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'La chamba es la chamba'



EN FLAGRANCIA / Gustavo Fondevila
en REFORMA


La pandemia del coronavirus ha afectado por completo la vida social en la Ciudad de México, inclusive las prácticas delictivas se han modificado de acuerdo a las nuevas oportunidades, situaciones, etc. Por ejemplo, han aumentado los saqueos oportunistas (no parecen ser saqueos famélicos), pero otros robos como a transeúnte, etc. se han visto alterados.

Es probable que después de esto, tengamos una baja generalizada en algunos delitos, simplemente porque las víctimas no están disponibles. En otros casos, a pesar de la disminución, los "profesionales" del crimen siguen "trabajando". Y esas comillas no son casuales.

La semana pasada, dos hombres abordaron una combi sobre la autopista México-Puebla. Una vez en el interior robaron las pertenencias de todos los pasajeros (celulares, carteras y dinero en efectivo). Uno de ellos amenazó al conductor mientras el otro, requisaba a la gente que viajaba en la combi. A la altura del Puente del Descanso, le ordenaron al conductor que detuviera el vehículo para bajarse. Antes de hacerlo, se disculparon con sus víctimas y para terminar la escena costumbrista, se encogieron de hombros para decir: "la chamba es la chamba".

 
 
EL DELITO COMO PROFESIÓN
 
Aunque a usted le parezca increíble, muchos criminales estarían de acuerdo con estos ladrones. Es decir, consideran que el delito es una profesión (la suya) que tiene -como toda profesión- sus ventajas y desventajas. Dentro de estas últimas, está el riesgo de ser atrapado y enviado a prisión. Pero lo más interesante es que esta concepción del crimen está aumentando entre las personas que infringen la ley.

La explicación es relativamente compleja: en los últimos años, el encarcelamiento masivo ha provocado dos fenómenos en prisión: 1) el aumento del stock (la gente que no sale en muchos años) y 2) el aumento del flujo (los que salen y entran todo el tiempo). El problema son estos últimos porque están en prisión poco tiempo, pero el suficiente para aprender lo necesario para mejorar su delito y convertirlo en una profesión. Al mismo tiempo, esto ha aumentado la cantidad de niños (familiares) que visitan a sus padres en la cárcel, "normalizando" la prisión como una desventaja aceptable del trabajo.

Meter gente en prisión por poco tiempo tiene paradójicamente efectos desastrosos a nivel social, porque los liberados salen con amigos y capacidades nuevas. Y además, la cárcel se incorpora a la vida de sus familias como algo normal, como un lugar al que ir los fines de semana para visitar al tío o a papá.

El "flow" que se aceleró en los últimos con los delitos de propiedad menores (robos) y los delitos contra la salud (drogas) incrementó la exposición de grandes cantidades de población a esa "escuela del crimen" que es el sistema penitenciario. Exposición que capacita, educa y forma en el perfeccionamiento de los delitos. Mandar personas a prisión por poco tiempo no tiene un efecto disuasorio, sino por el contrario, incrementa las posibilidades de que un delito extemporáneo se convierta en una "salida" laboral permanente. Es un efecto perverso de la prisión. Sobre todo, de un sistema que no tiene suficientes programas de reinserción social para intentar capacitar/reinsertar a los primo-delincuentes en un camino aceptable dentro de la legalidad.

La vieja idea de "encerrarlos y tirar la llave" sólo funciona si no vuelven a salir pronto. En caso contrario, usted tiene masas de jóvenes que ya pasaron por prisión y consideran a la delincuencia como un trabajo, como otro cualquiera.

 
enflagrancia@reforma.com
 
 
 
 


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