Más de OPINIÓN
Recibe en tu email las próximas
columnas de Sergio González Rodríguez
1 mes
2 meses
3 meses

Beltrán y Soltero novelistas

NOCHE Y DÍA / Sergio González Rodríguez


Fuera de la práctica decorativa, sublimada o de entretenimiento de la literatura, tan común en estos días, diversos escritores nuevos retoman la incidencia temporal y atmosférica de la realidad en tanto fuente para sus ficciones críticas.

Entre las mejores novelas a últimas fechas se apuntan Cualquier cadáver (Cal y Arena), de Geney Beltrán Félix (1976), y Nada me falta (Textofilia), de Gonzalo Soltero (1973). En ambas concurre la violencia de los últimos años en el País como un telón de fondo y, a la vez, se eligen posturas y resoluciones narrativas de alcance divergente.

La primera se ubica entre la Ciudad de México y Culiacán, y consigna a un personaje, su procedencia familiar y sus desventuras más aciagas que incluyen el secuestro y asesinato de su hijo. En la segunda, un moribundo entrecruza su agonía con un médico forense afín al crimen y juntos incurren en un viaje desesperado. Lo valioso está en la propuesta formal de cada uno de los relatos.

El reto para Beltrán consistía en trasponer su propia experiencia con el fin de consumar una ficción potente que incluye un retrato generacional, un vislumbre sarcástico del presente político y una tesis acerca del origen de la violencia (el nudo de la idiosincrasia y los atavismos) a partir de una novela de cariz enérgico y alta calidad expresiva dentro de otra novela (la que el protagonista busca escribir).

A su vez, Soltero ideó un mecanismo ágil donde la unión de dos adversidades en un intento de fuga respecto de la muerte articulan un juego de silencios, censuras, suspensos donde las alusiones, los ecos y la intuiciones de aquellos dos tejen una amistad efímera y conveniente. Una suerte de consentimiento en la fragilidad ante la supervivencia, que se sostiene de diálogos escasos en el esquema de una intensa road novel.

Beltrán afirma por boca del protagonista: "Una novela que vomite. Que vocifere su furia, que respire con enojo, hastiada de seguirle creyendo a la escritura sus ímpetus pudibundos". Soltero describe: "Avanzo con rapidez. Hay poco tráfico. No sé adónde me dirijo, pero voy en camino. No siento nostalgia por dejar atrás la ciudad donde pasé toda mi vida. ¿Será igual cuando abandone mi cuerpo?".

Las novelas de Beltrán Félix y de Soltero recuperan la influencia del nihilismo existencial (el sinsentido de la vida, la duda y el rechazo de las circunstancias históricas) que desde años atrás se ha impuesto en la literatura mexicana, ya sea como crítica de los valores sociales y/o culturales o como acto de voluntad ético-estética en torno del oficio de escritura, entendido éste en términos de desgajamiento de la nada. Podría conjeturarse que tal inercia constituye una de las características centrales de las letras mexicanas desde el último tercio del siglo anterior hasta la actualidad. El umbral entre la duda/rechazo de lo cotidiano, el asco/dolor del mundo y la acedia/aburrimiento ante el mismo.

En dichas novelas se hallan también dos modos de comprender la época y sus respectivos valores y contravalores, un dominio estilístico de la representación que se desplaza del realismo al hiperrealismo y el deseo de enfrentar la imaginación personal contra la inmediatez insoportable. Bajo tal lineamiento Cualquier cadáver y Nada me falta, en su negatividad radical, reflejan la paradoja lúcida de traducir un contenido dominante a partir de enfoques diferenciales.

Ahora que se tiende a perder la defensa de la cultura local para favorecer la inasible cultura global, hecha de infoentretenimiento, fanatismo mediático, banalidad y ruido, uno espera que las novelas de Beltrán Félix y de Soltero reciban la consideración que merecen su inteligencia y valor literarios.

 
 
serglezr@mac.com / @serglezr
 
 
 

Escritor y periodista que ha publicado diversos libros sobre temas literarios y culturales. Le interesa la crítica de cine y de otras expresiones artísticas. Columnista de Reforma, su trabajo en este diario le permitió abrir una investigación sobre narcotráfico, poder político y asesinatos contra mujeres en la frontera de México-EU, titulado Huesos en el desierto. Ha recibido el Premio Nacional de Periodismo Fernando Benítez (1995).

FOTOGALERIAS RELACIONADAS

GALERIA MULTIMEDIA RELACIONADAS

GRÁFICOS ANIMADOS RELACIONADOS

NOTAS RELACIONADAS