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Trabajadoras del Hogar

HACERLO MEJOR / Verónica Baz


Se dice que "este sexenio ya se acabó". Pero hay medidas que solo requieren de voluntad política para llevarse a cabo y que tienen el potencial para impulsar el desarrollo y combatir la inequidad. Tal es el caso de la oportunidad que tiene el Gobierno federal para comenzar a mejorar las condiciones de las trabajadoras del hogar.

De acuerdo con datos del INEGI, son 2.4 millones de personas las que trabajan en el hogar. De estas, 9 de cada 10 son mujeres y llevan a cabo labores como aseo, preparación de alimentos, cuidado de niños y de adultos mayores. Pero las condiciones actuales de trabajo son bastante desfavorables para ellas.

Las trabajadoras del hogar generalmente tienen menos años de escolaridad que el promedio de la población. De acuerdo a Conapred, una de tres empezó a trabajar siendo menor de edad, más de la mitad no tiene aguinaldo y/o vacaciones, una de cada tres percibe menos de un salario mínimo, y casi ninguna tienen un contrato o seguridad social. Tener a tantas mujeres en estas condiciones es un lastre para el desarrollo del país y perpetúa la desigualdad que tanto nos aqueja.

Existen dos ángulos a este problema, el institucional y cultural. Con respecto al primero, a pesar de que trece países latinoamericanos ya ratificaron el Convenio 189 de la OIT que establece normas laborales para los trabajadores domésticos, México aún no lo hace. En México, la Ley Federal del Trabajo y la Ley del Seguro Social, excluye a las trabajadoras del hogar y les reconoce menos derechos que al resto. Adicionalmente, existen muchas dudas sobre cuánto presupuesto público se requiere para poder hacer estos cambios y quién debe cubrir el costo de mejorar las condiciones laborales.

Culturalmente hay enormes barreras a vencer. Por parte de las trabajadoras, muchas de ellas vienen de condiciones económicas muy desfavorables, esto las hace más adversas a organizarse y exigir mejores condiciones. A lo anterior se suma el que muchas de ellas son víctimas de violencia, tanto física como verbal, y sujetas de discriminación.

Pero ese no es todo el problema. La élite económica en México no quiere cambiar. Nadie cuestiona el tener jornadas laborales de 8 horas, aguilandos o vacaciones pagadas, pero cuando se trata de las trabajadoras del hogar hay incluso una enorme resistencia a hacer un contrato, o pagar el salario mínimo. Muchos hombres usan el pretexto de que prefieren no meterse a buscar mejoras en un tema que, por suceder en el hogar, consideran terreno de sus parejas.

Con respecto a los contratos, son pocos los empleadores que están dispuestos a firmar un contrato con acuerdos básicos y, por parte de las trabajadoras, a veces hay temor de no saber lo que se está firmando.

Muchas personas se quejan de la situación actual del país pero pocos son los que están, realmente dispuestos, a sacrificar su comodidad por empezar a trazar un país que funcione para todos y no solo para unos cuantos.

El 30 de marzo es el Día Internacional de las Trabajadoras del hogar. El Gobierno podría aprovechar esta coyuntura para avanzar una agenda de la cual estar orgullosos.

 
veronicaebaz@gmail.com
 
 
 
 

Verónica Baz es Directora del Centro de Investigación para el Desarrollo A.C.(CIDAC). Sus temas incluyen tendencias e innovación empresarial, y el vínculo de éstas con la sociedad y el conocimiento. También explora el fenómeno emprendedor y de oportunidades de negocios en México y el mundo. Es autora de Crecer a pesar de México. Estudió Ciencia Política en el ITAM y tiene Maestría en Negocios por la Universidad de Duke.

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