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Critica Rivas el racismo

  • Beatriz Rivas presentará 'Jamás, nadie', su más reciente novela, en Casa Lamm y en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Foto: Hugo Balcázar
Yanireth Israde
Jamas, nadie, la más reciente novela de Beatriz Rivas, fue escrita entre la sorpresa, la indignación y el coraje por la masacre de chinos durante la Revolución Mexicana, un ominoso capítulo que la historia nacional suele suprimir.

Aunque alberga reconciliación y esperanza también, Rivas es implacable en el retrato de una sociedad que participó, durante mayo de 1911, en la matanza de 300 chinos, perpetrada en Torreón por soldados maderistas y por una población que, a río revuelto, atacó también a los extranjeros.

Pero no fue sólo la iracundia de los pobladores, que consideraban la dedicación y frugalidad de los chinos como una amenaza para sus fuentes de empleo: también las instituciones atizaron la masacre, expone Rivas en entrevista.

"Había impuestos especiales para ellos", ejemplifica, "había leyes que impedían que las mujeres mexicanas se casaran con chinos, y si lo hacían perdían la nacionalidad".

O campañas que insultaban públicamente a los chinos, por ejemplo con carteles colocados en los postes que mostraban a mexicanos vigorosos junto a chinos enclenques.

"Y decían: éstas son las enfermedades que nos pueden traer; se hablaba terrible de los chinos. No sólo los pobladores rechazaban los distintos, sino el Gobierno y las instituciones lo avalaron", dice la autora de Viento amargo y Dios se fue de viaje.

Paradójicamente, el Gobierno mexicano, por ejemplo, los destinó a construir vías férreas o para trabajar en el campo.

"A México le urgía mano de obra barata en una zona despoblada; el Gobierno no quería que volviera a pasar lo de Texas: enormes territorios abandonados, al lado de un vecino goloso y aprovechado. Si bien hubieran preferido recibir migrantes europeos, los que aceptaban el trabajo eran los asiáticos. Porfirio Díaz quería europeos para que nuestra raza se 'blanqueara'; así lo dice, pero los europeos blancos no querían venir a México", contrasta la también periodista.

Jamás, nadie, publicada por Alfaguara, relata mediante She Yan, el protagonista de la obra, cómo la violencia escaló para los chinos: desde las agresiones y robos en la calles, hasta las pedradas en sus tiendas o la contratación de golpeadores para que la clientela no se acercara a sus prósperos comercios.

"El hecho", escribe Rivas, "es que los chinos, que sumarían más de 600 en Torreón, vivían en paz, sin meterse con nadie. Conservando sus costumbres, solidarios con los suyos: apoyándose unos a otros a través de organizaciones como la Asociación Reformista.

Trabajadores Incansables. Vendiendo mercancías en carretas jaladas por caballos, como mano de obra en el campo, abriendo tiendas de abarrotes, lavanderías y restaurantes de su comida típica, los cafés de chinos, que cada vez conquistaban más el gusto de los coahuilenses por un mejor precio".

En esta novela publicada por Alfaguara, que se presenta el 8 de noviembre en Casa Lamm y el 26 en la FIL Guadalajara, resuenan muchas otras migraciones y prejuicios aún vigentes.

"Sobre todo es un libro que pretende poner en la mesa la intolerancia y el prejuicio que los mexicanos tenemos, no sólo con los extranjeros sino con nosotros mismos, con la gente de otra clase social, de otro color, de otro estado, o de otra religión; creo que somos un pueblo muy racista y muy clasista y no lo estamos reconociendo. No nos gusta vernos en el espejo".
Hora de publicación: 00:00 hrs.

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