OPINIÓN

La mirada de Vicente Rojo

Enrique Krauze EN REFORMA

4 MIN 00 SEG

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Una silenciosa revolución editorial ocurrió en México en los años sesenta: una joven empresa cultural, Ediciones Era, comenzó a publicar libros cuya bella presentación contrastaba con la austeridad visual del Fondo de Cultura Económica o Porrúa. No era una belleza externa u ornamental. Era una belleza imbricada con el libro, una mirada al título sin revelar el contenido, sugiriéndolo apenas. Doy un solo ejemplo. En 1961, cuando apareció El coronel no tiene quien le escriba, los lectores supimos que había aparecido un escritor extraordinario, pero una parte del hechizo estaba en la imagen, raramente sombría, de la portada. No es una foto, es el negativo de una foto. Sobre un fondo entre anaranjado y ocre con vivos amarillos, la cama desvencijada, el viejo sombrero colgado quizá en un clavo o una percha, unos cuadros en la pared: la ruinosa habitación del coronel. La portada era la ventana al libro. El autor de esa y de otras setecientas portadas, el caudillo de esa revolución gráfica, fue Vicente Rojo.