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Sí hay opción de izquierda

  • López Obrador Foto: Carlos Ibarra
Gerardo Esquivel
Leí con sorpresa el encabezado de una entrevista que le hicieran al antropólogo y sociólogo Roger Bartra en el número anterior de la Revista R: "No hay opción de izquierda".

Según Bartra, en las próximas elecciones presidenciales en México sólo se podrá elegir entre tres variantes de la derecha. No sólo eso, sino que, de acuerdo al entrevistado, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) "es posiblemente el líder político más a la derecha en estos momentos". Esta interpretación de Bartra contrasta enormemente con el agitado debate que se da en todo el país en torno a las posiciones políticas de los distintos aspirantes a la Presidencia. En ese otro imaginario político, para algunos segmentos de la población AMLO es un prototípico representante de la izquierda radical y hay incluso quienes lo consideran "socialista" o "comunista". En cambio, para Bartra, AMLO promueve un "populismo conservador con influencias incluso hasta religiosas". Esta opinión se nutre de la idea de que AMLO no es suficientemente liberal y que su visión es "estatista" y fundada en un ideario basado en el "nacionalismo revolucionario". La visión de Bartra puede confrontarse al menos desde tres perspectivas: política, histórica y programática.

Desde la primera perspectiva, la pregunta clave es quién puede decidir cuál posición es o no de izquierda. Para ello, quizá sea útil recordar un escrito del propio Bartra: Lo que no pueden comprender los dinosaurios, publicado en noviembre de 1980 en la revista El Machete, que él atinadamente dirigía. Allí, Bartra y sus coautores escribieron: "Si hay algo que tiende a unificar a los que en la izquierda aún mantienen posiciones conservadoras u ortodoxas es su horror a la falta de una línea política pura y dura que se imponga desde arriba y unifique la viva y rica diversidad de criterios". Así, Bartra parece creer, como aquellos dinosaurios a los que combatía en 1980, que existe una sola izquierda. Más aún, cree que esa izquierda es precisamente la suya y sólo la suya. Parece creer, pues, que si otros no asumen su agenda o su visión de país (la cual, por cierto, ha cambiado sustancialmente de entonces a la fecha) no pueden calificar para ser de izquierda. Bartra se ha convertido en el cadenero de la izquierda: él decide quién entra y quién no a esa clasificación. Y, al hacerlo, olvida uno de los principios rectores que defendió cuando dirigió El Machete: la necesidad de confrontar esa visión autoritaria y de recordarles a los que sostenían dicha visión que la izquierda se alimenta de una "viva y rica diversidad de criterios". No hay una sola izquierda. La izquierda (o, mejor dicho, las izquierdas) en realidad siempre se ha definido a partir de una serie de principios básicos en donde prevalece la búsqueda por la equidad y la inclusión. Así, cualquier movimiento que promueva estos valores puede identificarse o autodescribirse como de izquierda.

Por otro lado, Bartra descarta a AMLO (y de paso al movimiento que representa) como un personaje de izquierda porque lo considera como alguien que pretende restaurar el "nacionalismo revolucionario" y que sostiene una "tradición política estatista". A Bartra le hace buena falta leer con detenimiento al destacado historiador mexicano Carlos Illades, quien ha analizado y documentado con esmero los orígenes históricos de la izquierda mexicana. Illades ha señalado en varios de sus trabajos, incluyendo al más reciente (El futuro es nuestro, Océano 2018), que históricamente la izquierda mexicana ha abrevado de tres grandes corrientes de pensamiento: la socialista, la nacionalista y la socialcristiana (sí, una vertiente incluso religiosa). A lo largo de la historia, estas tres corrientes han variado en importancia o relevancia en la hegemonía del pensamiento de izquierda en México, pero siempre han estado presentes de una u otra manera (aquí se incluye, por cierto, a las corrientes y movimientos que Bartra denomina como "infrarrealistas"). Así pues, descartar como de izquierda al movimiento lopezobradorista por el simple hecho de enarbolar una vertiente nacionalista es simplemente erróneo y va precisamente contra la historia de lo que podríamos llamar la izquierda realmente existente en México.

Con respecto al tema de la tradición política "estatista", queda por evaluar si esta crítica es realmente válida desde una perspectiva de izquierda, cuando es precisamente el rol del Estado el que divide más claramente a las posiciones de izquierda y derecha a la hora de discutir temas como pobreza, desigualdad y acceso a derechos tales como educación y salud. Sin duda, Reagan y Thatcher sonreirían en sus tumbas si vieran a gente que se considera de izquierda acusando a otros de sostener tradiciones políticas "estatistas".

Finalmente, es posible evaluar si existe o no una opción de izquierda en la boleta presidencial mexicana desde una perspectiva estrictamente programática. Para ello debe analizarse si en los diagnósticos realizados y en los programas propuestos existe una auténtica preocupación por lo que se conoce como "la cuestión social" o, más generalmente, por aspectos que permitirían fortalecer la inclusión económica, política y social.

Así, en el programa de la coalición Juntos Haremos Historia, que lleva por candidato precisamente a Andrés Manuel López Obrador, se puede ver que esta preocupación es precisamente el eje articulador de su propuesta de gobierno. Esto incluye desde la preocupación por la pérdida de bienestar económico de los trabajadores hasta las propuestas de solución (como incrementar de manera paulatina el valor del salario mínimo en términos reales, hasta lograr que éste alcance un nivel tal que el trabajador y un miembro de su familia estén por encima de los umbrales de pobreza). Esto también se observa en las propuestas de inversión en infraestructura y de un desarrollo regional más equilibrado que, al promover el crecimiento y desarrollo de la zona sur-sureste del país, permitirían combatir de manera efectiva la pobreza y reducir la desigualdad que ha prevalecido de manera histórica en esta región del país.

Lo mismo podría decirse sobre el diagnóstico de los problemas a los que se enfrenta la juventud en México y sobre la falta de oportunidades de estudio o de trabajo que afecta a tantos millones de ellos y que contribuyen a generar un caldo de cultivo propicio para su participación en conductas antisociales. En ese sentido, la propuesta de promover el regreso a los estudios de muchos de estos jóvenes o de promover su incorporación al mercado laboral mediante esquemas de tutoría deben sin duda ser considerados como políticas que promueven la equidad y la inclusión económica y social y, por ende, como políticas de izquierda que se contraponen de manera vigorosa a una visión del mundo que tiende a estigmatizar y a responsabilizar a los propios jóvenes de su situación personal.

Algo similar podría decirse de otros diagnósticos y propuestas relacionadas con el mundo del trabajo o con las causas y posibles soluciones al problema de la violencia, pero no es mi objetivo aquí hacer un análisis detallado de todos estos temas. En realidad, el objetivo de este escrito era mucho más simple y menos ambicioso. Sólo pretendía responder a la provocación lanzada por Roger Bartra en el sentido de si había o no una opción de izquierda en la boleta presidencial. Creo que afortunadamente sí la hay y que es una opción que pone en el corazón de su diagnóstico y de su propuesta el combate a los temas centrales de la llamada cuestión social: la pobreza, la desigualdad y la exclusión.

Yo, a diferencia de Bartra, soy bastante optimista con respecto al futuro de la izquierda en México. Creo, en consonancia con el título del libro de Carlos Illades antes mencionado, que el futuro es nuestro. Vamos por él.


El autor es economista. Profesor-investigador de El Colegio de México. Asesor económico de AMLO.
Hora de publicación: 00:00 hrs.

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