OPINIÓN

Brillo en los ojos

Eduardo Caccia EN REFORMA

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De los exámenes escolares tengo recuerdos encontrados. Tuve un gran maestro de matemáticas, Jáuregui, que nos hacía resolver problemas en el pizarrón y nos exigía hablar en voz alta el razonamiento. Recuerdo también aquella vez cuando, durante el último semestre de la carrera, entró al salón, en pleno examen, uno de los funcionarios de la facultad, para revisar el "pelo largo" (equivalente a tener la oreja cubierta). Usar barba era una afrenta mayor, y yo traía una barba incipiente; eran los inicios de diciembre y quería aprovechar las vacaciones. "¿Qué significa esa barba?", me preguntó el directivo universitario. Mi respuesta arrancó la risa del grupo (y también mi examen, pues quedó con una marca de invalidado, o algo así): "Voy a participar en una pastorela". Entre el eco de las carcajadas, el inspector de pelos y barbas remató: "Si le interesa más el teatro, dedíquese al teatro".