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Carla Faesler en Formol



NOCHE Y DÍA / Sergio González Rodríguez


No sólo por su originalidad, no sólo por el talento literario que implica, la primera novela de Carla Faesler, titulada Formol (Tusquets), es un suceso notable en nuestras letras porque resuelve el reto de oscilar entre lo real, lo histórico y lo fantástico para incorporar su libro en una vertiente en la que han brillado antes Carlos Fuentes, Juan José Arreola, Salvador Elizondo y José Emilio Pacheco.

Formol narra la historia de una familia, la de una joven llamada Larca, en cuya biblioteca reposa en un frasco de formol el corazón de un guerrero sacrificado en el último ritual realizado en el Templo Mayor durante la Conquista. La novela de Carla Faesler cuenta los avatares del objeto-reliquia que la leyenda señala como el recinto último del espíritu primigenio del País.

Lejos de escribir un relato de solemnidad y grandilocuencia, en el que tienden a ahogarse nuestros narradores de novela histórica en México, que buscan reconstruir la grandeza del pasado desde una perspectiva inverosímil y ornada, Carla Faesler eligió el sendero contrario: recuperar agilidad, concisión e ironía para contar el trayecto del objeto-reliquia que encanta y termina por destruir la vida de quien lo posee. Como se intuye de inmediato, Formol es una parábola de filos diversos y una aventura subyugante.

Carla Faesler es una de las poetas emergentes de mayor reconocimiento dentro y fuera del País con libros como Anábasis maqueta (Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2002), así como ha logrado una reputación firme en proyectos de artes plásticas al lado de artistas de renombre internacional, Francis Al·s y Melanie Smith, entre otros. Su programa intelectual incluye una sensibilidad proclive a profundizar en el sentido trascendente de las cosas, la crítica del entorno, el análisis de la palabra poética conforme se escribe poesía. En su escritura, se dignifica la tradición literaria y se exploran nuevas dimensiones creativas.

En Formol predominan dos aspectos notables: en primer lugar, la ductilidad con la que la escritora elabora y lleva a extremos sorprendentes sus invenciones; en segundo lugar, destaca su acercamiento múltiple, persuasivo a través del entrelazamiento de las subtramas y la flexibilidad formal mediante la que produce los relatos o el desplazamiento del punto de vista.

Formol consigna una inventiva extraordinaria que hace de la lectura un reencuentro con la inteligencia, la dicha, la reflexión: "Una reliquia es un asunto terminado, por eso esto no es una reliquia. Este corazón del que se escribe es un instrumento, un medio, algo que puede servir para un fin determinado". Nada que ver con el despliegue anecdótico y desgastado de la estética del Acontecimiento, ni con las digresiones gratuitas o colmadas de chistes huecos o referencia inútiles. Formol expresa la intencionalidad exacta que beneficia tanto la entereza de la obra como prevé el acierto de su recepción.

De pronto en Formol, lejano de toda parodia, revive el aliento sutil y perdurable de la mejor narrativa de Elena Garro y de Elena Poniatowska, esa destreza que se denomina gracia literaria y que tanto se extraña ahora que muchos quieren reemplazar el dominio de la escritura con desplantes retóricos o seudoperformances textuales.

Carla Faesler ha escrito una novela ultramoderna que reivindica la autonomía literaria y sus alcances generosos mediante este artefacto creativo que hace residir su fuerza y encantamiento en la complicidad del lector ante el pasado, el anhelo de lo perdido, el estupor ante lo que vendrá y, sobre todo, la intensidad del momento que hiere y suscita la imaginación más contundente y feliz.

 
serglezr@mac.com / @serglezr
 
 


Escritor y periodista que ha publicado diversos libros sobre temas literarios y culturales. Le interesa la crítica de cine y de otras expresiones artísticas. Columnista de Reforma, su trabajo en este diario le permitió abrir una investigación sobre narcotráfico, poder político y asesinatos contra mujeres en la frontera de México-EU, titulado Huesos en el desierto. Ha recibido el Premio Nacional de Periodismo Fernando Benítez (1995).

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Formol narra la historia de una familia, la de una joven llamada Larca, en cuya biblioteca reposa en un frasco de formol el corazón de un guerrero sacrificado en el último ritual realizado en el Templo Mayor durante la Conquista. La novela de Carla Faesler cuenta los avatares del objeto-reliquia que la leyenda señala como el recinto último del espíritu primigenio del País.

Lejos de escribir un relato de solemnidad y grandilocuencia, en el que tienden a ahogarse nuestros narradores de novela histórica en México, que buscan reconstruir la grandeza del pasado desde una perspectiva inverosímil y ornada, Carla Faesler eligió el sendero contrario: recuperar agilidad, concisión e ironía para contar el trayecto del objeto-reliquia que encanta y termina por destruir la vida de quien lo posee. Como se intuye de inmediato, Formol es una parábola de filos diversos y una aventura subyugante.

Carla Faesler es una de las poetas emergentes de mayor reconocimiento dentro y fuera del País con libros como Anábasis maqueta (Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2002), así como ha logrado una reputación firme en proyectos de artes plásticas al lado de artistas de renombre internacional, Francis Al·s y Melanie Smith, entre otros. Su programa intelectual incluye una sensibilidad proclive a profundizar en el sentido trascendente de las cosas, la crítica del entorno, el análisis de la palabra poética conforme se escribe poesía. En su escritura, se dignifica la tradición literaria y se exploran nuevas dimensiones creativas.

En Formol predominan dos aspectos notables: en primer lugar, la ductilidad con la que la escritora elabora y lleva a extremos sorprendentes sus invenciones; en segundo lugar, destaca su acercamiento múltiple, persuasivo a través del entrelazamiento de las subtramas y la flexibilidad formal mediante la que produce los relatos o el desplazamiento del punto de vista.

Formol consigna una inventiva extraordinaria que hace de la lectura un reencuentro con la inteligencia, la dicha, la reflexión: "Una reliquia es un asunto terminado, por eso esto no es una reliquia. Este corazón del que se escribe es un instrumento, un medio, algo que puede servir para un fin determinado". Nada que ver con el despliegue anecdótico y desgastado de la estética del Acontecimiento, ni con las digresiones gratuitas o colmadas de chistes huecos o referencia inútiles. Formol expresa la intencionalidad exacta que beneficia tanto la entereza de la obra como prevé el acierto de su recepción.

De pronto en Formol, lejano de toda parodia, revive el aliento sutil y perdurable de la mejor narrativa de Elena Garro y de Elena Poniatowska, esa destreza que se denomina gracia literaria y que tanto se extraña ahora que muchos quieren reemplazar el dominio de la escritura con desplantes retóricos o seudoperformances textuales.

Carla Faesler ha escrito una novela ultramoderna que reivindica la autonomía literaria y sus alcances generosos mediante este artefacto creativo que hace residir su fuerza y encantamiento en la complicidad del lector ante el pasado, el anhelo de lo perdido, el estupor ante lo que vendrá y, sobre todo, la intensidad del momento que hiere y suscita la imaginación más contundente y feliz.

 
serglezr@mac.com / @serglezr