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Apostolados

La Ópera de Bellas Artes podría aprender del Festival Cultural de Mazatlán

SOTTO VOCE / Lázaro Azar


A Dima, in memoriam
 
A partir de hoy, esta columna cambia de viernes a sábado, dándome la pauta para compartirles mi respeto por quienes abrazando con pasión su vínculo con la Música, han transitado por el tiempo contagiando su entusiasmo y sembrando un ejemplo que, ojalá, cunda entre aquellos funcionarios "culturales" que detentan cargos sin compromiso alguno.

De entrada, va mi reconocimiento a la Academia Juan Sebastián Bach de la Ciudad de México, que el sábado 18 celebró con un concierto los 110 años de que fuera fundada por el Maestro Carlos del Castillo, uno de nuestros compositores más injustamente relegados y quien, a su muerte hace seis décadas, legó la dirección su nieta, la incansable María Luisa Rasgado, quien será recordada por el amor a la Música que ha sabido insuflar en cuantos conforman esa numerosísima familia gestada en el seno de esta Academia.

Durante aquel concierto, íntegramente dedicado a Bach, fui testigo de que hace más quien quiere, que quien tiene la mesa puesta. Como la Ópera de Bellas Artes, que recién "postergó" las dos funcioncitas de El Murciélago con que pretendían cerrar un año que, si llega a ser recordado, será por su escasa actividad y la pobreza de sus resultados.

Ante tan desolador panorama, qué bueno que vine al Festival Cultural de Mazatlán, que este miércoles 23 presentó la primera de dos funciones de una ópera que, pese a lo choteado del título, salió tan bien lograda que ha valido la pena el viaje: la manidísima Carmen de Bizet, de la cual desconocía el elenco y quién sería el regista.

Lo único que sabía es que el concertador era Enrique Patrón de Rueda, lo cual es más que una garantía y que, siendo en este estado, tendrían el lujo de contar en el foso con la Orquesta Sinfónica Sinaloa de la Artes, a la cual quería volver a oír antes de que pierda la solvencia alcanzada con Gordon Campbell, su ex titular.

Sabrá Dios cómo, pero quien ahora detenta la dirección artística de la OSSLA es un pegachicles al que han corrido de todos lados por no dar el ancho y cuyo único mérito es cargar con las fotos que se tomó con Boulez y que ya mejor debería enmicar... en fin, ya ven que nunca falta un incauto.

Volviendo a la Carmen, la dirección de escena fue confiada a Ragnar Conde y temí que vería una reposición del montaje que realizó hará unos años en Guadalajara. Cuán distinta resultó su actual propuesta: además de un trazo impecable, atinado manejo de las afinadas y muy entusiastas masas corales y el admirable delineado de cada personaje, su trabajo fue enriquecido con el vistoso vestuario de Elisa Espinoza y la escenografía discreta y funcional de Jorge González Neri. Eso sí: lo mejor de todo fue la iluminación de Antonio Serratos, arropando poética y magistralmente la trama, ¡bravo por él!

Aún cuando Audrey Babcock fue una Carmen muy guapa y cabrona, musicalmente "se la almorzó" la Micaela encarnada por Maija Kovalevska. Mariano Fernández brindó un correcto Escamillo y José Ortega libró un Don José al que constantemente le padecimos una molesta "flemita" pero, aquí, lo más importante fue el total: una puesta comme il faut, sin mafufadas de sus "creativos" y en donde el mérito para elegir al elenco fue la afinidad vocal y no la conveniencia personal ante la posibilidad de algún intercambio.

Ojalá y algo aprendan quienes inexplicablemente mantienen en su cargo a la señorita que está al frente de la Ópera de Bellas Artes; aunque, para ello, primero necesitamos funcionarios que más que ver en su cargo una mera chambita para cobrar su quincena, sean figuras comprometidas como Enrique Patrón de Rueda o María Luisa Rasgado, que han hecho de su pasión, un apostolado.

 
azarboldo@prodigy.net.mx
 
 
 

Colaborador desde hace 10 años de Reforma. Su pasión es la buena música, "no es necesario que sea clásica ni popular". Estudió música y comunicación. Es presidente de la Unión Mexicana de Cronistas de Teatro y Música. También es productor discográfico; fundó el sello Clásicos Mexicanos, el cual recibió la primera nominacion para México de un Grammy Clásico, y es el único que ha tocado las tres sonatas de Brahms en Bellas Artes, en 1997.

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