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Fallece el sismólogo Cinna Lomnitz


Diana Saavedra
El reconocido geofísico Cinna Lomnitz Aronsfrau falleció en la Ciudad de México, a los 90 años de edad.

Nacido en Colonia, Alemania, en 1925, criado entre Bélgica y Chile, Lomnitz Aronsfrau consideraba que el hecho de que un sismo de 8 grados no se haya presentado en el País es, hasta ahora, "cuestión de suerte".

A través de su cuenta de twitter, el Secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa, lamentó el deceso del investigador emérito de la UNAM.

"Cinna Lomnitz fue investigador emérito de @GeofisicaUNAM y Premio Nacional de Ciencias y Artes. Destaco sus aportaciones y lamento su deceso", se lee en su cuenta @rtovarydeteresa.

El doctor en Geofísica contribuyó a sentar las bases de la investigación sísmica al desarrollar el sistema de monitoreo RESMAC que operó en la Ciudad desde 1980 y desde su llegada a México, en 1968, prácticamente vio transformarse al país en en una nación diferente.

"México era otro país, hay que tomar en cuenta de que estamos hablando de un pasado remoto. Posiblemente era el primer individuo que traía un doctorado en sismología. No sólo eso, creo que era el primero de América Latina. Le está hablando un veterano", comento a REFORMA hace poco más de un año.

Ingeniero de formación, realizó sus primeros estudios en Chile, la maestría en suelos en la Universidad de Harvard y, posteriormente, sus estudios doctorales en el California Institute of Technology.

De hecho, trabajó dos años con el doctor Charlie Richter, creador de la escala de medición sísmica utilizada en la actualidad para medir la magnitud de los movimientos telúricos.

Al sismólogo le tocó vivir en Estados Unidos una época de cambios, con el surgimiento del movimiento estudiantil, el feminismo, el inicio del Rock, el uso de psicotrópicos e, inclusive, algunas prácticas que no prosperaron con el paso del tiempo.

"Fue una vivencia extraordinaria. En esa época se empezó a usar algo que después no cundió mucho, los bailes 'encuerados'. Se prestaban ciertas viviendas y los invitados tenían que ajustarse a modalidades muy interesantes. Por ejemplo, al bailar no era buena onda fijarse en lo que estaban haciendo las demás parejas. Era una mezcla de puritanismo con ideas muy avanzadas", narró en aquella ocasión entre risas el especialista.

En tanto, en México se gestaba el compromiso de fortalecer la planta académica, de hacer investigación en muchas áreas, entre ellas, la sismología, por lo que autoridades de la UNAM lo invitaron a trabajar con un sueldo similar al que percibía en la Universidad de California en Berkeley, donde tenía ya cuatro años.

Nuestro país tenía ya una tradición sismológica, rememoró. Porfirio Díaz creó, en 1906, el Servicio Sismológico Nacional, con los equipos más modernos de su tiempo. Fueron instalados en Tacubaya, en lo que es hoy el Museo de Geofísica de la UNAM.

En esa época el Instituto de Geofísica no contaba con un taller electrónico para construir este tipo de sistemas, así que Lomnitz apostó por integrarse al Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y Sistemas (IIMAS) donde existía la ambición de desarrollar tecnología digital con el apoyo del Conacyt.

"Nuestros técnicos iban al otro lado, y regresaban con los bolsillos llenos de transistores especiales que no se encontraban en el comercio. La verdad, era la única manera de construir un sistema avanzado de este tipo".

Veinte años después, Lomnitz regresó al Instituto de Geofísica y la red RESMAC sigue funcionando.

"Fue la primera red sísmica de telemetría. Anteriormente, cada estación debía tener su cuidador que enviaba los sismogramas a México, y los datos llegaban tarde, mal y nunca. RESMAC no tenía necesidades de personal en las torres, y la red de microondas llegaba a todo el país y teníamos excelente cobertura, recuerda. Pero el progreso tecnológico alcanzó a la red RESMAC, y los equipos que se usan hoy son mucho más avanzados (y más caros)", comentó.

Para 1985, el especialista viajó a Japón con la idea de crear en México un centro para la prevención de desastres. Un mes más tarde se produjo el sismo del 19 de septiembre con las consecuencias ya conocidas por muchos.

"Fue desastroso, se cayeron 400 edificios, todos en la zona del Lago. No se cayó nada en las Lomas, todo el daño estuvo concentrado en la antigua zona de la Laguna de México. Si usted va ahora a ver los edificios que se construyen en el corredor de Reforma verá que la mayoría son estructuras de acero. ¿Cuántos edificios de acero teníamos en el 85? Ninguno. Quiere decir que vivimos en otra Ciudad, en otro País. Pasaron 28 años y todo cambió", reflexionó.

Luego de la catástrofe, Lomnitz cambió de rumbo. Se dedicó exclusivamente a la investigación del sismo de 1985. Con el apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, estudió la propagación de ondas sísmicas en terrenos muy blandos.

Los datos eran pocos, porque los sismólogos solían colocar sus equipos de monitoreo en los suelos más duros posibles. Su Red de Texcoco comenzó a funcionar a finales de 1996 y para el siguiente año registró un sismo de magnitud 7.1 en la costa de Michoacán.

En 2014 ocurrió un sismo de magnitud de 7.4 en la Costa Grande de Guerrero, al sur de Zihuatanejo. No hubo daño en construcciones modernas pero el sismo fue seguido de réplicas y "sismos gemelos" con magnitud superior a 6.

Para el investigador, nacionalizado mexicano en 1990, a los que hay que temer son los megasismos: son los grandes malhechores de la familia sísmica, cpm magnitud 9, y de los que se han producido apenas cinco desde que existen los sismómetros.
Hora de publicación: 19:22 hrs.

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