La vieja-nueva disputa

Luis Rubio


México lleva al menos medio siglo disputando el futuro. Luego de décadas de estabilidad y crecimiento económico relativamente elevado, en los sesenta comenzó a resquebrajarse tanto el orden económico fundamentado en la substitución de importaciones como el orden político sustentado en el férreo control de un sistema político cerrado. A partir de entonces, el país se dividió en dos grandes corrientes: la que procuró construir un nuevo futuro viendo hacia adelante y hacia afuera; y la que persiguió retornar al nacionalismo revolucionario originado en la Revolución Mexicana, particularmente en su fase cardenista.