OPINIÓN

Distancia social

Juan Villoro EN REFORMA

4 MIN 00 SEG

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En la madrugada del 27 de febrero de 2010 un terremoto de 8.8 me sacó del sueño y me tiró al suelo en un hotel de Santiago de Chile. Estaba en un séptimo piso y me costó trabajo llegar abajo. Ya en la calle, caminé con la incertidumbre de quien pisa vidrios y la certeza de quien tiene rumbo. De manera instintiva busqué a los mexicanos que se hospedaban ahí. Un impulso tribal nos reunió por nacionalidades. Estremecidos por el susto, recuperamos formas básicas de comportamiento. Los brasileños se abrazaban entre risas, ajenos a la desnudez con que habían llegado a la vía pública, los suizos intercambiaban pilas para sus linternas, los mexicanos hablábamos con ademanes (palmadas en la espalda, un apretón en la nuca, las manos en los hombros). Veníamos de una tierra donde el hacinamiento voluntario es un premio: de nada sirve tener un amigo del alma si no puedes picarle las costillas.