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Rockear en náhuatl

  • Juan Manuel lucha por la preservación de las lenguas originarias. Foto: Youtube
  • Thubini volvió a sus raíces a través de la música. Foto: Youtube
  • Niños y adolescentes son atraídos por el rap en maya de "Pat Boy". Foto: Cortesía: Pat Boy
  • "Zanate" convierte la música en una cápsula del tiempo. Foto: Cortesía: Lumaltok
Andro Aguilar
Hace siete años, era conocido como Arturo García García. Un joven con estudios en arquitectura del paisaje, que sólo hablaba castellano. Hoy se presenta como Thubini Mästöhö. Es políglota. Habla náhuatl, además de hñähñu y tu'un savi, conocidos coloquialmente como otomí y mixteco. Se dedica de lleno a la docencia, investigación e interpretación de lenguas originarias.

Su contacto con el hñähñu le brindó mucho más que una manera de comunicarse: le dio una identidad. Eligió su nuevo nombre después de aprender esa lengua y de haber vivido de forma intermitente con esa comunidad en el Valle del Mezquital, en Hidalgo, durante más de dos años.

Thubini, su nuevo nombre, significa "canto de espinas cerro de garambullo", que alude a un cactus y su fruto rojo, que ilumina la zona árida de la región del Mezquital.

Su vida se ha transformado a tal grado, que hoy asegura que no es mexicano. "Soy hñähñu", afirma.

Thubini Mästöhö nació y creció en el norte del Distrito Federal. Durante la mayor parte de su vida no tuvo una relación especial con las culturas indígenas -él prefiere llamarles originarias para alejarlas de la connotación histórica de marginación-, hasta que supo su ascendencia hñähñu.

Un día, con alrededor de 20 años de edad -pronto cumplirá 33- su madre le contó que su abuela hablaba una variante en el Estado de México de lo que él conocía como otomí, el hñätho.

La lengua de su abuela se perdió con la generación de su madre. Ni ella ni los tíos de Thubini recibieron la enseñanza de ese idioma y tampoco se interesaron en aprenderlo.

En 2008, Thubini comenzó a estudiar náhuatl y en 2011 conoció a unas personas de la comunidad hñähñu que le permitieron vivir con ellas por largas temporadas y accedieron a enseñarle su lengua materna. Desde entonces, es otra persona. Ahora su madre escucha de nuevo las palabras que la abuela pronunciaba años atrás.

En el Valle del Mezquital, Thubini aprendió que la realidad de los indígenas es distinta a lo que señalan los libros y la historia oficial. No todos los indígenas son amables ni viven en paz y felices.

Comprobó también que, aun cuando en el Valle del Mezquital la lengua originaria es muy vital, la gente es discriminada por hablar español con un acento derivado del hñähñu. Allá también él fue discriminado por ser mestizo.

La inserción que Thubini ha tenido en la cultura indígena es lo opuesto a lo que ocurre con las comunidades que fueron castellanizadas en la época de la Conquista y por convicción propia hoy en día. "Me he hñahñunizado. Me he tu'unsavizado, nahuatlizado", dice vestido con jeans -convencionales en la cultura occidental- y una camisa adornada con bordados que adquiere en el Mezquital y él mismo cose con hilo y aguja.

Thubini ha enseñado la lengua hñähñu en el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y esta semana comenzará a hacerlo en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Además de las tres lenguas que habla, ha estudiado chinanteco, tzeltal, tsotsil, mazateco, zapoteco, mazahua y mixe.

Con la intención de ayudar a preservar y difundir las lenguas originarias, Thubini y sus compañeros de la banda Xipe Vitan Jäi -nombre que contiene vocablos de las tres lenguas que Thubini domina- fusionan black metal con música de naciones originarias y cantan en náhuatl, hñähñu o tu'un savi. Usan también instrumentos prehispánicos.

El nombre de la banda significa "La gente de hoy, la gente del cambio".

Thubini también forma parte del Centro Cultural Casa de la Nación de la Lluvia (Ve'i Ñuu Savi), donde se imparten talleres de lenguas originarias, fotografía, cine, literatura. Explican también cuál es la cosmovisión de los pueblos indígenas con la intención de ser un espacio crítico de debate.

Con alumnos de la UACM, prepara la formación del Centro de Estudios de Lenguas y Culturas Originarias.

Cuando se le pregunta cuál es la situación actual de los pueblos indígenas en México, no duda en responder: "de terror".

Para mostrar que no exagera, enumera las más recientes concesiones mineras y construcciones en territorios de pueblos originarios sin su consentimiento, además de los abusos gubernamentales en esas comunidades: Ayotzinapa, Xochicuautla, Ostula, las mineras en Chiapas y en la Sierra norte de Puebla, el agua de los yaquis, el despojo del territorio sagrado de los wirárika en Wirikuta...

Para Thubini, el gobierno mexicano maneja un doble discurso respecto a los pueblos indígenas con la celebración de efemérides que no impactan positivamente en la realidad indígena: "usa una máscara".


Nieto de la comadronaPor sus antecedentes familiares, la probabilidad de que Juan Manuel Sánchez Martínez se convirtiera en músico era alta. Gran parte de sus parientes se han dedicado a esta actividad, casi todos como mariachis.

Aunque creció con canciones de Vicente Fernández y Antonio Aguilar de fondo, y su compositor favorito es José Alfredo Jiménez, Juan Manuel se inició en la música con trova y rupestre.

Hasta 1999 sólo cantaba en español. Pero la muerte de su abuela, doña Maura Martínez, detonó la formación del proyecto musical Rockercóatl, que fusiona ritmos derivados del rock con letras cantadas en náhuatl.

La abuela de Juan Manuel le enseñó los fundamentos de la lengua y la cultura náhuatl. Ella fue, por ejemplo, quien le contó que los miembros de su comunidad tienen una segunda casa llamada Tozitlatl, una estrella que es habitada por las personas que mueren y de la que vuelven cada 2 de noviembre, para visitar a sus seres queridos que dejaron en la Tierra.

Doña Maura era la comadrona de la comunidad, la encargada de asistir a las mujeres en los partos, una figura prehispánica con gran peso que persiste hasta ahora en algunas regiones del país. La mujer también limpiaba a sus vecinos con hierbas para alejar las energías negativas y les develaba sus males.

Juan Manuel bromea sobre si su abuela lo ayudó a salir del vientre de su madre: no recuerda, dice, pero es muy probable.

Cuando su abuela murió, el músico compuso por primera vez una canción en náhuatl, o "mexicano", como se conoce a esa lengua en la ranchería de donde proviene, en el municipio de Tlacotepec de Juárez, Puebla.

La canción se llama Silencio en Tepazolco porque su abuela fue una de las últimas ancianas hablantes de ese idioma que murieron en su ranchería.

El título alude a la falta de interés de las nuevas generaciones para expresarse en su lengua materna, explica Juan Manuel.

Pero el músico ha comprobado que la música ayuda a preservar su lengua. En sus conciertos la gente se le acerca y le pide las letras de las canciones, le cuestiona sobre los significados de las palabras.

"Dicen que cuando muere una lengua muere una cultura, eso es cierto", recuerda.

Al principio, Rockercóatl usaba instrumentos prehispánicos para intentar mostrar la capacidad melódica y la versatilidad del náhuatl. Pero cuando se dieron cuenta que esos instrumentos en las culturas prehispánicas tenían una relación casi divina, dejaron de utilizarlos.

En 2005, Juan Manuel creó un coro infantil en lengua originaria en San Miguel Canoa. El proyecto fue retomado en 2015 cuando el músico se percató de que los niños ya no hablaban en "mexicano" durante el recreo, como ocurría 10 años atrás.

En San Miguel Canoa, ya lograron que la escuela primaria fuera bilingüe y buscan hacer lo mismo en San Andrés Azumiatla.

De visita en la Ciudad de México, Juan Manuel viste una texana gris, chamarra de piel abierta que deja ver una playera referente al programa De tradición y nuevas rolas, con que la Dirección General de Culturas Populares del Conaculta aglutina a músicos indígenas que poseen proyectos distintos a la música tradicional con letras cantadas en sus lenguas maternas.

Lleva una hebilla con forma de hoja de mariguana y unas picudas botas vaqueras.

Por momentos, deja ver el tatuaje de su mano izquierda, un hongo con la palabra "cielo" en náhuatl, que se hizo después de visitar el poblado de María Sabina en Oaxaca.

Cuando se le pregunta qué es lo que más le enorgullece de ser indígena, Juan Manuel pide ser identificado como mexicano. Explica que esta nación es una mezcolanza en la que lo indígena es un elemento más. Si se quita el sombrero, argumenta, sería fácil confundirlo con cualquier habitante de la capital.

Sin embargo, considera que este país sería mejor si se retomara la esencia de algunas prácticas prehispánicas, como las mayordomías, un sistema en el que los más viejos y sabios son los que dirigen a la comunidad, sirviéndola y no sirviéndose de ella. "Es lo contrario a los políticos actuales", afirma.

"Es responsabilidad de todos retomar el pasado, para mejorar como pueblo o identificarnos como pueblo, para ser mejores en el futuro".


Zanate
El nombre con que está registrado es José Julián Hernández Gómez, pero él no duda en afirmar: "Mi nombre es Zanate".

En su tierra, los Altos de Chiapas, las familias acostumbran ponerse seudónimos que refieren a animales de la región. A la suya le corresponde el sanate y eso a él le gusta. Lo dice con orgullo. Le complace llevar el seudónimo de esa ave negra, parecida al cuervo, famosa por poseer "mil cantos".

El joven de 26 años se identifica con el ave que canta muchas melodías. "Es un simbolismo cabrón, yo soy músico y ese canto me identifica. Es lo que trato de hacer, cantar como sanate".

Julián, Zanate, busca emular al ave a través del rock y del blues. Es el vocalista y guitarrista de la banda tsotsil Lumaltok, creada en Zinacantán desde hace siete años.

Con una sonrisa, el joven cuenta que por hacer rock fueron estigmatizados como "adoradores del diablo" en su pueblo, debido a que algunas bandas tocaban versiones de canciones tradicionales sin consultar a los ancianos, quienes son los que tienen permiso de interpretar esas piezas. Pero Zanate asegura que todas las canciones que Lumaltok toca son originales.

"Esas rolas tradicionales tienen un sentido y un fin, tienes que saber la cosmovisión del pueblo para poder ser músico tradicional y tocar esa música. Yo no tengo ese privilegio. Soy un músico nada más. Canto en mi lengua y respeto mucho mi cultura y la música tradicional. Preferiría mantenerla pura como es. La música tradicional para mí es sagrada y prefiero conservarla".

Los integrantes de Lumaltok, "neblina" en tsotsil, cantan en su lengua materna, pero no pretenden que eso sea motivo de distinción con otros rockeros.

Para Julián, su vestimenta tradicional y su idioma son sólo características. Como cualquier otro rockero del mundo.

"Nunca he querido colgarme de la cultura. Hay mucha gente haciendo música en su propio idioma, en su propia cosmovisión. Soy uno más de ellos".

El vocalista, sin embargo, sabe que su música ayuda a preservar su lengua y con ello su cultura. Si los jóvenes de su generación se llegan a aburrir con la música tradicional, propone, pueden escuchar un disco de rock en tsotsil y experimentar una sensación similar.

Imagina que un disco suyo puede ser una cápsula en el tiempo para mostrar a alguien cómo era la lengua y cultura tsotsil si ésta llegara a desaparecer. Por momentos, reniega del flujo de información que llega a su pueblo con las nuevas tecnologías. Lamenta que muchas jóvenes en su comunidad se quieran parecer a la esposa del gobernador de su estado, o que los muchachos imiten a los actores de telenovelas.

"Hay información buena y mala. Ninguna cultura se puede quedar estancada. Tenemos que evolucionar. Nosotros evolucionamos de esta forma", reconoce mientras señala su guitarra.


Rimas en mayaLas primeras canciones que rapeó Jesús Cristóbal Pat Chable, hace una década, quedaron registradas en el programa de audio de Windows, que permitía sólo un minuto de grabación. Él era un estudiante de secundaria que emulaba con algunos amigos la música de bandas como Kinto Sol, Cartel de Santa y Molotov. Rapeaban en español. Experimentaban por pasatiempo.

Hoy, 10 años después, con el nombre de Pat Boy, Jesús se dedica a hacer rap en lengua maya, con lo que busca contribuir al rescate de su lengua y tradiciones.

El joven recuerda cuando a su comunidad, José María Pino Suárez, no llegaba música distinta a la local. No había señal para teléfonos celulares, ni internet. Los discos que lo influyeron fueron llevados por su hermano mayor desde la cabecera municipal, Carrillo Puerto, donde estudiaba bachillerato.

Con su hermano, el también rapero APC El aldeano, Jesús experimentó cómo rapear en maya, pero cuando lograron terminar una canción, su computadora se echó a perder.

En 2009, Jesús se nombró Pat Boy, con lo que conservó uno de sus apellidos, que significa "dar forma a algo nuevo".

Después de varios años de hacer rap en castellano, grabar un disco y de algunos empleos como vendedor de productos naturistas puerta por puerta o de mozo en la zona hotelera de Cancún, Pat Boy hizo en 2010 su primer disco como solista, en el que incluyó una canción en su lengua materna. Ahí comenzó a adentrarse en su cultura a través del rap.

La mamá de Pat Boy, cuenta el joven, está contenta de que haga música en su lengua. Así les puede entender más rápido, dice.

El joven ha involucrado a su familia en su proyecto musical. Su abuela y algunos de sus tíos y de sus tías aparecen en el video Día de Muertos, en el que él rima mientras ellos hacen sus actividades cotidianas en el fondo.

La abuela se alegra de que la gente de la calle identifique a su nieto. Le gusta también que refleje los elementos de su cultura en su música.

Al cantante, la música le ha servido para conocer elementos que ignoraba sobre su cultura. Para hacer una canción, se informa en libros o pregunta a los ancianos, quienes son los que más saben. Y lo que descubre le genera más orgullo.

"Mucha gente se avergüenza de su origen. Pero es que muchas veces no conocen su cultura. Al conocerla, les causará orgullo", dice.

Pat Boy reconoce que muchos de los jóvenes y niños no se acercan a su cultura, su lengua, debido al acoso del que son presas por parte de la población mestiza en las ciudades o en otros poblados ajenos.

Son quienes evitan hablar maya en público. Los abuelos no tienen ese problema.

En sus redes sociales recibe comentarios discriminatorios por su condición de indígena. Sin embargo, el joven celebra que haya un movimiento de rap en maya, en el que los jóvenes están revalorando su lengua.

Los niños y adolescentes que habitan las comunidades en las que va a cantar Pat Boy se emocionan de escuchar su lengua con los ritmos del rap
.
"Es una motivación de lo que ellos pueden hacer hablando maya", destaca.

El quinto encuentro De Tradición y nuevas rolas, de Conaculta, se lleva a cabo del 7 de agosto al 25 de septiembre, en 17 entidades. Programa: www.culturaspopulareseindigenas.gob.mx


Los indígenas en el México del siglo XXI
- Desde 1994, la ONU estableció el 9 de agosto como el Día Internacional de los Pueblos Indígenas.

- En México, las poblaciones indígenas padecen desnutrición, anemia, enfermedades intestinales, infecciones respiratorias, tuberculosis o cáncer cervicouterino. Enfermedades relacionadas con pobreza y desigualdad.

- 73.2 por ciento de los indígenas mexicanos viven en pobreza extrema, un concepto moderno inexistente en las cosmovisiones mesoamericanas.

- Sólo 7 de los 16 millones de personas que forman parte de un pueblo originario hablan su lengua materna.

- 64 de las 364 variantes lingüísticas que existen en el país podrían desaparecer, al ser habladas por menos de 100 personas.
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Andro Aguilar
(09 agosto 2015).-
  • Juan Manuel lucha por la preservación de las lenguas originarias. Foto: Youtube

  • Thubini volvió a sus raíces a través de la música. Foto: Youtube

  • Niños y adolescentes son atraídos por el rap en maya de "Pat Boy". Foto: Cortesía: Pat Boy

  • "Zanate" convierte la música en una cápsula del tiempo. Foto: Cortesía: Lumaltok

Hace siete años, era conocido como Arturo García García. Un joven con estudios en arquitectura del paisaje, que sólo hablaba castellano. Hoy se presenta como Thubini Mästöhö. Es políglota. Habla náhuatl, además de hñähñu y tu'un savi, conocidos coloquialmente como otomí y mixteco. Se dedica de lleno a la docencia, investigación e interpretación de lenguas originarias.

Su contacto con el hñähñu le brindó mucho más que una manera de comunicarse: le dio una identidad. Eligió su nuevo nombre después de aprender esa lengua y de haber vivido de forma intermitente con esa comunidad en el Valle del Mezquital, en Hidalgo, durante más de dos años.

Thubini, su nuevo nombre, significa "canto de espinas cerro de garambullo", que alude a un cactus y su fruto rojo, que ilumina la zona árida de la región del Mezquital.

Su vida se ha transformado a tal grado, que hoy asegura que no es mexicano. "Soy hñähñu", afirma.

Thubini Mästöhö nació y creció en el norte del Distrito Federal. Durante la mayor parte de su vida no tuvo una relación especial con las culturas indígenas -él prefiere llamarles originarias para alejarlas de la connotación histórica de marginación-, hasta que supo su ascendencia hñähñu.

Un día, con alrededor de 20 años de edad -pronto cumplirá 33- su madre le contó que su abuela hablaba una variante en el Estado de México de lo que él conocía como otomí, el hñätho.

La lengua de su abuela se perdió con la generación de su madre. Ni ella ni los tíos de Thubini recibieron la enseñanza de ese idioma y tampoco se interesaron en aprenderlo.

En 2008, Thubini comenzó a estudiar náhuatl y en 2011 conoció a unas personas de la comunidad hñähñu que le permitieron vivir con ellas por largas temporadas y accedieron a enseñarle su lengua materna. Desde entonces, es otra persona. Ahora su madre escucha de nuevo las palabras que la abuela pronunciaba años atrás.

En el Valle del Mezquital, Thubini aprendió que la realidad de los indígenas es distinta a lo que señalan los libros y la historia oficial. No todos los indígenas son amables ni viven en paz y felices.

Comprobó también que, aun cuando en el Valle del Mezquital la lengua originaria es muy vital, la gente es discriminada por hablar español con un acento derivado del hñähñu. Allá también él fue discriminado por ser mestizo.

La inserción que Thubini ha tenido en la cultura indígena es lo opuesto a lo que ocurre con las comunidades que fueron castellanizadas en la época de la Conquista y por convicción propia hoy en día. "Me he hñahñunizado. Me he tu'unsavizado, nahuatlizado", dice vestido con jeans -convencionales en la cultura occidental- y una camisa adornada con bordados que adquiere en el Mezquital y él mismo cose con hilo y aguja.

Thubini ha enseñado la lengua hñähñu en el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y esta semana comenzará a hacerlo en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Además de las tres lenguas que habla, ha estudiado chinanteco, tzeltal, tsotsil, mazateco, zapoteco, mazahua y mixe.

Con la intención de ayudar a preservar y difundir las lenguas originarias, Thubini y sus compañeros de la banda Xipe Vitan Jäi -nombre que contiene vocablos de las tres lenguas que Thubini domina- fusionan black metal con música de naciones originarias y cantan en náhuatl, hñähñu o tu'un savi. Usan también instrumentos prehispánicos.

El nombre de la banda significa "La gente de hoy, la gente del cambio".

Thubini también forma parte del Centro Cultural Casa de la Nación de la Lluvia (Ve'i Ñuu Savi), donde se imparten talleres de lenguas originarias, fotografía, cine, literatura. Explican también cuál es la cosmovisión de los pueblos indígenas con la intención de ser un espacio crítico de debate.

Con alumnos de la UACM, prepara la formación del Centro de Estudios de Lenguas y Culturas Originarias.

Cuando se le pregunta cuál es la situación actual de los pueblos indígenas en México, no duda en responder: "de terror".

Para mostrar que no exagera, enumera las más recientes concesiones mineras y construcciones en territorios de pueblos originarios sin su consentimiento, además de los abusos gubernamentales en esas comunidades: Ayotzinapa, Xochicuautla, Ostula, las mineras en Chiapas y en la Sierra norte de Puebla, el agua de los yaquis, el despojo del territorio sagrado de los wirárika en Wirikuta...

Para Thubini, el gobierno mexicano maneja un doble discurso respecto a los pueblos indígenas con la celebración de efemérides que no impactan positivamente en la realidad indígena: "usa una máscara".


Nieto de la comadronaPor sus antecedentes familiares, la probabilidad de que Juan Manuel Sánchez Martínez se convirtiera en músico era alta. Gran parte de sus parientes se han dedicado a esta actividad, casi todos como mariachis.

Aunque creció con canciones de Vicente Fernández y Antonio Aguilar de fondo, y su compositor favorito es José Alfredo Jiménez, Juan Manuel se inició en la música con trova y rupestre.

Hasta 1999 sólo cantaba en español. Pero la muerte de su abuela, doña Maura Martínez, detonó la formación del proyecto musical Rockercóatl, que fusiona ritmos derivados del rock con letras cantadas en náhuatl.

La abuela de Juan Manuel le enseñó los fundamentos de la lengua y la cultura náhuatl. Ella fue, por ejemplo, quien le contó que los miembros de su comunidad tienen una segunda casa llamada Tozitlatl, una estrella que es habitada por las personas que mueren y de la que vuelven cada 2 de noviembre, para visitar a sus seres queridos que dejaron en la Tierra.

Doña Maura era la comadrona de la comunidad, la encargada de asistir a las mujeres en los partos, una figura prehispánica con gran peso que persiste hasta ahora en algunas regiones del país. La mujer también limpiaba a sus vecinos con hierbas para alejar las energías negativas y les develaba sus males.

Juan Manuel bromea sobre si su abuela lo ayudó a salir del vientre de su madre: no recuerda, dice, pero es muy probable.

Cuando su abuela murió, el músico compuso por primera vez una canción en náhuatl, o "mexicano", como se conoce a esa lengua en la ranchería de donde proviene, en el municipio de Tlacotepec de Juárez, Puebla.

La canción se llama Silencio en Tepazolco porque su abuela fue una de las últimas ancianas hablantes de ese idioma que murieron en su ranchería.

El título alude a la falta de interés de las nuevas generaciones para expresarse en su lengua materna, explica Juan Manuel.

Pero el músico ha comprobado que la música ayuda a preservar su lengua. En sus conciertos la gente se le acerca y le pide las letras de las canciones, le cuestiona sobre los significados de las palabras.

"Dicen que cuando muere una lengua muere una cultura, eso es cierto", recuerda.

Al principio, Rockercóatl usaba instrumentos prehispánicos para intentar mostrar la capacidad melódica y la versatilidad del náhuatl. Pero cuando se dieron cuenta que esos instrumentos en las culturas prehispánicas tenían una relación casi divina, dejaron de utilizarlos.

En 2005, Juan Manuel creó un coro infantil en lengua originaria en San Miguel Canoa. El proyecto fue retomado en 2015 cuando el músico se percató de que los niños ya no hablaban en "mexicano" durante el recreo, como ocurría 10 años atrás.

En San Miguel Canoa, ya lograron que la escuela primaria fuera bilingüe y buscan hacer lo mismo en San Andrés Azumiatla.

De visita en la Ciudad de México, Juan Manuel viste una texana gris, chamarra de piel abierta que deja ver una playera referente al programa De tradición y nuevas rolas, con que la Dirección General de Culturas Populares del Conaculta aglutina a músicos indígenas que poseen proyectos distintos a la música tradicional con letras cantadas en sus lenguas maternas.

Lleva una hebilla con forma de hoja de mariguana y unas picudas botas vaqueras.

Por momentos, deja ver el tatuaje de su mano izquierda, un hongo con la palabra "cielo" en náhuatl, que se hizo después de visitar el poblado de María Sabina en Oaxaca.

Cuando se le pregunta qué es lo que más le enorgullece de ser indígena, Juan Manuel pide ser identificado como mexicano. Explica que esta nación es una mezcolanza en la que lo indígena es un elemento más. Si se quita el sombrero, argumenta, sería fácil confundirlo con cualquier habitante de la capital.

Sin embargo, considera que este país sería mejor si se retomara la esencia de algunas prácticas prehispánicas, como las mayordomías, un sistema en el que los más viejos y sabios son los que dirigen a la comunidad, sirviéndola y no sirviéndose de ella. "Es lo contrario a los políticos actuales", afirma.

"Es responsabilidad de todos retomar el pasado, para mejorar como pueblo o identificarnos como pueblo, para ser mejores en el futuro".


Zanate
El nombre con que está registrado es José Julián Hernández Gómez, pero él no duda en afirmar: "Mi nombre es Zanate".

En su tierra, los Altos de Chiapas, las familias acostumbran ponerse seudónimos que refieren a animales de la región. A la suya le corresponde el sanate y eso a él le gusta. Lo dice con orgullo. Le complace llevar el seudónimo de esa ave negra, parecida al cuervo, famosa por poseer "mil cantos".

El joven de 26 años se identifica con el ave que canta muchas melodías. "Es un simbolismo cabrón, yo soy músico y ese canto me identifica. Es lo que trato de hacer, cantar como sanate".

Julián, Zanate, busca emular al ave a través del rock y del blues. Es el vocalista y guitarrista de la banda tsotsil Lumaltok, creada en Zinacantán desde hace siete años.

Con una sonrisa, el joven cuenta que por hacer rock fueron estigmatizados como "adoradores del diablo" en su pueblo, debido a que algunas bandas tocaban versiones de canciones tradicionales sin consultar a los ancianos, quienes son los que tienen permiso de interpretar esas piezas. Pero Zanate asegura que todas las canciones que Lumaltok toca son originales.

"Esas rolas tradicionales tienen un sentido y un fin, tienes que saber la cosmovisión del pueblo para poder ser músico tradicional y tocar esa música. Yo no tengo ese privilegio. Soy un músico nada más. Canto en mi lengua y respeto mucho mi cultura y la música tradicional. Preferiría mantenerla pura como es. La música tradicional para mí es sagrada y prefiero conservarla".

Los integrantes de Lumaltok, "neblina" en tsotsil, cantan en su lengua materna, pero no pretenden que eso sea motivo de distinción con otros rockeros.

Para Julián, su vestimenta tradicional y su idioma son sólo características. Como cualquier otro rockero del mundo.

"Nunca he querido colgarme de la cultura. Hay mucha gente haciendo música en su propio idioma, en su propia cosmovisión. Soy uno más de ellos".

El vocalista, sin embargo, sabe que su música ayuda a preservar su lengua y con ello su cultura. Si los jóvenes de su generación se llegan a aburrir con la música tradicional, propone, pueden escuchar un disco de rock en tsotsil y experimentar una sensación similar.

Imagina que un disco suyo puede ser una cápsula en el tiempo para mostrar a alguien cómo era la lengua y cultura tsotsil si ésta llegara a desaparecer. Por momentos, reniega del flujo de información que llega a su pueblo con las nuevas tecnologías. Lamenta que muchas jóvenes en su comunidad se quieran parecer a la esposa del gobernador de su estado, o que los muchachos imiten a los actores de telenovelas.

"Hay información buena y mala. Ninguna cultura se puede quedar estancada. Tenemos que evolucionar. Nosotros evolucionamos de esta forma", reconoce mientras señala su guitarra.


Rimas en mayaLas primeras canciones que rapeó Jesús Cristóbal Pat Chable, hace una década, quedaron registradas en el programa de audio de Windows, que permitía sólo un minuto de grabación. Él era un estudiante de secundaria que emulaba con algunos amigos la música de bandas como Kinto Sol, Cartel de Santa y Molotov. Rapeaban en español. Experimentaban por pasatiempo.

Hoy, 10 años después, con el nombre de Pat Boy, Jesús se dedica a hacer rap en lengua maya, con lo que busca contribuir al rescate de su lengua y tradiciones.

El joven recuerda cuando a su comunidad, José María Pino Suárez, no llegaba música distinta a la local. No había señal para teléfonos celulares, ni internet. Los discos que lo influyeron fueron llevados por su hermano mayor desde la cabecera municipal, Carrillo Puerto, donde estudiaba bachillerato.

Con su hermano, el también rapero APC El aldeano, Jesús experimentó cómo rapear en maya, pero cuando lograron terminar una canción, su computadora se echó a perder.

En 2009, Jesús se nombró Pat Boy, con lo que conservó uno de sus apellidos, que significa "dar forma a algo nuevo".

Después de varios años de hacer rap en castellano, grabar un disco y de algunos empleos como vendedor de productos naturistas puerta por puerta o de mozo en la zona hotelera de Cancún, Pat Boy hizo en 2010 su primer disco como solista, en el que incluyó una canción en su lengua materna. Ahí comenzó a adentrarse en su cultura a través del rap.

La mamá de Pat Boy, cuenta el joven, está contenta de que haga música en su lengua. Así les puede entender más rápido, dice.

El joven ha involucrado a su familia en su proyecto musical. Su abuela y algunos de sus tíos y de sus tías aparecen en el video Día de Muertos, en el que él rima mientras ellos hacen sus actividades cotidianas en el fondo.

La abuela se alegra de que la gente de la calle identifique a su nieto. Le gusta también que refleje los elementos de su cultura en su música.

Al cantante, la música le ha servido para conocer elementos que ignoraba sobre su cultura. Para hacer una canción, se informa en libros o pregunta a los ancianos, quienes son los que más saben. Y lo que descubre le genera más orgullo.

"Mucha gente se avergüenza de su origen. Pero es que muchas veces no conocen su cultura. Al conocerla, les causará orgullo", dice.

Pat Boy reconoce que muchos de los jóvenes y niños no se acercan a su cultura, su lengua, debido al acoso del que son presas por parte de la población mestiza en las ciudades o en otros poblados ajenos.

Son quienes evitan hablar maya en público. Los abuelos no tienen ese problema.

En sus redes sociales recibe comentarios discriminatorios por su condición de indígena. Sin embargo, el joven celebra que haya un movimiento de rap en maya, en el que los jóvenes están revalorando su lengua.

Los niños y adolescentes que habitan las comunidades en las que va a cantar Pat Boy se emocionan de escuchar su lengua con los ritmos del rap
.
"Es una motivación de lo que ellos pueden hacer hablando maya", destaca.

El quinto encuentro De Tradición y nuevas rolas, de Conaculta, se lleva a cabo del 7 de agosto al 25 de septiembre, en 17 entidades. Programa: www.culturaspopulareseindigenas.gob.mx


Los indígenas en el México del siglo XXI
- Desde 1994, la ONU estableció el 9 de agosto como el Día Internacional de los Pueblos Indígenas.

- En México, las poblaciones indígenas padecen desnutrición, anemia, enfermedades intestinales, infecciones respiratorias, tuberculosis o cáncer cervicouterino. Enfermedades relacionadas con pobreza y desigualdad.

- 73.2 por ciento de los indígenas mexicanos viven en pobreza extrema, un concepto moderno inexistente en las cosmovisiones mesoamericanas.

- Sólo 7 de los 16 millones de personas que forman parte de un pueblo originario hablan su lengua materna.

- 64 de las 364 variantes lingüísticas que existen en el país podrían desaparecer, al ser habladas por menos de 100 personas.


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