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2018 y el financiamiento de campañas



IDEAS CON VALOR / Alejandro Legorreta
en REFORMA


"Con dinero baila el perro" -Frase popular mexicana
 
 
Tras una jornada electoral histórica que arrojó como saldo elecciones cerradísima en Coahuila y el Estado de México, la derrota estrepitosa de un gobierno carcomido por el narcotráfico en Nayarit y la profundización de la debacle priista en Veracruz, tenemos menos de tres meses para respirar profundo y recargar energías antes de que arranque formalmente el proceso electoral 2017-2018 el próximo 1 de septiembre.

Va un frasco de botones para dimensionar lo que nos espera en 2018. En lo que se antoja como un verdadero "súper domingo", se elegirán ocho gubernaturas y la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, 128 senadores, 500 diputados federales, 983 diputados locales, 1 mil 825 alcaldías con sistema de partidos y 417 alcaldías con sistema de usos y costumbres, además de la joya de la corona: la Presidencia de la República.

Un total de 3 mil 862 cargos de elección popular que podrían implicar una pasarela de hasta 35 mil candidatas y candidatos, que dispondrán de al menos 8 mil millones de pesos en financiamiento público fiscalizable (más siete u ocho veces ese monto en financiamiento público y privado no reportado), y que transmitirán más de 20 millones de spots de radio y televisión a través del tiempo correspondiente al Estado (30 minutos diarios de transmisión gratuita en todas las estaciones de radio y canales de televisión abierta).

Frente a tan impactantes cifras, cabe preguntarnos si nuestra democracia electoral está arrojando resultados proporcionales a la inversión de dinero, tiempo y recursos humanos que estamos haciendo. En concreto, ¿el retorno de inversión que obtenemos de cada peso de financiamiento público se está traduciendo en elecciones más confiables, representantes más cercanos, gobiernos más eficaces, instituciones más transparentes y mayor rendición de cuentas?

Sin duda hemos mejorado en la organización de las jornadas electorales (la instalación de casillas y el conteo de votos, esencialmente), pero la realidad es que todavía estamos muy lejos de contar con procesos confiables de principio a fin. Recordemos que las elecciones no sólo se ganan en la jornada comicial, sino también en los meses previos en que los candidatos buscan posicionarse en los medios, los gobiernos suelen repartir dádivas para consolidar clientelas y los ciudadanos evaluamos los errores y aciertos de los candidatos.

Querida lectora, querido lector, si a estas alturas la receta para empezar a curar a nuestra democracia electoral todavía no le parece obvia, se la comparto. La siguiente gran reforma electoral que nuestro país necesita -y que seguramente empezará a discutirse tan pronto termine el "súper domingo" de 2018- es una cirugía mayor al sistema de financiamiento de partidos políticos y campañas electorales, incluyendo el financiamiento en especie que se reparte a través de spots de radio y televisión.

Aunque todavía es muy temprano para profundizar en detalles o aspectos técnicos de una reforma tan compleja, ya estamos a tiempo de fijar criterios generales para discutirla. De entrada, necesitamos un sistema de financiamiento que coloque los derechos de los votantes, no los de los partidos, como los principales a tutelar y salvaguardar. Además, es probable que el paradigma de la equidad como principio rector del sistema de financiamiento esté rebasado, y que lo mejor sea transitar a un sistema que se rija por principios de mayor libertad y competencia. Por ejemplo, un sistema que como mínimo nos permitan identificar el costo real de una campaña.

También necesitamos un sistema que reconozca que hoy por hoy no existe campaña ganadora, sea el partido que sea, que no esté financiada por alguna fuente de dinero no reportado, y que cualquier reforma que no reconozca este problema estructural no será suficiente para incrementar (no se diga garantizar) la transparencia y rendición de cuentas de los gastos de campaña. Modificar topes de gastos o ajustar las fórmulas de financiamiento sin atacar la raíz del problema sería un llamado a extender la simulación y profundizar la mentira. Recordemos que como llegan al gobierno es como podrán gobernar, y que la mayoría de estos candidatos llegan repletos de compromisos de todo tipo.

Mientras tanto, preparémonos para 10 meses extenuantes; para el proceso electoral más grande y costoso en la historia de México. ¡Que nos agarren confesados!

 
El autor es Presidente de Opciona , A.C
 
Twitter: @a_legorreta
 
contacto@opciona.mx
 
 
 
 
 
 


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