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Adiós, amor



Genaro Lozano
en REFORMA


"Los niños son lo único maravilloso y lo único que tiene México, hay que cuidarlos, para que ya no tengan que andar fundando albergues".
Juan Gabriel

"Lo que se ve, no se pregunta", es el único registro público que tenemos sobre la homosexualidad del más grande cantautor mexicano. Una entrevista en la que, incómodo, Juan Gabriel responde sin responder sobre su orientación sexual. Era el inicio del siglo XXI y Juanga no consideró necesario salir del clóset abiertamente, para eso estaban sus letras sufridas con la música alegre, las lentejuelas de su vestuario, sus contoneos, la voz grave y aguda, los pantalones blancos, apretados y el movimiento de sus manos.

Este país, al que tanto le cuesta reconocer el talento ajeno, hoy llora la pérdida de un hombre excepcional. Aquel que incomodó al machismo y que desafió los roles de género con su sensibilidad. El hombre amanerado que con su brillo hizo cantar, llorar, bailar y jotear a generales, a futbolistas, a machos golpeadores de mujeres, a narcotraficantes despiadados y a presidentes homofóbicos, los símbolos de la masculinidad dominante. Más allá de sus letras, la grandeza de Juan Gabriel radica en que hizo que una región entera del mundo vibrara al ver su desafío insolente a los roles del género.

Crecí en los años ochenta, viendo incómodamente a Juan Gabriel, rechazando su femineidad, reflejándome en un espejo en el que entonces no me quería ver. Anticipando en sus letras mi vida adulta, yendo a bailar a lugares de ambiente, en donde todo era diferente, donde alegremente bailaría toda la noche. Lo canté preguntándome si en esta sociedad yo tampoco había nacido para amar, porque a mis 16 no conocía a nadie como yo, me sentía aislado y lloraba pensando en que terminaría como esa canción, sin un amor eterno.

No dudo en que ese rechazo lo sintió medio México. Quienes en los ochenta eran adolescentes y ya sabían de su orientación sexual, pero también los padres de casa heterosexuales que no sabían qué hacer cuando su hijo quería los mismos pantalones blancos apretados y el suéter rojo con el que cantaba Querida. Su libertad y su autenticidad incomodó en el país de la doble moral.

La esquizofrenia mexicana hace que en la mañana un grupo de hombres grite "puto" en un estadio y en la noche llore en Garibaldi con alguna de las letras de la loca más célebre del país. Con él perdimos a nuestro Oscar Wilde tropical, a nuestro Michael Jackson, nuestro Elvis Presley. De ese tamaño y de esa amplia gama era el talento y carisma de Juan Gabriel.

Murió el hombre que combatió la homofobia con su personalidad, sin ser activista, porque nunca abanderó las causas de la diversidad. Nunca lo escuchamos reflexionar sobre los avances de los derechos LGBT en el mundo o sobre la llegada del matrimonio igualitario a México. Nunca asistió a una marcha del orgullo, pero sus letras siempre son cantadas en ellas, como himnos autorreferenciales, como desasosiego del cuerpo, como cantos de libertad.

Hoy el país se apropia de su leyenda. Y seguramente vendrá un homenaje en Bellas Artes con alguna bandera del arcoíris que se colará, como se coló en el funeral de Monsiváis, en agradecimiento por su legado y por su existencia, por haber llevado lo marginal al centro, como ha dicho Consuelo Sáizar parafraseando a Monsiváis al referirse a Novo.

Tras su partida muchos se preguntarán cuál es la mejor manera de homenajearlo. Una estatua en Juárez, un homenaje en Bellas Artes, con mariachis de Garibaldi o simplemente cantándolo. Un buen homenaje sería aprobar el matrimonio igualitario en todo México para combatir la homofobia y cuidar a los niños que tanto le preocupaban y por los que trabajó el homosexual más célebre del mundo en español. Aunque tal vez el mejor homenaje es seguir su ejemplo, viviendo auténtica y libremente, como lo hizo el divo al que le reventó el corazón de tanto sentir. Adiós, amor. Adiós, Juan Gabriel.
______________
@genarolozano


Politólogo por The New School for Social Research e Internacionalista por el ITAM. Profesor en la UIA desde el 2007 y en el ITAM (2005-2012). Coautor de varios libros académicos como Same Sex Marriage in Latin America: Promise and Resistance, La política exterior de México y ¿Qué es Estados Unidos? Analista político en CNN y el IMER. Conductor del programa Sin Filtro, en Televisa. Fue Subdirector de la Revista Foreign Affairs Latinoamérica.

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"Los niños son lo único maravilloso y lo único que tiene México, hay que cuidarlos, para que ya no tengan que andar fundando albergues".

Juan Gabriel

"Lo que se ve, no se pregunta", es el único registro público que tenemos sobre la homosexualidad del más grande cantautor mexicano. Una entrevista en la que, incómodo, Juan Gabriel responde sin responder sobre su orientación sexual. Era el inicio del siglo XXI y Juanga no consideró necesario salir del clóset abiertamente, para eso estaban sus letras sufridas con la música alegre, las lentejuelas de su vestuario, sus contoneos, la voz grave y aguda, los pantalones blancos, apretados y el movimiento de sus manos.

Este país, al que tanto le cuesta reconocer el talento ajeno, hoy llora la pérdida de un hombre excepcional. Aquel que incomodó al machismo y que desafió los roles de género con su sensibilidad. El hombre amanerado que con su brillo hizo cantar, llorar, bailar y jotear a generales, a futbolistas, a machos golpeadores de mujeres, a narcotraficantes despiadados y a presidentes homofóbicos, los símbolos de la masculinidad dominante. Más allá de sus letras, la grandeza de Juan Gabriel radica en que hizo que una región entera del mundo vibrara al ver su desafío insolente a los roles del género.

Crecí en los años ochenta, viendo incómodamente a Juan Gabriel, rechazando su femineidad, reflejándome en un espejo en el que entonces no me quería ver. Anticipando en sus letras mi vida adulta, yendo a bailar a lugares de ambiente, en donde todo era diferente, donde alegremente bailaría toda la noche. Lo canté preguntándome si en esta sociedad yo tampoco había nacido para amar, porque a mis 16 no conocía a nadie como yo, me sentía aislado y lloraba pensando en que terminaría como esa canción, sin un amor eterno.

No dudo en que ese rechazo lo sintió medio México. Quienes en los ochenta eran adolescentes y ya sabían de su orientación sexual, pero también los padres de casa heterosexuales que no sabían qué hacer cuando su hijo quería los mismos pantalones blancos apretados y el suéter rojo con el que cantaba Querida. Su libertad y su autenticidad incomodó en el país de la doble moral.

La esquizofrenia mexicana hace que en la mañana un grupo de hombres grite "puto" en un estadio y en la noche llore en Garibaldi con alguna de las letras de la loca más célebre del país. Con él perdimos a nuestro Oscar Wilde tropical, a nuestro Michael Jackson, nuestro Elvis Presley. De ese tamaño y de esa amplia gama era el talento y carisma de Juan Gabriel.

Murió el hombre que combatió la homofobia con su personalidad, sin ser activista, porque nunca abanderó las causas de la diversidad. Nunca lo escuchamos reflexionar sobre los avances de los derechos LGBT en el mundo o sobre la llegada del matrimonio igualitario a México. Nunca asistió a una marcha del orgullo, pero sus letras siempre son cantadas en ellas, como himnos autorreferenciales, como desasosiego del cuerpo, como cantos de libertad.

Hoy el país se apropia de su leyenda. Y seguramente vendrá un homenaje en Bellas Artes con alguna bandera del arcoíris que se colará, como se coló en el funeral de Monsiváis, en agradecimiento por su legado y por su existencia, por haber llevado lo marginal al centro, como ha dicho Consuelo Sáizar parafraseando a Monsiváis al referirse a Novo.

Tras su partida muchos se preguntarán cuál es la mejor manera de homenajearlo. Una estatua en Juárez, un homenaje en Bellas Artes, con mariachis de Garibaldi o simplemente cantándolo. Un buen homenaje sería aprobar el matrimonio igualitario en todo México para combatir la homofobia y cuidar a los niños que tanto le preocupaban y por los que trabajó el homosexual más célebre del mundo en español. Aunque tal vez el mejor homenaje es seguir su ejemplo, viviendo auténtica y libremente, como lo hizo el divo al que le reventó el corazón de tanto sentir. Adiós, amor. Adiós, Juan Gabriel.
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@genarolozano