OPINIÓN

Louise Glück y la felicidad

ANDAR Y VER / Jesús Silva-Herzog Márquez EN REFORMA

3 MIN 00 SEG

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Louise Glück recuerda una anécdota de su juventud temprana. Tendría unos veinte años y desmenuzaba en análisis toda la variedad de síntomas que la sojuzgaban desde niña. De pronto, se sentía mejor. Podía hacer cosas asombrosas como comer en presencia de otras personas o liberarse de las tareas diarias que tenía que hacer, obsesivamente en el mismo orden. Podía estar con otros sin sentir la urgencia de huir y esconderse. Había estado tan acostumbrada a sus sufridas extravagancias que esa sensación de normalidad la aterraba. Glück había padecido una anorexia que había estado a punto de costarle la vida. En un poema describió su entrega al hambre. El miedo a la muerte, dice ahí, comienza silenciosamente en algunas niñas. Toma la forma de una dedicación al hambre porque el cuerpo de una mujer es una tumba y aceptará cualquier cosa.