Cambiar para no cambiar

Luis Rubio


Los reformadores mexicanos me recuerdan a aquella famosa predicción del basquetbolista de los NY Knicks, Micheal "Sugar" Ray Richardson, de que su equipo era "un barco que se estaba hundiendo". Cuando un periodista le preguntó ¿qué tanto se podría hundir?, la respuesta fue "el cielo es el límite". Las contradicciones son inherentes a nuestro sistema de gobierno, diseñado para que todo cambie y que, al mismo tiempo, todo siga igual.

Desde los ochenta, el país se embarcó en un proceso de reforma con un objetivo público muy claro, pero con una agenda privada al lado.