OPINIÓN

Cuauhtémoc en El Escorial*

Enrique Krauze EN REFORMA

4 MIN 00 SEG

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Conmemorar es hacer memoria juntos. Quisiera entonces comenzar por recordar a la gran civilización conquistada. Cubría una inmensa superficie en cuyas urbes magníficas convergían los más diversos oficios y las artes más refinadas. Aquel orden garantizaba el abasto de agua, víveres y materias primas, y contaba con una extensiva y minuciosa organización de la fuerza de trabajo. Había valores éticos y estéticos en esas naciones, y había también, aunque incomprensible para nosotros, una religión que daba sentido a sus vidas. Era un continente perdido en la geografía y la historia, una zona no solo remota sino ajena a Europa, África y Asia, que llevaban siglos de conocerse. Quizá en esa condición insular estuvo el origen de su tragedia, que no terminó con la derrota de los mexicas y los reinos circundantes. El benemérito franciscano fray Toribio de Benavente -apodado "Motolinía", "el pobrecito", en Náhuatl- incluyó a las encomiendas, tributos y la esclavización de los indios entre las diez plagas que los afligieron en las primeras décadas posteriores a la Conquista además de las diversas epidemias que, solo ahora, por sufrirlas en carne propia, tenemos la posibilidad de imaginar. Pasado el tiempo, fue levantándose una nueva realidad, pero los efectos de esa destrucción -así haya sido parcial- marcarían el destino social, económico y demográfico de México.