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Sirven tacos de cultura


Jorge Ricardo
Sirve quesadillas y huaraches, pone pepinos en la mesa, recoge las sobras, y cuando nota que es la hora de la entrevista, se seca las manos en su delantal rojo.
 
"¿Raúl Mejía? Yo soy, para servirle. Ando un poco apurado. Es que ya ve, aquí hacemos cultura, pero también trabajamos".

Es alto, flaco, casi siempre con la risa en la boca.Quienes llegan por primera vez a Tacos El Pollo, en la nave mayor del Mercado de la Merced, local mil 585, puerta 24, nunca imaginan que este taquero de 56 años regentea un centro cultural arriba de su negocio.

Mejía miraba a los niños de los "mercedarios", como llama a lo locatarios, perdiendo el tiempo en los callejones o vendiendo chicles, al alcance de la delincuencia. "Aquí los niños no nacen chillando, sino gritando 'pásele, pásele', o sea que ya nacen con el oficio de ser comerciantes, pero también nacen con el estigma de ser de La Merced y de estar rodeados de prostitución o delincuencia", dice.
 
¿Qué hacer? Mejía, con una carrera trunca en Derecho, pintó tres huacales de madera, los llenó de libros y los puso sobre un diablito, con un anuncio: "¡Hoy sí fío! Te presto un libro". Quedaba inaugurado el libro club rodante llamado "Al Diablo con los Libros". "Al principio me tiraban de a loco, pero yo ya sabía que la situación es muy difícil y que no vamos a cambiar las cosas de la noche a la mañana, pero íbamos sembrando una semillita. Estamos hablando de antes de 2013".
 
La madrugada del 27 de febrero de 2013 se incendió el mercado. Mil 200 locales fueron afectados. El fuego se detuvo en el límite de Tacos El Pollo. Hay quien dice que fue por un montón de jugos que estaban en la bodega. Otro saldo negativo fueron más niños echados a la calle que le pedían a Mejía un lugar para ocuparse.

Fue entonces cuando Mejía le propuso algo a su mamá, la señora Eva Rivera, de 78 años, fundadora de la taquería hace 33. Lo recuerda ella: "Me dijo que tenía una gran idea, y yo pensé que me iba a decir que abriéramos una cantina en el piso de arriba".

Pero no fue eso, sino el Centro Cultural Keren Tá Merced (Niños de La Merced en tzeltal), inaugurado el 27 de marzo de 2013 en 90 metros cuadrados de piso, donde unos 40 niños acuden a talleres de radio, estética, danza, psicología, fotografía, motor lab y a ver películas.
 
"Pudimos abrir una cantina, pero abrimos un centro cultural", dice el taquero. Hay sofás rosas, cuadros de boxeadores y cantantes, muñecos de cartón, fotografías, maquetas, y una ventana desde donde se ve el mercado quemado.

Los niños cuentan que antes de venir aquí vendían chicles o veían televisión y que ahora, en su taller de radio, graban con sus celulares comerciales como éste: "Pásele, pásele. Lectura al 2 x 1. Bara, bara. Bara, bara. Cultura para mejorar la raza..."

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Pero nada dura, y el Gobierno del DF comunicó a los locatarios entre las puertas 22 y 25 que la estructura del mercado está dañada y que van a ser desalojados. Los locatarios se resisten: "¿Qué garantías hay de que haya presupuesto y las obras se terminen?"
 
Mejía tiene otra preocupación: "¿Qué pasará con Keren Tá Merced?"

"Les hemos enseñado a los niños que la cultura y la educación también son opciones, ahora necesitamos que el gobierno respete y garantice que va a seguir abierto", dice Mejía, y luego mira por la ventana hacia la sección del mercado que a dos años no ha sido reabierto.

Cerca de la ventana hay un letrero que parafrasea a Ratatouille: "No cualquiera puede convertirse en un gran artista... Pero un artista puede venir de cualquier lado".

Hora de publicación: 00:00 hrs.

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