Más allá del ridículo

Jesús Silva-Herzog Márquez


La cárcel habría de ser el lugar que registra el imperio irresistible del Estado. En la arquitectura de los castigos habría de mostrarse la plenitud de su monopolio. Al Estado corresponde ejercer un control absoluto y minucioso sobre lo que sucede entre los muros de una penitenciaría. Si afuera la privacidad otorga un permiso para el escondite y para el secreto, dentro de la prisión el poder estatal se impone implacable. El crimen fuera de la cárcel es entendible por la audacia del delincuente o la distracción de la autoridad.