OPINIÓN

El sermón y la bravata

Jesús Silva-Herzog Márquez EN REFORMA

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Cuando un político pierde el sentido del ridículo es que ha perdido contacto con la realidad. No encuentro otra palabra para describir la nueva perla de sabiduría presidencial. Para tiempos de extremo apremio, una ridiculez. Un mensaje que mueve a risa, a burla. Una involuntaria parodia a las patrañas de la autoayuda y el pensamiento mágico. Ante el virus que ha detenido al mundo, el presidente de México recomienda que seamos alegres. En la hora de mayor peligro sanitario en nuestro país, un llamado a sonreír y a ser optimistas. Comer verduritas, ser buenos y rezarle a algún santo. Ante la crisis económica más severa en varias generaciones, una oración de desapego.