OPINIÓN

Cirqueras

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES / Catón EN REFORMA

3 MIN 30 SEG

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Un voto por Morena es un voto contra México... Cierto circo de mala muerte llegó al pueblo, y tres muchachos lugareños se las arreglaron para salir con sendas chicas del espectáculo circense. Al final de sus respectivas citas se juntaron en la taberna del lugar a comentar sus experiencias. El primero relató, feliz: "A mí me tocó la acróbata. ¡Qué piruetas! ¡Qué saltos en la cama! ¡Qué lúbricas maromas!". Narró el segundo: "A mí me acompañó la contorsionista. ¡Qué exóticas posturas! ¡Qué inéditas posiciones! ¡Qué incitantes movimientos!". El tercero no hablaba. Le preguntaron: "Y a ti ¿cómo te fue?". Masculló, mohíno, el otro: "Mañana tendré que ir con el doctor. Estuve con la mujer traga vidrios"... Babalucas presentó una queja en la farmacia. "Este aceite bronceador no sirve -declaró molesto-. Ya me he tomado tres frascos y sigo igual de pálido"... Doña Macalota, la cónyuge de don Chinguetas, se estaba duchando cuando de pronto entró al baño Famulina, la joven y linda mucama de la casa. Doña Macalota se asombró grandemente, pues la muchacha iba por completo nuda, quiero decir sin ropa. Famulina quedó confusa al ver a su patrona. "Perdone usted, señora -se disculpó azorada-. Pensé que el que se estaba bañando era el señor"... Loretela le contó a Dulcibel: "Anoche fui con un chico al Ensalivadero. Ahí él se puso atrevido". "¡Mentecato! -se indignó Dulcibel-. Y ¿lo pusiste en su lugar?". "No -confesó Loretela-. Estaba muy guapo. Lo puse en el mío"... El oficial de tránsito le dijo ya exasperado a doña Jodoncia: "Le repito una vez más, señora, que no me importa que sea usted zurda. Tiene que manejar por la derecha"... La maestra de Educación Sexual les advirtió a sus alumnas: "Las que estén atentas en la clase quedarán aprobadas. Las que no pongan atención quedarán embarazadas"... En un sitio secreto tuvo lugar la ceremonia de graduación de la Escuela Superior de Espías. El director les indicó en voz baja a los graduandos: "Memoricen su diploma y luego cómanselo"... Doña Panoplia de Altopedo, mujer de sociedad, creía que era una gran soprano. La verdad es que desafinaba horriblemente, a más de que su voz era chillona y ríspida. Una noche le dijo a su marido: "Mañana voy a cantar en el Teatro Piezo. ¿Quién me sugieres que me acompañe?". Contestó don Sinople: "Un guardaespaldas"... Aquel señor pasó a mejor vida. Al día siguiente de sus funerales un compadre del desaparecido se presentó muy atildado en casa de la viuda. "Comadrita -le dijo en tono untuoso-, sé que esto le parecerá muy prematuro, pero vine hoy mismo porque me asaltó el temor de que alguien se me adelantara. Debe usted saber que siempre me ha gustado. Anhelo vivamente llenar el enorme vacío que mi querido compadre dejó". "No es tan grande" -acotó amoscada la señora. "Razón de más para querer llenarlo -replicó el visitante-. ¿Qué me dice?". "Que llega usted demasiado tarde, compadre -respondió la viuda-. Ayer mismo, a la salida del panteón, me arreglé con uno de los mariachis que le tocaron Las golondrinas a mi inolvidable esposo"... La historieta que pone hoy punto final a esta breve sucesión de cuentecillos no es para ser leída por personas con tiquismiquis de conciencia... Leovigildo, apuesto mancebo en flor de edad, casó con Claritina, ingenua y cándida doncella que nada absolutamente sabía de las cosas de la vida. La noche de las bodas se llevó a cabo el primer acto de amor, evento que la joven desposada disfrutó a plenitud no obstante su candidez e ingenuidad. Terminado el feliz trance ella observó la entrepierna de su maridito y luego le preguntó con acento desolado: "¿Que ya se acabó?"... FIN.