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Especulando con el especulador

COLABORADOR INVITADO / Luis Ernesto Derbez Bautista


La incertidumbre terminó. En su discurso inaugural, Trump dejó en claro que cumplirá sus amenazas de campaña. Para México ello representa el rechazo a nuestra situación comercial actual y la deportación de millones de nuestros compatriotas. Nos enfrentamos a un hombre que percibe una sola realidad, la suya. Solo si la aceptamos como propia nos considerará honestos y amigos. De no hacerlo seremos deshonestos y enemigos del gobierno que encabeza. Ante esta realidad, el gobierno mexicano ha decidido proceder bajo la creencia que Trump respetará los principios de reconocimiento de nuestra soberanía y respeto a nuestra dignidad. Una decisión que, aunque loable, parece destinada a un resultado negativo no previsto por el gobierno mexicano. Explico mis razones para esta afirmación.

Sin siquiera conocer su contenido, Trump repudió el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) negociado por el gobierno de Obama con 11 países, entre ellos México, justificando su rechazo en "el desastre que sería para su país". Ante esto, cualquier resultado de la renegociación del TLCAN que no revierta la pérdida de empleos que este tratado ha traído a su nación será inaceptable para Trump. Según sus palabras, México se ha beneficiado injustamente a costa de los trabajadores americanos y él se encargará de recuperar las pérdidas de empleos y producción para los Estados Unidos. En su mente, no existen condiciones para una renegociación que permita un ganar/ganar para los tres países participantes en el tratado. Por ello, asistir precipitadamente a una reunión presidencial como la programada para el 31 de enero próximo, conlleva el riesgo de que Trump repita con México el tratamiento dado a Mitt Romney, quien habiendo sido crítico feroz del candidato Trump, ingenuamente aceptó la invitación de éste como candidato al puesto de Secretario de Estado, para ser exhibido y humillado públicamente al ser rechazado finalmente por Trump. De manera similar, no es descabellado pensar que una vez iniciadas las renegociaciones, Estados Unidos rechace el TLCAN, demostrando con ello que lo más importante para Trump es ser reconocido como el defensor de los trabajadores americanos. En mi opinión, una estrategia superior sería obligar a Trump a mostrar sus cartas respecto al TLCAN, y dejar en claro que México está preparado para operar bajo las normas establecidas por la OMC. Esto permitirá minimizar el costo de un posible ridículo, al someternos a los deseos de una persona que evidentemente no opera bajo las reglas de la decencia, ni los valores de la honestidad.

Lo mismo ocurre con la negociación de migración. Aceptar como lo hemos hecho la propuesta de Trump del regreso de millones de indocumentados estableciendo como único principio que esta deportación sea ordenada y "justa", no solo es incorrecto, también desconoce el derecho de respetar su preferencia por permanecer en esa nación. En lugar de apropiar recursos para "generar empleos en México para nuestros repatriados", el gobierno y Congreso de México deberían estar aplicando esos recursos para reforzar nuestros Consulados en ese país, dotándoles de la capacidad requerida para defender legal y públicamente a nuestros compatriotas en los Estados Unidos, dando la batalla en favor de nuestros indocumentados en el país en el que desean seguir viviendo, protegidos de la discriminación y abuso a que les ha sometido su calidad de indocumentados como parte de la sociedad americana. Esta defensa protegerá verdaderamente a las familias de nuestros connacionales en los Estados Unidos y evitará el desmembramiento de las mismas, resultado que no será posible aceptando de manera pasiva "una repatriación ordenada de ellos".

De no actuar bajo estos principios, nuestra ingenuidad resultará en una solución que será peor que un enfrentamiento con dignidad ante un gobierno encabezado por quien no merece el reconocimiento de líder de la nación más poderosa del mundo.

 
 
El autor es rector de la Universidad de las Américas Puebla y ex secretario de Relaciones Exteriores.

 
 
 
 
 

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Especulando con el especulador

COLABORADOR INVITADO / Luis Ernesto Derbez Bautista


La incertidumbre terminó. En su discurso inaugural, Trump dejó en claro que cumplirá sus amenazas de campaña. Para México ello representa el rechazo a nuestra situación comercial actual y la deportación de millones de nuestros compatriotas. Nos enfrentamos a un hombre que percibe una sola realidad, la suya. Solo si la aceptamos como propia nos considerará honestos y amigos. De no hacerlo seremos

deshonestos y enemigos del gobierno que encabeza. Ante esta realidad, el gobierno mexicano ha decidido proceder bajo la creencia que Trump respetará los principios de reconocimiento de nuestra soberanía y respeto a nuestra dignidad. Una decisión que, aunque loable, parece destinada a un resultado negativo no previsto por el gobierno mexicano. Explico mis razones para esta afirmación.

Sin siquiera conocer su contenido, Trump repudió el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) negociado por el gobierno de Obama con 11 países, entre ellos México, justificando su rechazo en "el desastre que sería para su país". Ante esto, cualquier resultado de la renegociación del TLCAN que no revierta la pérdida de empleos que este tratado ha traído a su nación será inaceptable para Trump. Según sus palabras, México se ha beneficiado injustamente a costa de los trabajadores americanos y él se encargará de recuperar las pérdidas de empleos y producción para los Estados Unidos. En su mente, no existen condiciones para una renegociación que permita un ganar/ganar para los tres países participantes en el tratado. Por ello, asistir precipitadamente a una reunión presidencial como la programada para el 31 de enero próximo, conlleva el riesgo de que Trump repita con México el tratamiento dado a Mitt Romney, quien habiendo sido crítico feroz del candidato Trump, ingenuamente aceptó la invitación de éste como candidato al puesto de Secretario de Estado, para ser exhibido y humillado públicamente al ser rechazado finalmente por Trump. De manera similar, no es descabellado pensar que una vez iniciadas las renegociaciones, Estados Unidos rechace el TLCAN, demostrando con ello que lo más importante para Trump es ser reconocido como el defensor de los trabajadores americanos. En mi opinión, una estrategia superior sería obligar a Trump a mostrar sus cartas respecto al TLCAN, y dejar en claro que México está preparado para operar bajo las normas establecidas por la OMC. Esto permitirá minimizar el costo de un posible ridículo, al someternos a los deseos de una persona que evidentemente no opera bajo las reglas de la decencia, ni los valores de la honestidad.

Lo mismo ocurre con la negociación de migración. Aceptar como lo hemos hecho la propuesta de Trump del regreso de millones de indocumentados estableciendo como único principio que esta deportación sea ordenada y "justa", no solo es incorrecto, también desconoce el derecho de respetar su preferencia por permanecer en esa nación. En lugar de apropiar recursos para "generar empleos en México para nuestros repatriados", el gobierno y Congreso de México deberían estar aplicando esos recursos para reforzar nuestros Consulados en ese país, dotándoles de la capacidad requerida para defender legal y públicamente a nuestros compatriotas en los Estados Unidos, dando la batalla en favor de nuestros indocumentados en el país en el que desean seguir viviendo, protegidos de la discriminación y abuso a que les ha sometido su calidad de indocumentados como parte de la sociedad americana. Esta defensa protegerá verdaderamente a las familias de nuestros connacionales en los Estados Unidos y evitará el desmembramiento de las mismas, resultado que no será posible aceptando de manera pasiva "una repatriación ordenada de ellos".

De no actuar bajo estos principios, nuestra ingenuidad resultará en una solución que será peor que un enfrentamiento con dignidad ante un gobierno encabezado por quien no merece el reconocimiento de líder de la nación más poderosa del mundo.

 
 
El autor es rector de la Universidad de las Américas Puebla y ex secretario de Relaciones Exteriores.