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¿Dónde está la izquierda?



Roger Bartra
en REFORMA


Muchos se preguntan si ha desaparecido la izquierda en México. Me parece que la izquierda mexicana ha quedado sepultada bajo el peso de sus torpezas y sus incoherencias. Podemos no obstante descubrir sus restos en tres espacios políticos: en el PRD, su lugar tradicional; en los intersticios de Morena; y en las franjas infrarrealistas. La izquierda con una vocación reformista y socialdemócrata sobrevive con dificultad en el PRD y se ha adherido a un Frente con el poderoso partido de la derecha democrática, el PAN. Todavía es pronto para comprobar si estos sectores reformistas logran filtrar propuestas de izquierda en el programa del Frente y de su candidato presidencial, Ricardo Anaya. Hay el peligro de que la alianza con el PAN y el Movimiento Ciudadano se reduzca a una operación de salvamento burocrático de un partido herido por las escisiones. El PRD está compuesto de tribus enfrentadas; algunas de ellas son poco más que grupos oportunistas con poca sustancia política. Sin embargo, en el laberinto de sus querellas internas se alcanzan a percibir los destellos de una izquierda moderna.

Otro sector de la izquierda ha quedado aplastado por el abrumador conservadurismo de López Obrador. Desde hace años he explicado que este líder populista es un conservador que no tiene nada de izquierda. Y hoy se ha vuelto francamente reaccionario. En su partido ya casi no se perciben los signos vitales de la izquierda. Predomina allí un espíritu restaurador que sueña con volver al priismo de los años sesenta y setenta. El programa lo dicta el empresario Alfonso Romo, un multimillonario oportunista. En 2009, en un artículo donde me preguntaba si la izquierda estaba en peligro de extinción, escribí lo siguiente: "López Obrador fabricó una mezcla incongruente que acabó en un coctel fatal que le estalló en las manos. Presentó un programa que difícilmente podía ser considerado de izquierda, pero lo hizo con una actitud muy ruda. La combinación de blandura y dureza -de mansedumbre y terquedad- fue catastrófica. Ideas blandas en una cabeza dura no podían dar un buen resultado". Este ensayo se publica ahora en mi nuevo libro, La democracia fragmentada, que sale bajo el sello de Penguin Random House (p. 21).

Las ruinas de la izquierda mexicana pueden ser excavadas también en las ramificadas y heterogéneas corrientes infrarrealistas, un conjunto de expresiones ideológicas que incluyen al EZLN, a los estudiantes de Ayotzinapa y a una infinidad de grupos ultraizquierdistas que pululan en el subsuelo de la política. Los indígenas neozapatistas que decidieron participar en las elecciones no han logrado el registro de María de Jesús Patricio, Marichuy, su candidata presidencial. Llama la atención el escaso apoyo que recibió la líder indígena.

La mayor parte de la izquierda se encuentra dispersa en la sociedad, al margen de los partidos y de los grupos políticos. Es una numerosa masa de votantes que se enfrenta a la confusión, perpleja ante la dificultad de encontrar opciones atractivas. El panorama electoral se encuentra inundado por el priismo nacionalista dividido en dos expresiones: su versión tecnocrática y su variante restauradora. La primera se presenta como moderna, pero arrastra el inmenso peso del aparato corrupto y autoritario del PRI. La segunda expresión ha cuajado en la deriva populista conservadora y reaccionaria de Morena. Esta situación recuerda la influencia avasalladora que ha tenido esa enfermedad política que es el peronismo en Argentina, que ha aparecido en diversas versiones y ha contaminado profundamente el escenario político. Al igual que en México, es difícil encontrar en Argentina huellas de la izquierda.

El priismo parece una enfermedad ocasionada por las peligrosas mutaciones estacionales del viejo virus nacionalista revolucionario. La izquierda dispersa en la sociedad deberá resignarse a decidir entre contagiarse una vez más de este virus o bien optar por la alternativa con tintes liberales, democráticos y reformistas que espero cristalice en el Frente que encabezan el PAN, el PRD y MC. El éxito de esta alianza se puede medir por el uso ilegal y abusivo del aparato de Estado contra su candidato: evidentemente Ricardo Anaya es visto como el principal enemigo del nacionalismo autoritario priista, que ahora encarna también en Morena.

 
 
 
 


Antropólogo y sociólogo, doctorado en la Sorbona de París, investigador emérito de la UNAM, ex director de La Jornada Semanal, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, investigador honorario de Birkbeck (Universidad de Londres). Autor de La jaula de la melancolía, Las redes imaginarias del poder político, El mito del salvaje, La sombra del futuro, Territorios del terror y la otredad y La sangre y la tinta: reflexiones sobre la condición postmexicana.
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