Más de Reforma
Balean a ex Edil de Amacuzac, Morelos
Choca auto contra Trump Plaza en NY
Logra mezcla mexicana mejor nivel desde mayo
Padece sequía 66% del País
Catean domicilio por maltrato a perro
Pide México detener subasta en Francia
Viajaron Burillo y sus hijos en bote Protector
'Veta' Fayad empresas acusadas por AMLO
Urge OMS adoptar etiquetado claro en México
Inicia operación gasoducto Texas-Tuxpan
Revisará Segob alertas de género
Falta muchísimo en seguridad.- Sheinbaum
¿Quieres recibir en tu correo electrónico un resumen noticioso de la sección Revista R?
Solo por hoy
Por los siguientes 3 días
Durante una semana

Pacheco: escritor de imágenes

  • "La Bruja y El Espantapájaros", una obra original de Pacheco, narrada sólo con sus imágenes. Foto: Cortesía: Gabriel Pacheco


Andro Aguilar


Gabriel Pacheco es un escritor de imágenes preocupado por las palabras. Es uno de los ilustradores mexicanos más reconocidos por su trabajo. Desde hace un año, dirige la escuela más antigua de ilustración en Italia, Sármede. Y lleva una década interesado en teorizar sobre un oficio al que llegó por accidente.

En la segunda semana de agosto, Pacheco ofreció en la Ciudad de México dos conferencias, impartió un taller, participó en la presentación de una de sus más recientes obras, Arenas movedizas (FCE, 2014), y firmó a sus lectores decenas de libros ilustrados.


Rinoceronte
Gabriel Pacheco suele vestir camisas de manga larga recogidas hasta el codo; deja ver que en los antebrazos lleva un mismo elemento tatuado dos veces -un rinoceronte-, con sus principales herramientas: en el brazo derecho, con letra; en el izquierdo, con imagen.

La historia del rinoceronte en la vida de Pacheco comenzó en los 70, cuando era niño, en la azotea de la casa donde vivía con sus padres, sus cuatro hermanas y su hermano menor. Ahí, con cielos mucho más claros que los actuales, que permitían ver los volcanes que custodian el Valle de México, pasó horas completas como vigía por si alguno de sus amigos de la cuadra salía a la calle para jugar beisbol, futbol o "metita", con autopistas dibujadas con gis en las banquetas, sobre las que deslizaban pequeños automóviles de juguete.

Notas Relacionadas

Octavio Paz, azul y narrador
Gabriel Pacheco comparte su proceso creativo para ilustrar Arenas movedizas (FCE), que muestra su faceta de cuentista.

Paz por Gabriel Pacheco

Eso era lo que le apasionaba, dice, nada de dibujo o ilustración. Al llegar de la escuela, en la colonia Agrícola Oriental, corría a la calle a jugar, hasta que su mamá lo metía de las orejas.

Durante el tiempo que pasaba en la azotea, a la espera de que salieran sus amigos, la imaginación de Pacheco convertía los tinacos alargados de asbesto en un ejército de animales antiguos que él comandaba. Las bestias eran rinocerontes. Siempre le gustaron esos animales y, con el tiempo, se interesó en todo lo relacionado con ellos. Así, descubrió la historia de Alberto Durero y el grabado que hizo de un rinoceronte en el siglo XVI sin conocerlo, basado sólo en el texto descriptivo de un científico, lo que le significó un gran ejemplo de ilustración.

"Cuando lees un buen texto, tocas la vida. Puedes ver eso que no ves", explica Pacheco en entrevista.

En 2009, decidió escribir rinoceronte en su antebrazo derecho, con la tipografía usada cinco siglos atrás por el grabador alemán. Después, diseñó su propia imagen de un rinoceronte y le pidió a un amigo que se lo tatuara en el antebrazo izquierdo.

El tercer tatuaje que Pacheco tiene en el cuerpo es una frase que descubrió en un relato de Jorge Luis Borges: "Sin miedo". Ésta le sirve de recordatorio: "A veces, uno se siente medio extraño; entonces, se acuerda de las cosas como si fueran cicatrices".

Docente innovador
Gabriel Pacheco, miembro artístico del Sistema Nacional de Creadores de Arte en México, es director académico de la escuela internacional de ilustración de Sármede, que recibe 500 alumnos anualmente y por cuyas instalaciones ha transitado gran parte de los ilustradores de ese país.

Cada año, en esa escuela, 100 alumnos participan en talleres; 20 de ellos se enfocan en la ilustración.

Hasta 2015, los cursos y talleres ofrecidos tanto en Sármede como en otras escuelas de ese país transmitían la enseñanza de la ilustración a través de la experiencia estética o plástica de los instructores. Pero a partir de este año, bajo la dirección de Pacheco, esa escuela emprendió un nuevo proyecto en que la mayor parte de la preparación de los ilustradores es impartida por un grupo docente multidisciplinario, que no se enfoca sólo en el desarrollo técnico.

Como arranque del proyecto, el mexicano estructuró un grupo pequeño de estudiantes que trabajan directamente con cineastas, fotógrafos, filósofos, quienes buscan generar el debate del pensamiento sin enfocarse sólo en las técnicas de ilustración.

El curso incluye asignaturas como etimología de la imagen y la indagación de conceptos como la fenomenología. Los ilustradores deben acomodar esa información y utilizarla para emprender proyectos de ilustración.

Tres cuartas partes del tiempo de los alumnos no están dedicadas al trabajo con materiales y técnicas transicionales de la ilustración.

Entre los docentes que trabajarán con los alumnos están las ilustradoras Joanna Concejo, de Francia, y Linda Wolfsgruber, italiana ganadora del Premio Austriaco de Literatura Infantil y Juvenil. El mismo Pacheco trabajará con ellos para generar conceptos a partir de la instalación.

El proyecto ha sido bien recibido por los alumnos, que ya llenaron el cupo de inscripciones para el siguiente ciclo. Cada año, la matrícula se elevará con 10 alumnos más.


***


Cuando Gabriel Pacheco comenzó a ilustrar, trabajaba para una agencia en Estados Unidos, que le asignaba sólo historias latinas, por su país de origen. Se dio cuenta, después de platicar con un colega de la Guyana Francesa, que para esa empresa la nacionalidad de los ilustradores determinaba sus tareas.

Pacheco decidió usar ese empleo para juntar recursos que le permitieran enfocarse en proyectos de su interés. Pidió que le asignaran la ilustración de 10 libros, sin que apareciera su nombre.

Sacó el trabajo pronto. Con el dinero obtenido, realizó tres imágenes para el catálogo de la Feria del Libro Infantil y Juvenil del Distrito Federal y cinco para un concurso en Italia.

Ganó en ambos.

Desde entonces, ha ilustrado obras clásicas de la literatura y de autores como Edgar Allan Poe, Victor Hugo, Federico García Lorca, Francisco Hinojosa, Herman Melville, entre muchos otros. Sus obras han sido publicadas en Estados Unidos, España, Francia, Portugal, Italia, Rusia, Japón y Corea.

Su trabajo ha sido reconocido en países como Japón y España. Entre otros premios, recibió mención especial en la categoría New Horizons de los Bologna Ragazzim en 2009. Ganó el concurso Città de Chioggia, el premio CJPicture Book 2010, en la categoría de ilustración. También ha sido seleccionado en la feria de Bolonia, Ilustrarte de Portugal y Sármede, donde ahora es director académico.

Además de otros planes a corto y mediano plazo, actualmente Pacheco tiene un proyecto en el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), y se encarga del contenido de la escuela Sármede.

Cuando platica con jóvenes estudiantes de diseño e ilustración, les aconseja buscar una incomodidad que pueda fructificar, además de una estrategia. También les recomienda no consumir el trabajo de otros ilustradores.

"Disfruto la inteligencia de un ilustrador, de un creador. Pero el ilustrador come mucha ilustración. El ilustrador fagocitando al ilustrador se me hace terrible", indica.


Sus Carontes
Luis Gabriel Pacheco Marcos tiene diversos Carontes, como ese ser mitológico que ayuda a los muertos a cruzar el río a cambio de una moneda. Así denomina a sus maestros.

Los primeros fueron sus padres. Sus hermanas, su hermano. Después, los libros. Con el paso del tiempo, halló a autores de diversas disciplinas: los cineastas Theo Georgopolus y Andréi Tarkovsky, la bailarina Pina Bausch, y el nobel de literatura Octavio Paz, cuyo trabajo le ayudó a entender con mayor claridad la ilustración.

En 1994, Octavio Paz escribió una serie de poemas dedicados a cada una de las "cajas-collages" de su esposa, Marie José Paz, publicados con el título Figuras y figuraciones. Pacheco asegura que esa obra le ayudó a aclarar el papel de la ilustración y la relación de la palabra y la imagen.

"Cuando yo me preguntaba: ¿cómo hago ilustración?, la entendí con un ejercicio que hizo Octavio Paz con su esposa. Era una lectura literal de lo que hacía".

La otra Caronte es Pina Bausch.

"Antes de que Wim Wenders le hiciera su documental, tuve la oportunidad de conocerla cuando vino aquí al teatro a presentarse en México. Ese tipo de personas, con tanta inteligencia, me pasaron el río".

El tono de la ilustración se puede entender como surrealismo. Su inspiración parte de la sonoridad de las palabras y de las imágenes que brotan de las palabras.

En México y en el extranjero, su trabajo ha sido señalado por tener influencia de Leonora Carrington, pero él lo niega.

Un artista plástico mexicano que lo ha influido es Francisco Corzas Chávez (1936-1983), quien además escribía poesía.

"Es alguien que me impactó. Por supuesto, reconozco muchísimo a Tamayo. Se me hace un gran pensador, pero éste me deslumbró. Tiene pequeños escritos y pintura. Corzas tiene un pequeño pensamiento acerca de la paráfrasis. Si a mí me preguntan qué pintor me ha ayudado en mi memoria visual, fue este pintor, no Leonora Carrington".


10 de agosto: El método

Gabriel Pacheco está frente a una treintena de personas interesadas en conocer su método de ilustración. Se ve de buen humor. Bromea con su apellido. Lo asocia con su actitud.

Camina en medio de las mesas que forman un enorme rectángulo. Reconoce a alguien que tomó un taller con él cinco años atrás, quien se sorprende de la memoria de su maestro por dos días.

Pacheco no habla de ilustración, sino de proceso creativo.

Descontextualizar y resignificar.

El cuerpo no miente, dice a los talleristas, la mente sí. La ilustración, por lo tanto, debe trabajar con el nivel en que se mueve el cuerpo.

Divide ese proceso creativo en otras dos fases: la intuición, a priori, y la reflexión, a posteriori.

Muestra distintas imágenes en un proyector y cuestiona sin parar a los asistentes: "¿qué es?, ¿qué dice?, ¿qué leen?".

Cita a sus Carontes. Nombra a Paz, Georgopolus, Tarkovsky. Pide construir imágenes a partir de las palabras. Abrir y cerrar.

"Tarkovsky ya había dicho que existe una naturalidad en nosotros que él llama la yuxtaposición. Nosotros no podemos estar en silencio. Somos seres narrativos. Hay dos formas del silencio: Tacere y Silere. El Silere pertenece a la piedra. Nosotros a lo mucho tenemos el Tacere, de ahí taciturno, porque aunque estemos callados estamos pensando. En ese constante pensar. todo eso que vemos, se interpreta. Y dice Tarkovsky: 'yo pongo dos escenas en apariencia no relacionadas, pero si la tercera tiene que ver con la primera, estoy controlando el discurso, y el lector, eso que no sé, lo va a completar'. Es el oscilar en la imagen poética de Octavio Paz".

Es parte del método de Pacheco, donde la palabra escrita es fundamental.


12 de agosto: Pequeño rey

Después de la presentación del libro Arenas movedizas, 10 cuentos de Octavio Paz ilustrados por Gabriel Pacheco, a través de un espectáculo multidisciplinario, decenas de lectores hacen fila para obtener una firma del autor. Entre ellos se encuentra media docena de ex compañeros de su escuela primaria y del curso de quinto año de la maestra Evangelina Enríquez.

El grupo de ex alumnos se ha venido reuniendo de cuando en cuando para ponerse al día. Pero a Pacheco le habían perdido la pista por décadas, hasta que a través de las redes sociales supieron de su paradero, tomaron un café y, a la semana siguiente, acudieron a la presentación del libro.

La maestra Evangelina y sus ex alumnos llegaron después de media hora a la mesa donde Gabriel estampaba su firma, acompañada de un "pequeño rey", un personaje que creó mucho antes de dedicarse a la ilustración y que ahora acompaña cada uno de sus autógrafos.

Los ex alumnos y la maestra se retrataron como si fuera una fotografía escolar, tres décadas después. Entre ellos hay un odontólogo, una licenciada en administración, un laboratorista, una bailarina profesional y un célebre ilustrador de reconocimiento mundial.

La maestra dice que Gabriel mantiene la misma expresión que cuando era un niño. Ahora es un poco más delgado y desarrolló una habilidad que ella no pudo intuir cuando le dio clases en la Primaria Julio Jiménez Rueda.

Es más, insiste la maestra, Pacheco nunca participó en el programa de actividades artísticas que se llevaba a cabo en la escuela cada viernes después de las 11 de la mañana. El Gabriel de aquellos años era tranquilo, estudioso y bien portado, integrante de la escolta, pero sin características artísticas visibles.


* * *

Gabriel Pacheco se presenta no como un ilustrador, sino como una persona que hace ilustración. Aborda su oficio desde una formación académica distinta, la de escenógrafo teatral, que en algún momento de su vida le llevó a trabajar en telenovelas, hasta que la posibilidad de ilustrar libros se convirtió en una válvula de escape.

Siete años atrás, Pacheco definió la ilustración como "una escritura que se lee en silencio, que se dice en silencio, la escritura del silencio". Hoy, la ve como una forma de respirar en medio de un mundo vertiginoso. Y, si se tratara de buscar una definición más concreta, encuentra un símil con el agujero por el que Alicia ingresa al País de las Maravillas.

"Imagínate que todo este mundo nos canse, el trabajo, la angustia, todo ese tipo de cosas. La ilustración es un pequeño agujero. Es una de tantas formas donde nos construimos. Te conoces por lo que estás leyendo".

En la obra del ilustrador también aparece México, su país.

Su representación es un grupo de músicos viejos alrededor de un niño a quien cubren con un paraguas.

"La veo muy actual. Me encantó porque tiene un recuerdo personal. Yo viviendo en la Agrícola Oriental, los músicos de los pueblos cercanos llegaban a tocar. Era una sensación muy triste. Era surrealista. De repente, empezaba la música. Son orquestas de cinco o seis personas, con trombón y tambor: Son muy contundentes. Siento que sigue representando una pobreza, una miseria de todo tipo, no sólo económica. Pero también con la esperanza del niño, porque el niño es una esperanza: quién sabe si será un asaltante, un artista, pero ahí está el niño leyendo. Es eso, un niño que lee, que imagina, es una buena promesa. Posiblemente, algunos dirán: 'qué amargado, está muy deprimente', pero no, para nada, es muy positivo, es un niño que está leyendo. Es una oportunidad. Y es lo que nos hace falta en México: oportunidades y creer en la esperanza. Tener la esperanza de que aún sumidos en esta mierda vamos a salir adelante".

Una promesa...
Hora de publicación: 00:00 hrs.

FOTOGALERIAS RELACIONADAS

GALERIA MULTIMEDIA RELACIONADAS

Más de cultura

UN VISTAZO A LOS COMENTARIOS




En Portada
Balean a ex Edil de Amacuzac, Morelos
Choca auto contra Trump Plaza en NY
Logra mezcla mexicana mejor nivel desde mayo
Padece sequía 66% del País
Catean domicilio por maltrato a perro
Pide México detener subasta en Francia
Viajaron Burillo y sus hijos en bote Protector
'Veta' Fayad empresas acusadas por AMLO

Pacheco: escritor de imágenes

Andro Aguilar
(11 septiembre 2016).-
  • "La Bruja y El Espantapájaros", una obra original de Pacheco, narrada sólo con sus imágenes. Foto: Cortesía: Gabriel Pacheco



Gabriel Pacheco es un escritor de imágenes preocupado por las palabras. Es uno de los ilustradores mexicanos más reconocidos por su trabajo. Desde hace un año, dirige la escuela más antigua de ilustración en Italia, Sármede. Y lleva una década interesado en teorizar sobre un oficio al que llegó por accidente.


En la segunda semana de agosto, Pacheco ofreció en la Ciudad de México dos conferencias, impartió un taller, participó en la presentación de una de sus más recientes obras, Arenas movedizas (FCE, 2014), y firmó a sus lectores decenas de libros ilustrados.


Rinoceronte
Gabriel Pacheco suele vestir camisas de manga larga recogidas hasta el codo; deja ver que en los antebrazos lleva un mismo elemento tatuado dos veces -un rinoceronte-, con sus principales herramientas: en el brazo derecho, con letra; en el izquierdo, con imagen.

La historia del rinoceronte en la vida de Pacheco comenzó en los 70, cuando era niño, en la azotea de la casa donde vivía con sus padres, sus cuatro hermanas y su hermano menor. Ahí, con cielos mucho más claros que los actuales, que permitían ver los volcanes que custodian el Valle de México, pasó horas completas como vigía por si alguno de sus amigos de la cuadra salía a la calle para jugar beisbol, futbol o "metita", con autopistas dibujadas con gis en las banquetas, sobre las que deslizaban pequeños automóviles de juguete.

Eso era lo que le apasionaba, dice, nada de dibujo o ilustración. Al llegar de la escuela, en la colonia Agrícola Oriental, corría a la calle a jugar, hasta que su mamá lo metía de las orejas.

Durante el tiempo que pasaba en la azotea, a la espera de que salieran sus amigos, la imaginación de Pacheco convertía los tinacos alargados de asbesto en un ejército de animales antiguos que él comandaba. Las bestias eran rinocerontes. Siempre le gustaron esos animales y, con el tiempo, se interesó en todo lo relacionado con ellos. Así, descubrió la historia de Alberto Durero y el grabado que hizo de un rinoceronte en el siglo XVI sin conocerlo, basado sólo en el texto descriptivo de un científico, lo que le significó un gran ejemplo de ilustración.

"Cuando lees un buen texto, tocas la vida. Puedes ver eso que no ves", explica Pacheco en entrevista.

En 2009, decidió escribir rinoceronte en su antebrazo derecho, con la tipografía usada cinco siglos atrás por el grabador alemán. Después, diseñó su propia imagen de un rinoceronte y le pidió a un amigo que se lo tatuara en el antebrazo izquierdo.

El tercer tatuaje que Pacheco tiene en el cuerpo es una frase que descubrió en un relato de Jorge Luis Borges: "Sin miedo". Ésta le sirve de recordatorio: "A veces, uno se siente medio extraño; entonces, se acuerda de las cosas como si fueran cicatrices".

Docente innovador
Gabriel Pacheco, miembro artístico del Sistema Nacional de Creadores de Arte en México, es director académico de la escuela internacional de ilustración de Sármede, que recibe 500 alumnos anualmente y por cuyas instalaciones ha transitado gran parte de los ilustradores de ese país.

Cada año, en esa escuela, 100 alumnos participan en talleres; 20 de ellos se enfocan en la ilustración.

Hasta 2015, los cursos y talleres ofrecidos tanto en Sármede como en otras escuelas de ese país transmitían la enseñanza de la ilustración a través de la experiencia estética o plástica de los instructores. Pero a partir de este año, bajo la dirección de Pacheco, esa escuela emprendió un nuevo proyecto en que la mayor parte de la preparación de los ilustradores es impartida por un grupo docente multidisciplinario, que no se enfoca sólo en el desarrollo técnico.

Como arranque del proyecto, el mexicano estructuró un grupo pequeño de estudiantes que trabajan directamente con cineastas, fotógrafos, filósofos, quienes buscan generar el debate del pensamiento sin enfocarse sólo en las técnicas de ilustración.

El curso incluye asignaturas como etimología de la imagen y la indagación de conceptos como la fenomenología. Los ilustradores deben acomodar esa información y utilizarla para emprender proyectos de ilustración.

Tres cuartas partes del tiempo de los alumnos no están dedicadas al trabajo con materiales y técnicas transicionales de la ilustración.

Entre los docentes que trabajarán con los alumnos están las ilustradoras Joanna Concejo, de Francia, y Linda Wolfsgruber, italiana ganadora del Premio Austriaco de Literatura Infantil y Juvenil. El mismo Pacheco trabajará con ellos para generar conceptos a partir de la instalación.

El proyecto ha sido bien recibido por los alumnos, que ya llenaron el cupo de inscripciones para el siguiente ciclo. Cada año, la matrícula se elevará con 10 alumnos más.


***


Cuando Gabriel Pacheco comenzó a ilustrar, trabajaba para una agencia en Estados Unidos, que le asignaba sólo historias latinas, por su país de origen. Se dio cuenta, después de platicar con un colega de la Guyana Francesa, que para esa empresa la nacionalidad de los ilustradores determinaba sus tareas.

Pacheco decidió usar ese empleo para juntar recursos que le permitieran enfocarse en proyectos de su interés. Pidió que le asignaran la ilustración de 10 libros, sin que apareciera su nombre.

Sacó el trabajo pronto. Con el dinero obtenido, realizó tres imágenes para el catálogo de la Feria del Libro Infantil y Juvenil del Distrito Federal y cinco para un concurso en Italia.

Ganó en ambos.

Desde entonces, ha ilustrado obras clásicas de la literatura y de autores como Edgar Allan Poe, Victor Hugo, Federico García Lorca, Francisco Hinojosa, Herman Melville, entre muchos otros. Sus obras han sido publicadas en Estados Unidos, España, Francia, Portugal, Italia, Rusia, Japón y Corea.

Su trabajo ha sido reconocido en países como Japón y España. Entre otros premios, recibió mención especial en la categoría New Horizons de los Bologna Ragazzim en 2009. Ganó el concurso Città de Chioggia, el premio CJPicture Book 2010, en la categoría de ilustración. También ha sido seleccionado en la feria de Bolonia, Ilustrarte de Portugal y Sármede, donde ahora es director académico.

Además de otros planes a corto y mediano plazo, actualmente Pacheco tiene un proyecto en el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), y se encarga del contenido de la escuela Sármede.

Cuando platica con jóvenes estudiantes de diseño e ilustración, les aconseja buscar una incomodidad que pueda fructificar, además de una estrategia. También les recomienda no consumir el trabajo de otros ilustradores.

"Disfruto la inteligencia de un ilustrador, de un creador. Pero el ilustrador come mucha ilustración. El ilustrador fagocitando al ilustrador se me hace terrible", indica.


Sus Carontes
Luis Gabriel Pacheco Marcos tiene diversos Carontes, como ese ser mitológico que ayuda a los muertos a cruzar el río a cambio de una moneda. Así denomina a sus maestros.

Los primeros fueron sus padres. Sus hermanas, su hermano. Después, los libros. Con el paso del tiempo, halló a autores de diversas disciplinas: los cineastas Theo Georgopolus y Andréi Tarkovsky, la bailarina Pina Bausch, y el nobel de literatura Octavio Paz, cuyo trabajo le ayudó a entender con mayor claridad la ilustración.

En 1994, Octavio Paz escribió una serie de poemas dedicados a cada una de las "cajas-collages" de su esposa, Marie José Paz, publicados con el título Figuras y figuraciones. Pacheco asegura que esa obra le ayudó a aclarar el papel de la ilustración y la relación de la palabra y la imagen.

"Cuando yo me preguntaba: ¿cómo hago ilustración?, la entendí con un ejercicio que hizo Octavio Paz con su esposa. Era una lectura literal de lo que hacía".

La otra Caronte es Pina Bausch.

"Antes de que Wim Wenders le hiciera su documental, tuve la oportunidad de conocerla cuando vino aquí al teatro a presentarse en México. Ese tipo de personas, con tanta inteligencia, me pasaron el río".

El tono de la ilustración se puede entender como surrealismo. Su inspiración parte de la sonoridad de las palabras y de las imágenes que brotan de las palabras.

En México y en el extranjero, su trabajo ha sido señalado por tener influencia de Leonora Carrington, pero él lo niega.

Un artista plástico mexicano que lo ha influido es Francisco Corzas Chávez (1936-1983), quien además escribía poesía.

"Es alguien que me impactó. Por supuesto, reconozco muchísimo a Tamayo. Se me hace un gran pensador, pero éste me deslumbró. Tiene pequeños escritos y pintura. Corzas tiene un pequeño pensamiento acerca de la paráfrasis. Si a mí me preguntan qué pintor me ha ayudado en mi memoria visual, fue este pintor, no Leonora Carrington".


10 de agosto: El método

Gabriel Pacheco está frente a una treintena de personas interesadas en conocer su método de ilustración. Se ve de buen humor. Bromea con su apellido. Lo asocia con su actitud.

Camina en medio de las mesas que forman un enorme rectángulo. Reconoce a alguien que tomó un taller con él cinco años atrás, quien se sorprende de la memoria de su maestro por dos días.

Pacheco no habla de ilustración, sino de proceso creativo.

Descontextualizar y resignificar.

El cuerpo no miente, dice a los talleristas, la mente sí. La ilustración, por lo tanto, debe trabajar con el nivel en que se mueve el cuerpo.

Divide ese proceso creativo en otras dos fases: la intuición, a priori, y la reflexión, a posteriori.

Muestra distintas imágenes en un proyector y cuestiona sin parar a los asistentes: "¿qué es?, ¿qué dice?, ¿qué leen?".

Cita a sus Carontes. Nombra a Paz, Georgopolus, Tarkovsky. Pide construir imágenes a partir de las palabras. Abrir y cerrar.

"Tarkovsky ya había dicho que existe una naturalidad en nosotros que él llama la yuxtaposición. Nosotros no podemos estar en silencio. Somos seres narrativos. Hay dos formas del silencio: Tacere y Silere. El Silere pertenece a la piedra. Nosotros a lo mucho tenemos el Tacere, de ahí taciturno, porque aunque estemos callados estamos pensando. En ese constante pensar. todo eso que vemos, se interpreta. Y dice Tarkovsky: 'yo pongo dos escenas en apariencia no relacionadas, pero si la tercera tiene que ver con la primera, estoy controlando el discurso, y el lector, eso que no sé, lo va a completar'. Es el oscilar en la imagen poética de Octavio Paz".

Es parte del método de Pacheco, donde la palabra escrita es fundamental.


12 de agosto: Pequeño rey

Después de la presentación del libro Arenas movedizas, 10 cuentos de Octavio Paz ilustrados por Gabriel Pacheco, a través de un espectáculo multidisciplinario, decenas de lectores hacen fila para obtener una firma del autor. Entre ellos se encuentra media docena de ex compañeros de su escuela primaria y del curso de quinto año de la maestra Evangelina Enríquez.

El grupo de ex alumnos se ha venido reuniendo de cuando en cuando para ponerse al día. Pero a Pacheco le habían perdido la pista por décadas, hasta que a través de las redes sociales supieron de su paradero, tomaron un café y, a la semana siguiente, acudieron a la presentación del libro.

La maestra Evangelina y sus ex alumnos llegaron después de media hora a la mesa donde Gabriel estampaba su firma, acompañada de un "pequeño rey", un personaje que creó mucho antes de dedicarse a la ilustración y que ahora acompaña cada uno de sus autógrafos.

Los ex alumnos y la maestra se retrataron como si fuera una fotografía escolar, tres décadas después. Entre ellos hay un odontólogo, una licenciada en administración, un laboratorista, una bailarina profesional y un célebre ilustrador de reconocimiento mundial.

La maestra dice que Gabriel mantiene la misma expresión que cuando era un niño. Ahora es un poco más delgado y desarrolló una habilidad que ella no pudo intuir cuando le dio clases en la Primaria Julio Jiménez Rueda.

Es más, insiste la maestra, Pacheco nunca participó en el programa de actividades artísticas que se llevaba a cabo en la escuela cada viernes después de las 11 de la mañana. El Gabriel de aquellos años era tranquilo, estudioso y bien portado, integrante de la escolta, pero sin características artísticas visibles.


* * *

Gabriel Pacheco se presenta no como un ilustrador, sino como una persona que hace ilustración. Aborda su oficio desde una formación académica distinta, la de escenógrafo teatral, que en algún momento de su vida le llevó a trabajar en telenovelas, hasta que la posibilidad de ilustrar libros se convirtió en una válvula de escape.

Siete años atrás, Pacheco definió la ilustración como "una escritura que se lee en silencio, que se dice en silencio, la escritura del silencio". Hoy, la ve como una forma de respirar en medio de un mundo vertiginoso. Y, si se tratara de buscar una definición más concreta, encuentra un símil con el agujero por el que Alicia ingresa al País de las Maravillas.

"Imagínate que todo este mundo nos canse, el trabajo, la angustia, todo ese tipo de cosas. La ilustración es un pequeño agujero. Es una de tantas formas donde nos construimos. Te conoces por lo que estás leyendo".

En la obra del ilustrador también aparece México, su país.

Su representación es un grupo de músicos viejos alrededor de un niño a quien cubren con un paraguas.

"La veo muy actual. Me encantó porque tiene un recuerdo personal. Yo viviendo en la Agrícola Oriental, los músicos de los pueblos cercanos llegaban a tocar. Era una sensación muy triste. Era surrealista. De repente, empezaba la música. Son orquestas de cinco o seis personas, con trombón y tambor: Son muy contundentes. Siento que sigue representando una pobreza, una miseria de todo tipo, no sólo económica. Pero también con la esperanza del niño, porque el niño es una esperanza: quién sabe si será un asaltante, un artista, pero ahí está el niño leyendo. Es eso, un niño que lee, que imagina, es una buena promesa. Posiblemente, algunos dirán: 'qué amargado, está muy deprimente', pero no, para nada, es muy positivo, es un niño que está leyendo. Es una oportunidad. Y es lo que nos hace falta en México: oportunidades y creer en la esperanza. Tener la esperanza de que aún sumidos en esta mierda vamos a salir adelante".

Una promesa...


Hora de publicación: 00:00 hrs.

Notas Relacionadas

Contenido Extra