Más de OPINIÓN
Recibe en tu email las próximas
columnas de Sergio González Rodríguez
1 mes
2 meses
3 meses

Los huesos del Norte

NOCHE Y DÍA / Sergio González Rodríguez


La novela negra en México ha tenido mayor fortuna como apuesta paródica del subgénero policial (en una línea que une a José Martínez de la Vega, Paco Ignacio Taibo, Élmer Mendoza, Bernardo Fernández Bef, et al.), que como relato en plan de pesquisa criminal-metafísica frente a las contradicciones de la realidad.

A la segunda línea se une ahora Vicente Alonso (1977) con su novela Huesos de San Lorenzo (Tusquets, 2015), quien ya ha ganado el Premio Nacional de Novela Policiaca con Partitura para mujer muerta (Random House Mondadori, 2008). El nuevo thriller del escritor nacido en Torreón, Coahuila, une varios relatos que anudan en la historia de dos hermanos gemelos y enemigos, y registra un contexto histórico-regional que se remonta a un siglo atrás.

Huesos de San Lorenzo tiene una riqueza de contenido bastante singular, ya que introduce el entorno de un prestidigitador de la legua, una niña Santa (al estilo de la Santa de Caborca del siglo 19), el tema de la falsificación pictórica, la vida en un internado de jesuitas, dos crímenes, la guerrilla revolucionaria de los años 70 del siglo anterior, la fundación de Los Mochis como utopía socialista por adherentes de Albert K. Owen y un psicólogo que funge como detective-narrador de la novela.

El recurso narrativo que emplea Vicente Alonso tiene un cariz retrospectivo, comprometido lo mismo con el relato criminal que con las mitologías de la región noroeste de México. Y si los entrecruzamientos de los distintos relatos demandan una lectura atenta, el resultado de ellos se centra en la dicotomía de los hermanos implicados en hechos criminales. Al nivel histórico de la novela se contrapone la crónica de actualidad desde la que investiga el psicólogo-detective-narrador, que en algún momento expresa: "No es fácil escribir este libro: avanzo mucho más lento de lo que quisiera, pues llenar cada cuartilla me obliga a dar un repaso a mi involuntaria participación en este drama.

Dicha "involuntaria participación tiene que ver con que un día uno de los gemelos acude a consulta con aquél, y lo implica en la trama transtemporal de la novela. El desplazamiento del narrador muestra el rango crítico que ésta comparte, la cual es narrada desde el punto de vista de quien no sabe de qué se trata en el fondo el relato del que habla (eso que podría yo llamar la matriz James, en memoria del gran escritor anglonorteamericano Henry James).

Tal rango ambiguo añade suspenso, datos, resonancias y conjeturas a Huesos de San Lorenzo, que a lo largo de la novela son esclarecidos, aunque al final Vicente Alfonso revela que aquello que le interesa es el tema de la imposibilidad de llegar a la verdad de lo acontecido, sobre todo, porque suele entrometerse el efecto Rashomón (en honor de película homónima de Akira Kurosawa de 1950, donde se cuenta el asesinato de un samurai a partir de cuatro testimonios).

Afirma Vicente Alonso: "¿Cómo se construyen los recuerdos? ¿Cambian, se acomodan, maduran con el tiempo? ¿O van borrándose como periódicos al sol? Pudiera ser que, a veces, los hechos vayan sedimentándose en la memoria como agua lodosa que al principio nos impide ver los que intuimos cerca. De cualquier forma, reconstruir un hecho a partir de varias fuentes es como rasurarse frente a un espejo roto: las versiones se contraponen en unos detalles y coinciden en otros.

Sin abandonar su raigambre cultural, Huesos de San Lorenzo explora un horizonte superior y de mayor complejidad que los relatos actuales sobre esa entidad literaria llamada "Norte de México, buena parte de ellos vinculados con la inmediatez cotidiana y coloquial. Vicente Alonso sabe de modo estupendo elevar la mira sobre el alcance de la novela negra en la literatura mexicana.

 
 
serglezr@mac.com / Twitter: @serglezr
 
 
 

Escritor y periodista que ha publicado diversos libros sobre temas literarios y culturales. Le interesa la crítica de cine y de otras expresiones artísticas. Columnista de Reforma, su trabajo en este diario le permitió abrir una investigación sobre narcotráfico, poder político y asesinatos contra mujeres en la frontera de México-EU, titulado Huesos en el desierto. Ha recibido el Premio Nacional de Periodismo Fernando Benítez (1995).

FOTOGALERIAS RELACIONADAS

GALERIA MULTIMEDIA RELACIONADAS

GRÁFICOS ANIMADOS RELACIONADOS

NOTAS RELACIONADAS