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'Gracias, mi México lindo y querido'

  • Rosita Quintana, de ahora 90 años, trabajó al lado de famosos como Pedro Infante y Tin Tan. Foto: AMACC
Rosita Quintana
Nacida en Argentina, en 1926, y después nacionalizada mexicana, Rosita Quintana comparte de su puño y letra con Gente lo que representa para ella recibir este sábado el Ariel de Oro que otorga la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas.

A sus 90 años, la actriz y cantante, que desde hace poco más de una década se retiró de la actuación y la vida pública, rememora cómo salió adelante tras una accidente automovilístico en México (a mediados de los 60) que la dejó en coma varios días y por el que se ausentó un tiempo de los escenarios.

Recuerda cómo regresó y que ha tenido una vida plena y feliz, aunque ha pasado los últimos años en una silla de ruedas tras caerse de las escaleras de su casa.

He sido siempre una mujer muy coqueta y prefiero que la gente así me recuerde. Aunque el Premio a la Trayectoria que me dará la Academia Cinematográfica me hizo perder la vanidad y allí estaré, en el Auditorio, en mi silla de ruedas y con este silencio involuntario que casi no me permite emitir sonido.

Que curiosa la vida. Que curioso que una actriz que vivió prestándole su voz a muchos memorables personajes, se quede prácticamente en silencio.

Le cuento que mi corazón ha estado siempre dividido en dos. Amo Argentina, donde nací, y amo México, donde logré mis metas más soñadas. Canté ranchero y canté tangos. Pero será en méxico donde terminaré mi vida, y lo digo sin dramatismo porque ese es el final de todos, donde nos igualamos, donde no hay ricos ni pobres ni triunfadores ni fracasados. Quiero que le gente sepa que estoy en paz porque nunca le hice mal a nadie, al menos a sabiendas.

Cierro los ojos y recuerdo, siendo adolescente, mi debut en El Patio, hermoso lugar que recibiera a los grandes cantantes de muchas décadas. Los abro y ahí está aquel público generoso, como lo estuvo siempre, dándome su apoyo a través los años.

Trabajé en mi carrera con los más grandes actores de aquella bendita época del cine de oro mexicano. Recorrí el País de punta a punta y, cuando me preguntaban donde nací, siempre dije, graciosa y orgullosa: en Guasave.

Guardo premios de México, de Argentina, de Rusia, de San Sebastián ¡Qué hermoso es el calor de los aplausos cuando se entrega el alma ¡En mis películas hice mujeres buenas, malas, divertidas, sensuales, ingenuas, prostitutas, monjas y un largo etcétera, a las que siempre amé porque me ponía en su piel y dejaba de ser yo.

Alguna vez pensé escribir mis memorias, pero nunca lo hice. La vida como actriz la conocen. Mi vida personal es mía.

Me casé con un gran hombre, Sergio Kogan, quien al accidentarme gravemente en México me llevó a Buenos Aires para que me recuperara, ya que allí era una desconocida. Puso un teatro a mis pies y una obra maravillosa: My Fair Lady, que duró año y medio con localidades agotadas y que terminé porque ansiaba regresar a México.

Tuve un hijo, Nicolás, y una hija adoptiva, Paloma, a los que amo. Tengo nietos y biznietos. Tengo al público, a esos rostros desconocidos que aún en sus casas, frente al televisor, ven mis películas. Y soy feliz con mis amigos entrañables de toda la vida.

Y ahora, finalmente, tendré el Ariel a la Trayectoria Artística que me dará hoy la Academia.

Gracias, gracias siempre a mi México lindo y querido...
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Hallan 10 cadáveres en fosa de Tonalá
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Murió César Pelli, autor de las Petronas
Señalan opacidad en Pemex y CFE
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'Gracias, mi México lindo y querido'

Rosita Quintana
(28 mayo 2016).-
  • Rosita Quintana, de ahora 90 años, trabajó al lado de famosos como Pedro Infante y Tin Tan. Foto: AMACC

Nacida en Argentina, en 1926, y después nacionalizada mexicana, Rosita Quintana comparte de su puño y letra con Gente lo que representa para ella recibir este sábado el Ariel de Oro que otorga la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas.

A sus 90 años, la actriz y cantante, que desde hace poco más de una década se retiró de la actuación y la vida pública, rememora cómo salió adelante tras una accidente automovilístico en México (a mediados de los 60) que la dejó en coma varios días y por el que se ausentó un tiempo de los escenarios.

Recuerda cómo regresó y que ha tenido una vida plena y feliz, aunque ha pasado los últimos años en una silla de ruedas tras caerse de las escaleras de su casa.

He sido siempre una mujer muy coqueta y prefiero que la gente así me recuerde. Aunque el Premio a la Trayectoria que me dará la Academia Cinematográfica me hizo perder la vanidad y allí estaré, en el Auditorio, en mi silla de ruedas y con este silencio involuntario que casi no me permite emitir sonido.

Que curiosa la vida. Que curioso que una actriz que vivió prestándole su voz a muchos memorables personajes, se quede prácticamente en silencio.

Le cuento que mi corazón ha estado siempre dividido en dos. Amo Argentina, donde nací, y amo México, donde logré mis metas más soñadas. Canté ranchero y canté tangos. Pero será en méxico donde terminaré mi vida, y lo digo sin dramatismo porque ese es el final de todos, donde nos igualamos, donde no hay ricos ni pobres ni triunfadores ni fracasados. Quiero que le gente sepa que estoy en paz porque nunca le hice mal a nadie, al menos a sabiendas.

Cierro los ojos y recuerdo, siendo adolescente, mi debut en El Patio, hermoso lugar que recibiera a los grandes cantantes de muchas décadas. Los abro y ahí está aquel público generoso, como lo estuvo siempre, dándome su apoyo a través los años.

Trabajé en mi carrera con los más grandes actores de aquella bendita época del cine de oro mexicano. Recorrí el País de punta a punta y, cuando me preguntaban donde nací, siempre dije, graciosa y orgullosa: en Guasave.

Guardo premios de México, de Argentina, de Rusia, de San Sebastián ¡Qué hermoso es el calor de los aplausos cuando se entrega el alma ¡En mis películas hice mujeres buenas, malas, divertidas, sensuales, ingenuas, prostitutas, monjas y un largo etcétera, a las que siempre amé porque me ponía en su piel y dejaba de ser yo.

Alguna vez pensé escribir mis memorias, pero nunca lo hice. La vida como actriz la conocen. Mi vida personal es mía.

Me casé con un gran hombre, Sergio Kogan, quien al accidentarme gravemente en México me llevó a Buenos Aires para que me recuperara, ya que allí era una desconocida. Puso un teatro a mis pies y una obra maravillosa: My Fair Lady, que duró año y medio con localidades agotadas y que terminé porque ansiaba regresar a México.

Tuve un hijo, Nicolás, y una hija adoptiva, Paloma, a los que amo. Tengo nietos y biznietos. Tengo al público, a esos rostros desconocidos que aún en sus casas, frente al televisor, ven mis películas. Y soy feliz con mis amigos entrañables de toda la vida.

Y ahora, finalmente, tendré el Ariel a la Trayectoria Artística que me dará hoy la Academia.

Gracias, gracias siempre a mi México lindo y querido...


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