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¡Bien decía La Miss!



Con su excelencia artística, Daniela Liebman y Alondra de la Parra enriquecen carteleras...

SOTTO VOCE / Lázaro Azar
en REFORMA


Hoy tendrá lugar la Marcha del Orgullo LGBTTTI en la Ciudad de México. Por ello, evoco nuevamente mi frase consentida de uno de los "notables" que participaron hace cuarenta años en su primera emisión, José Antonio Alcaraz, mi Jotimadre añorada: "En este país de machos, las mujeres y los putos somos quienes hacemos mejor las cosas".

A 17 años de haber emprendido su gira como bataclana sideral, La Miss Alcaraz sigue vigente; seguro de que no faltarán estos días textos sobre las comadres que parece que sólo en junio tienen valor para hacerse presentes, aprovecho esta ocasión para compartirles mi profunda admiración hacia un par de jóvenes mujeronas cuyo desempeño ¡vaya que me enorgullece!: Alondra de la Parra y Daniela Liebman.

Casualmente, ambas vinieron a refrescar con su excelencia artística nuestra cartelera musical de junio. Daniela fue la primera. Se presentó como solista de la Chafónica y qué tanto sería mi interés por escucharla, que el viernes 8 me armé de valor para llegar a Bellas Artes, no tanto por el caótico tráfico del Centro Histórico, sino porque he optado por padecer lo menos posible a tan descuidada agrupación.

Qué satisfacción me ha dado oír a Dani con un sonido más sólido y robusto, haciendo alarde de una articulación impecable, y con esa seguridad que le ha distinguido desde que era una niñita que apenas alcanzaba los pedales. Ante su elección del Concierto en sol menor, Op. 25 de Mendelssohn y viéndola convertida en una glamorosa jovencita "puesta de largo", me fue inevitable evocar a la gran Eileen Joyce, tan recordada por su elegancia como por haber hecho, de esta partitura, su caballito de batalla.

Para quedarme con el buen sabor de boca, decidí retirarme después de su actuación. Me bastaron la obertura y el acompañamiento para corroborar que, aquello, no ha mejorado en lo que va del sexenio; tras felicitar a quien será una de mis invitadas de este año en el Festival En Blanco & Negro, su mamá me regaló el primer disco de Dani, recién salido al mercado y debo confesarles que no sé cuántas veces lo he oído con renovado gozo, ¡habemus pianista!

Una semana después, la oportunidad extraordinaria de ver dirigir a Alondra de la Parra al frente de la Orquesta Sinfónica del Estado de México propició el viaje a Toluca.

Nuevamente, el tráfico fue una pesadilla y cuando al fin nos instalamos en la Sala Felipe Villanueva, acababa de terminar la Obertura Festiva de Shostakovich que abrió el programa, pero pude disfrutar del concepto acendradamente romántico que tiene Paul Lewis del Concierto para piano en Si bemol, K. 595 de Mozart.

Más que el sensible e imaginativo empleo del pedal por parte de Lewis, me inquietó notar cierta disparidad en las cuerdas que, antes, habría sido impensable. Tras el intermedio, la vitalidad y ligereza con que Alondra abordó la Sinfonía Clásica de Prokofiev me hizo equipararla con una burbujeante copa de champaña, pero, lo que más me impactó, fue el vigor y madurez que le imprimió a una de las piedras angulares de su repertorio: las suites de El sombrero de tres picos, de Falla.

Al día siguiente, Enrique Bátiz escuchaba complacido mi reseña del clamoroso éxito de Alo con la OSEM, y cuando le dije que, al igual que Bernstein, posee la virtud de hacernos oír la música con solo ver la plasticidad de sus movimientos, me interrumpió entusiasmado para acotar, "y tiene algo más, un carisma desbordante ¡que ya quisiera Luis Miguel!".

Más que confiarse en su talento, la pasión y disciplina con que ambas han abrazado la Música las ha posicionado más allá de lo que muchos nos hemos atrevido a soñar. ¿Tendremos pronto la oportunidad de verlas juntas?

 
azarboldo@prodigy.net.mx
 
 


Crítico musical, pianista, conferencista, asesor cultural y productor discográfico de numerosas grabaciones, entre las que destacan las integrales de Juventino Rosas y José Pablo Moncayo. Columnista de REFORMA desde 1998, preside la Unión Mexicana de Cronistas de Teatro y Música desde 2002, es Curador Artístico del Festival Internacional de Piano "En Blanco y Negro" del Cenart desde 2015 y colabora con diversos medios especializados en México y el extranjero.

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Hoy tendrá lugar la Marcha del Orgullo LGBTTTI en la Ciudad de México. Por ello, evoco nuevamente mi frase consentida de uno de los "notables" que participaron hace cuarenta años en su primera emisión, José Antonio Alcaraz, mi Jotimadre añorada: "En este país de machos, las mujeres y los putos somos quienes hacemos mejor las cosas".


A 17 años de haber emprendido su gira como bataclana sideral, La Miss Alcaraz sigue vigente; seguro de que no faltarán estos días textos sobre las comadres que parece que sólo en junio tienen valor para hacerse presentes, aprovecho esta ocasión para compartirles mi profunda admiración hacia un par de jóvenes mujeronas cuyo desempeño ¡vaya que me enorgullece!: Alondra de la Parra y Daniela Liebman.

Casualmente, ambas vinieron a refrescar con su excelencia artística nuestra cartelera musical de junio. Daniela fue la primera. Se presentó como solista de la Chafónica y qué tanto sería mi interés por escucharla, que el viernes 8 me armé de valor para llegar a Bellas Artes, no tanto por el caótico tráfico del Centro Histórico, sino porque he optado por padecer lo menos posible a tan descuidada agrupación.

Qué satisfacción me ha dado oír a Dani con un sonido más sólido y robusto, haciendo alarde de una articulación impecable, y con esa seguridad que le ha distinguido desde que era una niñita que apenas alcanzaba los pedales. Ante su elección del Concierto en sol menor, Op. 25 de Mendelssohn y viéndola convertida en una glamorosa jovencita "puesta de largo", me fue inevitable evocar a la gran Eileen Joyce, tan recordada por su elegancia como por haber hecho, de esta partitura, su caballito de batalla.

Para quedarme con el buen sabor de boca, decidí retirarme después de su actuación. Me bastaron la obertura y el acompañamiento para corroborar que, aquello, no ha mejorado en lo que va del sexenio; tras felicitar a quien será una de mis invitadas de este año en el Festival En Blanco & Negro, su mamá me regaló el primer disco de Dani, recién salido al mercado y debo confesarles que no sé cuántas veces lo he oído con renovado gozo, ¡habemus pianista!

Una semana después, la oportunidad extraordinaria de ver dirigir a Alondra de la Parra al frente de la Orquesta Sinfónica del Estado de México propició el viaje a Toluca.

Nuevamente, el tráfico fue una pesadilla y cuando al fin nos instalamos en la Sala Felipe Villanueva, acababa de terminar la Obertura Festiva de Shostakovich que abrió el programa, pero pude disfrutar del concepto acendradamente romántico que tiene Paul Lewis del Concierto para piano en Si bemol, K. 595 de Mozart.

Más que el sensible e imaginativo empleo del pedal por parte de Lewis, me inquietó notar cierta disparidad en las cuerdas que, antes, habría sido impensable. Tras el intermedio, la vitalidad y ligereza con que Alondra abordó la Sinfonía Clásica de Prokofiev me hizo equipararla con una burbujeante copa de champaña, pero, lo que más me impactó, fue el vigor y madurez que le imprimió a una de las piedras angulares de su repertorio: las suites de El sombrero de tres picos, de Falla.

Al día siguiente, Enrique Bátiz escuchaba complacido mi reseña del clamoroso éxito de Alo con la OSEM, y cuando le dije que, al igual que Bernstein, posee la virtud de hacernos oír la música con solo ver la plasticidad de sus movimientos, me interrumpió entusiasmado para acotar, "y tiene algo más, un carisma desbordante ¡que ya quisiera Luis Miguel!".

Más que confiarse en su talento, la pasión y disciplina con que ambas han abrazado la Música las ha posicionado más allá de lo que muchos nos hemos atrevido a soñar. ¿Tendremos pronto la oportunidad de verlas juntas?

 
azarboldo@prodigy.net.mx