OPINIÓN

'Jacarandosas'

Guadalupe Loaeza EN REFORMA

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En los sesenta, ser una niña bien "jacarandosa" no era muy bien visto. Significaba que se trataba de una joven demasiado de-sen-vuelta, desenfadada, alegre y por añadidura, súper coqueta. Sus minifaldas eran demasiado cortitas, combinadas con blusas muy apretaditas, abotonadas, para lucir las bubis, hasta el tercer botón. Su maquillaje era también too much, los ojos desmesuradamente pintados y la boca particularmente carnosa pintada en tonos rojos nacarados. Estas niñas eran las que iban a bailar de cachetito al "Jacarandas", el night club más liberal de la época. "Esa niña no te conviene, es excesivamente 'jacarandosa'", aconsejaban las mamás más conservadoras a sus hijos.