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Genaro Lozano
en REFORMA


El Estado de México es la joya del orgullo priista. La caja fuerte y la caja chica de las campañas del PRI. Un estado que está secuestrado por un solo partido político desde 1925, aunque para ser precisos desde 1945. Un mexiquense que hoy tenga 92 años ha visto gobernar al mismo partido toda su vida, lo mismo que una millennial de 22 años.

El Estado de México es la antesala para la elección presidencial del 2018. Una prueba de fuego para un PRI sumido en el ocaso de su regreso al poder. Desacreditado por la corrupción del viejo y del nuevo PRI, inefectivo en la instrumentación de sus reformas, confundido en la crisis de derechos humanos que se ha agravado, el PRI con Peña Nieto llega a la recta final del sexenio como un animal moribundo, pero aferrado a sobrevivir.

Un instinto de supervivencia que se ve en el reforzamiento del clientelismo con el que el PRI ha gobernado casi un siglo este estado. En las carreteras, en los pueblos mágicos y en las ciudades mexiquenses hay un derroche de publicidad electoral priista, de repente interrumpida por la propaganda albiazul del PAN, la amarilla con negro del PRD o la del Pantone 1805 C (color vino) de Morena. El rostro sonriente de Alfredo del Mazo domina las alturas y hasta donde el ojo vea.

Las alternativas a Del Mazo son muy buenas. El perredista Juan Zepeda ha demostrado ser un gran candidato, con dotes excepcionales para el debate, con una historia personal admirable y con la plataforma más progresista y completa de los contendientes. Sin embargo, Zepeda es el hombre correcto en el lugar equivocado. Tristemente el PRD es un partido herido de muerte y Zepeda parece el que menos posibilidades tiene para ganar la gubernatura. Un voto por él salvaría el registro del PRD, pero no ayudaría a llevar la alternancia.

Josefina Vázquez Mota tiene la trayectoria profesional más sólida de los contrincantes. Ella podría ser una gran gobernadora, pero sorprende que sus propuestas solo se reduzcan a dos rubros: seguridad y economía. De estos rubros, el dedicado a los feminicidios tiene una óptica conservadora y equivocada al referirse a todas las trabajadoras sexuales como víctimas de trata. Además, la panista no termina por aclarar las dudas en torno al dinero que recibió para su fundación y repite la tibieza de su campaña del 2012. Aun así, Josefina es mejor opción que Del Mazo.

Alfredo del Mazo es un mal candidato. Un hombre con la infraestructura partidista más aceitada para el acarreo y la movilización del voto, pero un candidato que pertenece a un partido que durante nueve décadas le ha quedado a deber a los mexiquenses. Un voto por él es una oportunidad desperdiciada para el cambio en ese estado.

Finalmente Delfina Gómez. Sus propuestas son más completas que las del PAN, ya que abarcan rubros de combate a corrupción, educación, seguridad, empleos, infraestructura, medio ambiente, agua, mujeres, austeridad, cultura y pueblos indígenas y aunque la plataforma perredista sea mucho más ambiciosa y completa, Delfina sí puede ganar la gubernatura. Las ausencias graves en su campaña son el abanderamiento de temas de derechos humanos, como las poblaciones LGBT, y el enorme contraste entre la preparación académica de Delfina -quien presume dos maestrías- y su incapacidad para demostrar con el uso del lenguaje esa educación. Con todas estas deficiencias, Delfina es la mejor opción para el Estado de México.

Si yo fuera elector en esta contienda, mi voto deseado sería por Zepeda, pero mi voto razonado sería por Josefina o por Delfina. Solo las dos mujeres en la contienda pueden traer la alternancia al Estado de México. Si las encuestas no cambian, Delfina tendría mi voto y mi exigencia para que incorpore las agendas que impulsó el PRD y que una nutrida generación de jóvenes pelea a contracorriente para insertar en Morena.

 
@genarolozano
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Politólogo por The New School for Social Research e Internacionalista por el ITAM. Profesor en la UIA desde el 2007 y en el ITAM (2005-2012). Coautor de varios libros académicos como Same Sex Marriage in Latin America: Promise and Resistance, La política exterior de México y ¿Qué es Estados Unidos? Analista político en CNN y el IMER. Conductor del programa Sin Filtro, en Televisa. Fue Subdirector de la Revista Foreign Affairs Latinoamérica.

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El Estado de México es la antesala para la elección presidencial del 2018. Una prueba de fuego para un PRI sumido en el ocaso de su regreso al poder. Desacreditado por la corrupción del viejo y del nuevo PRI, inefectivo en la instrumentación de sus reformas, confundido en la crisis de derechos humanos que se ha agravado, el PRI con Peña Nieto llega a la recta final del sexenio como un animal moribundo, pero aferrado a sobrevivir.

Un instinto de supervivencia que se ve en el reforzamiento del clientelismo con el que el PRI ha gobernado casi un siglo este estado. En las carreteras, en los pueblos mágicos y en las ciudades mexiquenses hay un derroche de publicidad electoral priista, de repente interrumpida por la propaganda albiazul del PAN, la amarilla con negro del PRD o la del Pantone 1805 C (color vino) de Morena. El rostro sonriente de Alfredo del Mazo domina las alturas y hasta donde el ojo vea.

Las alternativas a Del Mazo son muy buenas. El perredista Juan Zepeda ha demostrado ser un gran candidato, con dotes excepcionales para el debate, con una historia personal admirable y con la plataforma más progresista y completa de los contendientes. Sin embargo, Zepeda es el hombre correcto en el lugar equivocado. Tristemente el PRD es un partido herido de muerte y Zepeda parece el que menos posibilidades tiene para ganar la gubernatura. Un voto por él salvaría el registro del PRD, pero no ayudaría a llevar la alternancia.

Josefina Vázquez Mota tiene la trayectoria profesional más sólida de los contrincantes. Ella podría ser una gran gobernadora, pero sorprende que sus propuestas solo se reduzcan a dos rubros: seguridad y economía. De estos rubros, el dedicado a los feminicidios tiene una óptica conservadora y equivocada al referirse a todas las trabajadoras sexuales como víctimas de trata. Además, la panista no termina por aclarar las dudas en torno al dinero que recibió para su fundación y repite la tibieza de su campaña del 2012. Aun así, Josefina es mejor opción que Del Mazo.

Alfredo del Mazo es un mal candidato. Un hombre con la infraestructura partidista más aceitada para el acarreo y la movilización del voto, pero un candidato que pertenece a un partido que durante nueve décadas le ha quedado a deber a los mexiquenses. Un voto por él es una oportunidad desperdiciada para el cambio en ese estado.

Finalmente Delfina Gómez. Sus propuestas son más completas que las del PAN, ya que abarcan rubros de combate a corrupción, educación, seguridad, empleos, infraestructura, medio ambiente, agua, mujeres, austeridad, cultura y pueblos indígenas y aunque la plataforma perredista sea mucho más ambiciosa y completa, Delfina sí puede ganar la gubernatura. Las ausencias graves en su campaña son el abanderamiento de temas de derechos humanos, como las poblaciones LGBT, y el enorme contraste entre la preparación académica de Delfina -quien presume dos maestrías- y su incapacidad para demostrar con el uso del lenguaje esa educación. Con todas estas deficiencias, Delfina es la mejor opción para el Estado de México.

Si yo fuera elector en esta contienda, mi voto deseado sería por Zepeda, pero mi voto razonado sería por Josefina o por Delfina. Solo las dos mujeres en la contienda pueden traer la alternancia al Estado de México. Si las encuestas no cambian, Delfina tendría mi voto y mi exigencia para que incorpore las agendas que impulsó el PRD y que una nutrida generación de jóvenes pelea a contracorriente para insertar en Morena.

 
@genarolozano