea política (en 2009 renuncié a la presidencia del PAN, y no he vuelto a ocupar cargos públicos). No percibí dobleces ni simulaciones, a cada pregunta volvía una respuesta amable, puntual, razonable. Recuerdo de mi primera entrevista: -"¿Por qué me invitan a mí?". -"Porque queremos gobernar... no dividir al país".

Hace tiempo cultivo mis dudas. Sigo a Unamuno con devoción, "la fe que no duda es fe muerta", y disfruto verme en ese desfiladero filosófico de mi existencia, me cuestiono el "¿por qué?" y "¿para qué?" de mis ideas políticas o religiosas. Mis lecturas, reflexiones y cátedras universitarias (una de ellas, por cierto, en el ITAM donde encuentro más simpatizantes de Morena de los que imaginé), son fuente inagotable de esas preguntas. Los fanatismos nacen en las convicciones sin interrogatorio, y el actual panorama político electoral es un mar de falsas certezas. Desconfío y rechazo a algunos personajes que rodean a Andrés Manuel; exactamente igual que a otros que militan o medran en mi partido y con máscaras de pureza intentan tapar rostros de inmundicia.

El gesto político, más que legal, de López Obrador de buscarme (perdón por la referencia personal; no es alarde, ni soy ejemplo para nadie), tiene algo hondo por resaltar: es un esfuerzo cívico de entendimiento, y quien sea el próximo Presidente necesitará reconciliar al país.

Advertí que creía en las instituciones de una democracia liberal, en el imperativo gubernamental de combatir al crimen con el poderío inteligente y legítimo del Estado, que el perdón sólo lo dan las víctimas, la amnistía las leyes y la culpabilidad la dictan los tribunales; aún así los de Morena insistieron. Su oferta fue auténtica. También señalo su acierto al no distinguir delincuentes: quieren persecución pareja a homicidas, secuestradores y también, por ejemplo, a los que hacen negociazos fuera de la ley, alrededor del nuevo aeropuerto de la CDMX o de cualquier obra pública amañada. Odebrecht reposa placenteramente. La convocatoria moral de López Obrador contra la corrupción es irrebatible. ¿El miedo a su Presidencia no es el pánico a perder privilegios para cosechar dinero al amparo del poder?

¿Me (nos) puede engañar? La respuesta sin duda es sí. Por eso debemos cuidar el sistema de límites, división y rendición de cuentas en el ejercicio de todos los poderes. Ojo. Si Andrés Manuel gana, tendría menos poder que Vicente Fox, del que fui su abogado y siento vergüenza haberlo llevado a la silla presidencial. Es incomparable el enorme sentido de la historia de México que tiene el tabasqueño, frente a la asnería del que sacó (y metió) al PRI de Los Pinos.

La democracia naufraga porque confía más en el dogma lanzado en Twitter que en la reflexión y debate de una "verdad probable". Algo hay de razón en "el otro". Sin un techo común nuestra competencia por el poder sólo es insulto y mentira. Queremos desaparecer al que cultiva otra preferencia, sea partidista, religiosa, sexual, etcétera. En medio de la baratija política de estribillos y frases huecas donde concordar y dar la mano al extraño es tomado con sospecha, López Obrador me invitó porque pienso distinto y no me puso condiciones. Me sorprendió la propuesta, habla más de su templanza que de mis merecimientos. No busco acomodo, ni lucimiento. Y porque pertenezco a un partido participo de sus decisiones, aunque cada día las comprenda menos... Por ahora seguiré -permítanme enunciar a Octavio Paz-, en el laberinto de mi soledad política, donde reina la duda, pero también la más bella e inmensa libertad.

 
 
 
 
 

Abogado. Estudió en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y en la Universidad Complutense en Madrid. Diputado Federal en dos ocasiones. Ex Secretario de la Función Pública. Ex Presidente Nacional del PAN. Catedrático del ITAM y la Universidad La Salle. Miembro de la Academia Mexicana de Jurisprudencia y Legislación. Compiló el pensamiento de Carlos Castillo Peraza, "El porvenir posible", Fondo de Cultura Económica.

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