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Agua o refresco



La mayor parte de la gente tiene una buena idea de lo que es sano -ejercicio frecuente, una dieta balanceada, evitar excesos-. Lo difícil no es saber qué hacer sino hacerlo

Pablo A. Peña
en REFORMA

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3 min 30 seg


Si hubiera olimpiadas de memes, los mexicanos ganaríamos el oro en las pruebas de velocidad. Apenas pasa algo y al instante se desborda la chacota. Un ejemplo reciente fue motivado por Cristiano Ronaldo. Si usted no se enteró, el futbolista portugués sugirió de manera espontánea en una rueda de prensa que es mejor tomar agua que refresco. Acto seguido, brotaron memes al por mayor.

El episodio hizo que se rumorara -sin fundamento- una caída del precio de las acciones de Coca-Cola. Aunque la actitud del atleta quedó para el anecdotario, no está claro que ídolos como Ronaldo puedan hacer mucho por promover hábitos saludables. La mayor parte de la gente tiene una buena idea de lo que es sano -ejercicio frecuente, una dieta balanceada, evitar excesos-. Lo difícil no es saber qué hacer. El problema es hacerlo.

Pareciera que tener un estilo de vida saludable es más bien un asunto de fuerza de voluntad. En los últimos años se ha popularizado la idea de que las habilidades de "carácter" o "suaves" como el autocontrol y la paciencia son cruciales para tener éxito en distintos ámbitos. Una de las autoridades en ese tema es la psicóloga Angela Duckworth, autora del libro Grit (que puede traducirse como "perseverancia") y cuyo TED Talk es uno de los más vistos.

Con esa idea en mente, su servidor y un grupo de médicos del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (hay que agarrar aire para decirlo de corridito) colaboramos con Duckworth para estudiar la perseverancia en pacientes diabéticos. Los resultados muestran que los pacientes más perseverantes controlan mejor la diabetes. Cabe resaltar que estos son pacientes que reciben tratamiento médico apropiado y que tienen la información que necesitan para apegarse a él. Sin embargo, aquellos con menor perseverancia tienden a controlar de peor manera su glucosa. Dado que la diabetes está alcanzando proporciones epidémicas, se han puesto opciones sobre la mesa más allá de tratar de cambiar el carácter de las personas.

Recientemente el gobierno federal ordenó que se pusieran octágonos negros advirtiendo los peligros de consumir productos empaquetados. Aunque hay que esperar para medir el efecto de esta medida, dudo que muchos se hayan sorprendido al ver que sus frituras favoritas tienen exceso de sodio y grasa.

La administración anterior tomó otra ruta y aplicó un impuesto para reducir el consumo de productos chatarra. De acuerdo con un estudio de mis colegas Arturo Aguilar, Emilio Gutiérrez y Enrique Seira en el Journal of Health Economics, esa medida no tuvo el efecto deseado. Si bien el consumo de productos gravados se redujo, también incrementó el consumo de otros productos. Al final, la gente terminó ingiriendo los mismos niveles de azúcar y mayores niveles de colesterol y grasas saturadas. Y ese no es el final. También hubo consecuencias no anticipadas.

En algunos lugares sin agua potable los refrescos son una alternativa relativamente más sana. Tomar refresco puede generar diabetes y otros problemas de largo plazo, pero tomar agua en esos lugares puede resultar en enfermedades gastrointestinales. Y eso es lo que ocurrió. En un estudio en The World Bank Economic Review, Emilio Gutiérrez y Adrián Rubli calcularon que el impuesto a los refrescos resultó en un incremento en las enfermedades gastrointestinales en las áreas sin agua potable. Por falta de agua limpia, el tiro salió por la culata.

No hay atajos informativos ni impositivos para cambiar comportamientos poco saludables arraigados. La clave está en fomentar las capacidades de autorregulación y perseverancia. Como esas capacidades se forman en el hogar desde una edad temprana, el balón -para usar una expresión futbolera- está en los botines de quienes somos padres de familia. Y hay que empezar poniendo el ejemplo. Ni modo.

 
El autor es Profesor de Economía, Universidad de Chicago.

@PabloPenaMunoz
 
 
 
 


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