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TOLVANERA / Roberto Zamarripa
en REFORMA


Un Presidente acostumbrado al guión improvisa con una vulgaridad. Ningún Presidente se levanta pensando en cómo joder (sic) a México, dice sin rubor y sin petición al calce.

El político de la corrección pronuncia el término impropio. De perdone las molestias que esto le ocasiona a nadie quiere joder ni en defensa propia.

Una confesión involuntaria de la pesadilla. El presidente Enrique Peña revela la frustración. Nadie piensa en joder pero cómo me han jodido.

Entendible. Un sexenio sin remanso. Siembra vientos y recogerás tempestades. La cocina del caso Elba Esther Gordillo destrozó el Estado de derecho. Había que apresurar el expediente y con el golpe devino en descontrol. Los maestros, así genérico, se convirtieron en la némesis. ¿Por qué no das clases completas? Por una maldición de mi Madre, decían las criaturas en las calles y con las escuelas cerradas.

Jurídicamente el caso Elba no ha sido un caso sólido; políticamente ha sido un predicamento. Ella, la lideresa, era la más corrupta de todas las corruptas. El modelo que salía de circulación, que terminaba tras las rejas -bueno, en la enfermería del penal- como escarmiento para aquel que osara con robar en despoblado, se reprodujo a cada paso del Presidente. En los gobiernos locales, en los negocios emprendidos, en las oportunidades de las reformas aprobadas. Piensa, Oh Patria querida, que este gobierno, un corrupto en cada contrato te dio. Hinojosa por decir cualquiera o Humberto Moreira, Roberto Borge, Javier y César Duarte, Carlos Romero Deschamps, Joel Ayala, Víctor Flores, la lista interminable de la impunidad en la que el nombre de Gordillo solo ratificaba la selectividad del desquite.

La misma marca en Michoacán. Pactar con criminales para vestirlos de policías rurales. Las autodefensas como guardia pretoriana. Licencia para matar. Y quienes resistieron el proyecto de armar a criminales y de pedirles subordinación, seguidismo al gobierno, al igual que Gordillo les tocó algo de ierro: encierro, destierro o entierro.

Michoacán no tiene reparo. Los perseguidos de ayer, autodefensas toleradas después y ahora blanco móvil de la nueva generación criminal. Los que no aceptaron las reglas tácitamente, se jodieron.

Son los ejemplos del arranque del sexenio. Dijeron que domaban a los maestros y aquietaban Michoacán. Para que no siguieran jodiendo.

Con su dicho, el presidente Peña da por terminado el sexenio; en su despedida, duda. No me levanto para joder.

Hay un dejo de disculpa: perdón si es que te he faltado. Hay un halo de congoja: no eres tú, soy yo. Hay enojo. Hay frustración. No me jodan.

A la defensiva, agazapado, el Presidente ha decidido atrincherarse. Contrató un guardaespaldas para constituir una Fiscalía subordinada, amansada, ciega.

Más vale un compadre que un desmadre.

Prefiguró un tribunal electoral cómodo, amable, conservador para evitar estropicios en las urnas. Con una extraordinaria complicidad de los legisladores. Agachones, serviles, como diría el clásico, qué jodido.

Porque el sexenio es un torbellino. La búsqueda interminable de los desaparecidos; la deuda impagable de la casa del contratista; el tiradero dejado por la maldita visita de Donald Trump.

Joder. El sexenio de la arena movediza. Entre más patalean más se hunden.

El torbellino de los desastres. El presidente Peña venía por un legado y carga un acumulado. Sus reformas macro trastocaron en conflictos mega. Si se desaparecen personas, es en masa; si se roba, es en la cúspide; si hay un oso -Trump, amigo, Los Pinos están contigo- es internacional. Si lo sabe Hillary que lo sepa el mundo.

El torbellino no conmina al olvido. El problema del sexenio es la acumulación; la volatilidad del cambio instantáneo que modifica la agenda cada minuto no arrasa sino acomoda. No hay expediente cerrado; no hay quietud.

Por eso la angustia; las palabras inapropiadas para una despedida anticipada. México lindo y querido, que digan que estoy dormido... (todavía no me levanto, no me vayan a malinterpretar).

 
 
tolvanera06@yahoo.com.mx
 
 


ROBERTO ZAMARRIPA DE LA PEÑA.- Periodista. Egresado de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco. Ha sido reportero y editor. Cronista. Especializado en temas políticos. Es autor del libro "Sonora 91, Historia de políticos y policías". Crónicas suyas están incluidas en la antología "El Fin de la nostalgia" y "Enviados Especiales".
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