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Arquitectura y la pandemia

  • El arquitecto y restaurador Gabriel Mérigo analiza el impacto del diseño de hospitales y espacios en la gestión de la pandemia de Covid. Foto: Especial
  • El arquitecto y restaurador Gabriel Mérigo analiza el impacto del diseño de hospitales y espacios en la gestión de la pandemia de Covid. Foto: Tomada de mediateca.inah.gob.mx
  • El arquitecto y restaurador Gabriel Mérigo analiza el impacto del diseño de hospitales y espacios en la gestión de la pandemia de Covid. Foto: Especial


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05 min 00 seg
Gabriel Mérigo Basurto/ *Opinión invitada
Durante la segunda mitad del siglo XIX el químico y bacteriólogo francés Luis Pasteur desarrolló la teoría germinal de las enfermedades infecciosas, según la cual los contagios se deben a la acción de microorganismos y su capacidad para transmitirse de una persona a otra a través del aire o por contacto físico. En este sentido coincide con los naturalistas conocidos como "higienistas" en cuanto a la diseminación aérea de los gérmenes, por lo que comparte con ellos las prácticas sanitarias para su combate basadas en la interrelación de los pacientes con la naturaleza.

Desde tiempo atrás, en la Europa renacentista ya se tenía la sospecha de que las enfermedades pudieran ser esparcidas por partículas invisibles, aunque fue hasta el descubrimiento del microscopio por Anton van Leeuwenhoek que los científicos conocieron de la existencia de los microorganismos, no obstante que todavía pasarían dos siglos antes de que se les vinculara con las enfermedades. Aunque fue hasta entrado el siglo XX que los agentes infecciosos conocidos como virus se pudieron observar claramente gracias a la definición de los microscopios electrónicos. De esta manera los conocimientos científicos sentaron las bases para la atención de las enfermedades causadas por microorganismos, que a través de los siglos se habían convertido en epidemias causando infinidad de daños y pérdidas humanas en todo el mundo.

La pandemia de Covid-19 que hoy vivimos y que nos ha afectado por más de un año, es tan sólo una más de la serie de epidemias que ha vivido la humanidad históricamente. En las ocasiones pasadas, surgieron las primeras acciones sanitarias planteadas por los higienistas para enfrentar las enfermedades contraídas: la limpieza, la desinfección y la ventilación. Se recurrió también al aislamiento de los miembros de la comunidad y al distanciamiento unipersonal en toda actividad, con el objetivo de disminuir los contagios y evitar la propagación de la enfermedad. Así, coincidiendo con los argumentos de los naturalistas se cimentó una de las grandes luchas de Pasteur que fue la higiene en la medicina.

A través del tiempo, el conjunto de medidas de prevención del contagio, asimiladas en situaciones de pandemia, ha modificado las formas de vivir y por lo tanto a la arquitectura. En el siglo XIX, ante el azote de la tuberculosis, una de las enfermedades infecciosas más antiguas de la humanidad, se establecieron estrictas medidas sanitarias con el fin de contener su contagio.

La sociedad, consciente de la gravedad del padecimiento, tuvo una decidida participación en su combate. Los arquitectos llegaron al grado de replantear el diseño de los hospitales, cambiando su tipología histórica de claustros a un sistema de pabellones, que basado en los criterios "higienistas", favorecía la interrelación de los enfermos con los medios naturales. Así, esta medida, "comenzó a aplicarse para menguar los contagios intrahospitalarios o prevenir las transmisiones entre el hospital y las zonas habitadas, por lo cual se llegó a disponer de construcciones aisladas o articuladas entre sí". Se intercalaron espacios construidos con generosas superficies ajardinadas, garantizando a los enfermos un contacto permanente con la naturaleza.

El sistema de pabellones facilitó diversas prácticas para la prevención de las enfermedades, como "el aislamiento de padecimientos por miedo al contagio." Además," Se priorizó la ventilación, la iluminación y el asoleamiento naturales". Se tomaron medidas para evitar temperaturas extremas con el uso de elementos arquitectónicos que conformaban áreas contenidas. Las adecuaciones de gran impacto fueron acompañadas de acciones de asepsia generalizada, con el fin de reducir al máximo las posibilidades de infección.

Estas medidas que involucran a la naturaleza formaron parte de numerosos proyectos realizadas por arquitectos y urbanistas del movimiento moderno de principios del siglo XX. El mismo Le Corbusier, en su aportación, "Cinco Puntos de una Nueva Arquitectura" estuvo fuertemente influenciado por las teorías higienistas del combate a la tuberculosis, como se puede observar en su obra de la Villa Saboya, en Francia:

La construcción elevada del suelo a base de pilares que la separan de la humedad del terreno, el roof-garden, para un mayor contacto con la naturaleza. La planta libre que libera los espacios de la restricción de los muros de carga y permite la ventilación y mejor iluminación. La ventana horizontal de lado a lado para mayor relación con el medio, y la fachada exenta, como elemento aislante.

Sin embargo, con el incremento de los costos de los terrenos disponibles, el concepto de integración con la naturaleza dejó de ser un objetivo central del proyecto arquitectónico y se ha relegado en favor del uso de tecnologías para la iluminación y ventilación. Así, las construcciones modernas de hospitales, en gran medida, han dejado de ofrecer espacios amplios, exteriores ajardinados, terrazas y balcones para los pacientes, que sujetos a limitaciones económicas además tienen que recuperarse en condiciones de hacinamiento.

Como consecuencia durante esta pandemia, paradójicamente, la condición de algunos hospitales favoreció la propagación del virus por la aglomeración de enfermos. La escasez de áreas abiertas y la saturación de las instalaciones hospitalarias para alojar a los contagiados de Covid-19, propició el contacto físico entre los enfermos y personal médico. Los espacios públicos y las circulaciones resultaron en varios casos insuficientes, impidiéndose una sana separación mínima entre los pacientes y el personal, y disminuyéndose la iluminación y ventilación naturales.

Debido a la alta densidad de ocupación de las instalaciones hospitalarias, se dificultó la atención adecuada y oportuna de los enfermos contagiados que requerían atención médica de urgencia. Además de que ante la emergencia no fueron suficientes las instalaciones hospitalarias para darle respuesta eficaz y oportuna a la epidemia, por lo que varios inmuebles, de diversos géneros, fueron acondicionados como hospitales a pesar de sus limitaciones.

Ante esta carencia, se desprende que sería de gran utilidad que algunos edificios públicos fueran diseñados de origen para usos múltiples, con criterios de flexibilidad y adaptabilidad para operar como hospitales en el caso de una contingencia sanitaria. También se pone en evidencia que no tenemos la capacidad técnica para construir instalaciones hospitalarias de emergencia que como en Wuhan, China, fueron construidas en no más de diez días.

A pesar de algunas fallas en la prevención del riesgo de contagio, en la pandemia que hoy vivimos, la sociedad en general retomó criterios establecidos en eventualidades pasadas, como el evitar el contacto físico entre las personas. Se difundieron comunicados oficiales que aconsejaban evitar el saludo de mano o de beso y la conveniencia de utilizar cubrebocas de manera regular. Se ordenó la reducción de densidades y la limitación de aforos en espacios públicos de manera que se garantizara la separación mínima interpersonal de metro y medio.

También se tomó la decisión de aislarse quedándose en casa y de trabajar o estudiar de manera remota, situación inédita que ha de modificar sustancialmente el programa arquitectónico de la casa habitación, el de los centros educativos, de los complejos de oficinas y de los centros comerciales. En cada caso, queda muy claro que su diseño arquitectónico deberá ser flexible y de carácter multidisciplinario.

Con respecto a las restricciones en las densidades de ocupación en los espacios públicos, considerando las enormes pérdidas que enfrentaron los comercios durante la crisis, tendrá que analizarse la conveniencia de reducir los aforos de manera permanente. El oficio del arquitecto se pondrá en juego para el diseño de los espacios y de las circulaciones, observando las condiciones de ventilación, de manera que sea factible reducir las posibilidades de contagio sin una disminución sensible de los aforos.

El mundo está viviendo una catástrofe que durante varias generaciones se habrá de recordar con gran pesar. Sin embargo, es necesario evaluar las acciones realizadas como respuesta a la pandemia, para poder enfrentar con eficiencia las crisis por venir, y encauzar de manera adecuada los proyectos de arquitectura de acuerdo a sus necesidades, para que además de ofrecer la flexibilidad que demandará su uso multidisciplinario, procuren como sociedad la reconciliación del ser humano con la naturaleza.

1. Nombre con el cual se conoce a los naturalistas que defendían el concepto de generación espontánea de los gérmenes y en su transmisión por contacto o vía aérea.
2. Oldstone, Michael B. A., Viruses, Plagues and History. Oxford University Press, 1998.
3. González Servín, María Lilia, Sistema Arquitectónico de Pabellones en Hospitales de América Latina, Facultad de Arquitectura, UNAM, 2018, p.17.
4. Idem., p. 17.
5. Fezi, Bogdan Andrei, "Health Engaged Architecture in the Context of Covid-19", Internet.


*Doctor en arquitectura y maestro en restauración
Hora de publicación: 05:00 hrs.

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