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Documenta Canales devenir de la vivienda

  • En el libro "Mi casa, tu ciudad", Canales propone un recorrido por las principales revoluciones domésticas de los últimos 200 años. Foto: Héctor García
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05 min 00 seg
Erika P. Bucio
La casa moderna tiene su origen en tres ficciones identificadas por la arquitecta Fernanda Canales: la casa como lugar de descanso separada del trabajo, la casa como objeto de propiedad privada y la casa como santuario para la familia nuclear, conformada por papá, mamá e hijos.

Supuestos que se encarga de desmontar en su libro Mi casa, tu ciudad (Puente Editores), en favor de otras formas de pertenencia, uso y convivencia.

Canales (Ciudad de México, 1974) propone un recorrido por las principales revoluciones domésticas de los últimos 200 años "centradas en lograr una privacidad sin exclusión, que vencen las divisiones entre el interior y el exterior, entre la casa y el trabajo, y entre un vecino y otro".

La casa se presenta como el elemento decisivo en la configuración de la ciudad y la sociedad, el elemento más construido que existe en el mundo y con mayor impacto en el planeta aunque cada vez más, según la autora, están claras las desventajas de "seguir construyendo arquitecturas que dañan el ecosistema, con millones de personas sin casa y millones de casas vacías en el mundo". México tiene uno de los índices más altos de casas abandonadas a nivel mundial, con más del 14 por ciento.

"La casa es el elemento clave y lo seguimos pensando como que es mío y yo decido, como persona o familia, cuando en realidad es lo que va a decidir el futuro del planeta", dice Canales, al hablar de la dimensión pública del espacio privado. De ahí el título, Mi casa, tu ciudad, que bien podría invertirse y decir "Tu casa, mi ciudad".

Al cambiar nuestras casas, cambiamos nuestras sociedades. Canales llama a "reescribir" nuestro entendimiento sobre la casa, para que "no exija a sus usuarios tener muchas pertenencias, endeudarse, pasarse el día limpiando o vivir para pagar un espacio en el que nos sentimos encerrados".

Recoge proyectos, libros y exposiciones que apuntan a un entendimiento colectivo de la vivienda. El estudio es producto de su ejercicio como arquitecta durante 25 años. Un ir y venir entre lo que hay adentro y lo que hay afuera, entre "lo que pide el cliente y lo que la ciudad necesita".

Un libro nacido en la mesa de dibujo, cuando Canales se sienta a proyectar, pero también de sus lecturas. Le llevó más de una década escribir este libro que no pretende ser para arquitectos sino para todos. "Un trabajo de destilación para que le sirva a quien sea", dice.

Una arquitecta que viaja cámara en mano fotografiando los grandes conjuntos habitacionales en otras urbes (algunas de esas imágenes aparecen en este libro) y cuyas memorias de infancia están fincadas alrededor de la arquitectura, a una edad en que ni siquiera imaginaba que sería su profesión.

Canales organiza su estudio, que inició hace más de diez años, a partir de cinco ideales: libertad, eficiencia, bienestar, identidad y coexistencia que guían la manera de construir las casas con el fin de "crear sociedades libres, entornos eficientes, mayor bienestar, identificación con el hábitat y coexistencia".

Al introducir esos ideales, Canales eligió a personajes que cuestionaron los modelos existentes y defendieron una visión propia.

Para tratar el ideal de libertad, la arquitecta alude a la utopía rural de Frank Lloyd Wright llamada "Broadacre City" donde cada persona disponía de unos 4 mil metros cuadrados de campo, con espacios comunitarios, casas que estarían conectadas con coche, radio y teléfono, tecnologías que no existían cuando el arquitecto nació. No llegó a concretarse, pero trasladó esas ideas a las casas que habitó los últimos 20 años de su vida.

Al hablar de eficiencia recurre a Le Corbusier quien "dedicó su vida a pensar la vivienda como una máquina colectiva" y terminó viviendo en una cabaña de 3.66 por 3.66 metros, a orillas del Mediterráneo, sin cocina y su esposa durmiendo en el suelo, junto al lavabo.

Mientras que Mies van der Rohe "encarna el ideal de colonizar el mundo a través de una imagen de bienestar con prismas de vidrio", asemejó las casas a museos y edificios de oficinas, pero a él le bastó para vivir un cuarto de hotel.

La arquitectura de Luis Barragán es la expresión de un sentido de identidad que "no implicaba responder a los gustos de sus clientes sino a observar el entorno y a evocar recuerdos". Canales se refiere al conjunto Zigurat en Lomas Verdes para 10 mil habitantes donde proyectó jardines, patios y terrazas vinculadas a las viviendas. Pensaba que las casas debían ser jardines y los jardines casas.

¿Es una utopía materializar esos cinco ideales (libertad, eficiencia, bienestar, identidad y coexistencia)?
Van a ser siempre una meta, sí queremos casas baratas que se puedan construir rápido, que produzcan felicidad o libertad o salud o economía, los grandes temas están en estas cinco palabras. Siempre los vamos a tratar de lograr. Construir una casa es construir un sueño para habitar y relacionarnos con el mundo y las personas.

Canales participa este año en la Bienal de Arquitectura de Venecia con una instalación sobre el tema de la vivienda utópica, Después de la casa. Se trata de la única participante de México en la sección internacional del encuentro.

La casa es precisamente el eje del encuentro, que tiene por lema: "¿Cómo viviremos juntos?".

Además, junto a diversos colegas nacionales, participa en el Pabellón de México.
La revolución doméstica
El recorrido cronológico ofrecido por Canales en Mi casa, tu ciudad arranca a principios del siglo 19, cuando la mayoría de las personas en el mundo no eran propietarias de una casa, vivían en habitaciones compartidas y había una preocupación por construir sociedades modernas libres, y abarca hasta la segunda década del siglo 21.

La arquitecta recoge el trabajo no solo de arquitectos sino también de filósofos, diseñadores, urbanistas, artistas y amas de casa que han querido cambiar la forma de habitar.

Explica que a lo largo de la historia, los principales cambios en la arquitectura doméstica no se han originado en "sofisticados hallazgos tecnológicos ni en cambios ideados por grandes empresas" sino en los usuarios para resolver alguna cuestión cotidiana como inventar pasillos para dotar de privacidad a las habitaciones.

Al abordar las revoluciones domésticas nos recuerda que no han sido ajenas a las cuestiones de género. A la par de la lucha por el voto, las mujeres buscaron la liberación en sus hogares. Lilian Gilbreth, primera profesora de ingeniería en Estados Unidos y madre de 12 hijos, a partir de estudiar la relación de los tiempos y los movimientos propuso un "triángulo de trabajo" en la cocina para simplificar los trayectos entre los fogones, el refrigerador y el lavadero, de modo que redujo de 281 a 45 los pasos necesarios para hacer un pastel. "Ahorrar pasos significaba reducir el cansancio y ganar libertad", escribe Canales.

Pero también muestra que "buscar un lugar para vivir o diseñarlo" significa lidiar con deseos contradictorios: "obtener privacidad, en un lugar céntrico de la ciudad, amplitud, con un mínimo de mantenimiento, y descanso, aunque su costo nos quite el sueño".

Estas contradicciones se deben a la "ruptura que marcó la revolución industrial con la división entre lo doméstico y lo laboral, el campo y la ciudad, y lo público y lo privado", y que el sistema capitalista de propiedad privada "acrecentó al transformar la casa en mercancía".

Argumenta en el libro que por esto resulta "tan complejo mediar entre lo que es de uno y lo que es de todos, entre descansar y habitar, y entre compartir y aislarse, y por qué cada vez más personas desean vivir solas, aunque esto implique construir casas más amontonadas".

Advierte que los modelos recurrentes no son los mejores sino los más rentables para inversores y políticos.

"Para cambiar el mundo, debemos empezar transformando la casa", concluye.
Hora de publicación: 21:00 hrs.

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