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Museos, ¿libres de Covid?

  • En dos recorridos realizados por REFORMA en recintos de la Ciudad, se constató que algunos espacios tienen sitios con concentraciones riesgosas de CO2, como el área de murales de Bellas Artes. Foto: Israel Sánchez
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Francisco Morales V. e Israel Sánchez
Como cada fin de semana, incluso durante la pandemia de Covid-19, miles de turistas extranjeros y visitantes nacionales se arremolinan -apenas con un poco más de distancia- frente al mural El hombre controlador del universo, de Diego Rivera, en el Palacio de Bellas Artes.

Tan sólo el pasado domingo 25 de julio, 2 mil 874 personas, según cifras oficiales, ingresaron al recinto para pasear por la zona de murales, único espacio abierto actualmente al público a causa de la contingencia sanitaria.

El acto aparentemente inocente de quitarse el cubrebocas para tomarse una selfie, sin embargo, entraña un riesgo considerable, puesto que ahí mismo, aunque la gente no lo sepa, la alta concentración de exhalaciones de cada uno de los presentes y de quienes desfilaron antes que ellos implica un peligro constante de contagio.

Con las ventanas cerradas, sin una circulación de aire adecuada y desventajosamente cerca de la cúpula del Palacio, una medición con un equipo especializado frente al mural de Rivera arrojó un registro, ese domingo, de mil 114 partes por millón (ppm) de dióxido de carbono (CO2).

El consenso internacional de especialistas es que, para que un lugar sea seguro, esta medición no debería rebasar las 700 ppm.

En dos recorridos realizados por REFORMA, el sábado 24 de julio y ese domingo 25, por recintos culturales de la Ciudad de México, se constató que algunos más, como el Museo Nacional de Arte (Munal), la Cineteca Nacional y el Laboratorio Arte Alameda tienen áreas con concentraciones riesgosas de CO2.

Otros, como la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque, el Teatro de las Artes del Cenart y el Museo Nacional de Culturas Populares, así como la Sala Principal para conciertos en Bellas Artes, han puesto en marcha prácticas adecuadas que brindan seguridad a sus asistentes.

En ninguno de los recintos visitados se omitieron medidas como la toma de temperatura de los asistentes (ya fuera en la cabeza, el brazo o hasta en la palma de la mano), la aplicación de gel antibacterial y, en algunos casos, la desinfección con atomizador de ropa y mochilas.

No obstante, ante la cerrazón inicial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras autoridades, científicos de todo el mundo han pugnado por un cambio de paradigma que, por fin, ha dejado en claro que la transmisión del SARS-CoV-2 ocurre principalmente a través de la dispersión de aerosoles y no por el contacto con superficies.

Uno de los pilares de este cabildeo científico internacional es el químico atmosférico José Luis Jiménez, quien ha demostrado a través de sus investigaciones en la Universidad de Colorado en Boulder que existe una relación entre la concentración de dióxido de carbono que exhalamos, sobre todo en una habitación cerrada, y la posibilidad de contraer Covid-19.

De acuerdo con sus aportaciones científicas, una medición de 700 partes por millón de CO2 implica que el 1 por ciento del aire en una habitación ya ha sido previamente respirado, lo que pone en riesgo a quienes inhalen lo que una persona con la enfermedad ha exhalado previamente.

Como parte de una campaña internacional para crear consciencia de este hecho, Jiménez ha probado diversos modelos comerciales de medidores de CO2 y los ha comparado con los altamente especializados en su laboratorio, con resultados equiparables.

El medidor Aranet4 utilizado por REFORMA para el ejercicio de ambos días fue donado por Jiménez al ingeniero mexicano Julio Soto, quien forma parte de una red internacional denominada #COVIDCO2 que realiza mediciones en distintos países para prevenir contagios.

'Yo no iría a este museo'
En entrevista, Soto puntualiza que no se trata de que el CO2 cargue consigo al virus, como se ha llegado a confundir, sino que una medición adecuada de dióxido de carbono permite estimar la concentración de aerosoles que los enfermos de Covid-19 propagan en el ambiente.

Entre las mediciones obtenidas por este diario, Soto pone el foco en el Palacio de Bellas Artes y en la Cineteca Nacional, donde estima que el riesgo es mayor para visitantes y empleados.

En el caso del Palacio de Mármol, específicamente en el área de murales, donde los registros superan las mil ppm, el especialista recomienda, de plano, evitarlo hasta que las autoridades culturales mejoren la circulación del aire.

"Con esa información que fueron a recabar, yo no iría a este museo, yo recomendaría no ir y más viendo que hay opciones mejor ventiladas", declara.

Pese al aforo reducido que presumen las autoridades, la cifra de 2 mil 874 visitantes del domingo 25 no dista mucho de los 2 mil 37 que tuvo la muestra Emiliano Zapata después de Zapata el sábado 15 de diciembre de 2019, una de las más concurridas en el Museo del Palacio de Bellas Artes antes de los cierres masivos por el arribo de la pandemia de Covid-19.

Para Soto, una de las medidas menos costosas y que más fácilmente se pueden implementar, la verificación del uso correcto del cubrebocas, podría ayudar en este caso.

"Hay cosas que son gratis y fáciles de hacer, como en lugar de andar tomando la lectura (de temperatura) en las muñecas o en los cuellos, o poner tapetes sanitizantes, vamos entonces a revisar que el cubrebocas esté bien puesto y, si no está bien puesto, prohibir el acceso; eso ayudaría mucho", remarca.

De acuerdo con el conocimiento científico más actual, un cubrebocas, dependiendo del material y lo ajustado que quede en el rostro, puede retener desde el 10 hasta el 90 por ciento de los aerosoles que cargan el virus. Por lo que es importante no sólo que se verifique que los visitantes lo porten, sino que se les conmine a usarlo bien.

"Tú puedes estar en ese lugar y como no hay un protocolo de cubrebocas, estás respirando los aerosoles que alguien contagiado puso en el aire hasta dos horas antes, independientemente de que deben mejorar la ventilación", abundó el ingeniero sobre el área de murales de Bellas Artes.

En el caso de la Cineteca Nacional, tampoco se consigue garantizar que sentarse durante más de una hora en una de sus salas de proyección sea enteramente seguro.

Al realizar la medición de CO2 en una función proyectada en la Sala 6, con una veintena de personas reunidas, los números pasan de las 624 a las 857 ppm en apenas 10 minutos de película. A los 30 minutos, la saturación persistente entre los 800 y 900 ppm finalmente alcanza las mil 106, para de ahí ir descendiendo de nuevo hasta el rango de 500 a 600 ppm.

Esta dinámica de la concentración es, a opinión de Soto, acaso atribuible al lapso en el que las personas hacen a un lado sus cubrebocas para ingerir palomitas, refrescos y dulces, o qué en algún punto de la función se puso en marcha un mecanismo para ventilar la sala.

"En lugares cerrados donde no puedes respetar el ajuste y la distancia, hay que ser más exigentes con la ventilación para asemejarlo un poco a los niveles del exterior", recomienda, por lo que incluso 700 ppm ya es alto en un ambiente así.

Un problema distinto es el que reporta el Museo Nacional de Arte, donde se verificó que las salas más amplias y cercanas a los accesos registran mediciones ejemplares de CO2, entre 500 y 600 ppm, pero que pueden llegar hasta 900 ppm en las más pequeñas.

Conforme avanza el recorrido por las salas, mientras más se adentra el visitante en el recinto, la concentración de CO2 se eleva, hecho que resulta especialmente peligroso para el personal que labora ahí durante varias horas consecutivas.

"Ellos (los empleados) que están en contacto con miles, o cientos de personas, día tras día, están seguramente en contacto con personas contagiadas y, si no se liberan los niveles de ventilación, corren el riesgo de que haya un brote", explica Soto.

"Por el cuidado de todos, tanto de visitantes como de empleados, se debe de prestar más atención a la ventilación que están haciendo en estos lugares, en particular donde encontraron niveles altos", abunda.

Apenas la semana pasada, tres días después del recorrido realizado por REFORMA, el Munal informó que permanecerá cerrado hasta el 10 de agosto debido a la notificación de nuevos casos positivos de Covid-19.

Otro museo visitado, el Laboratorio Arte Alameda, apenas tuvo mediciones superiores a los 700 ppm en las salas más pequeñas y apartadas de los accesos.
Alternativas seguras
En contraparte, algunos recintos cosecharon registros mayormente positivos durante el ejercicio de este diario.

En un concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, donde recientemente la mezzosoprano Rosa Muñoz tuviera que cantar detrás de un escudo de acrílicos como medida de protección para el público, la saturación de CO2 no parece ser para alarmarse.

Y es que, a pesar de no haber mayor esfuerzo de ventilación más allá de que los accesos permanecen abiertos de par en par, el medidor se mantuvo en el rango de las 630 a 680 ppm de CO2 a lo largo de prácticamente toda la función, con 210 asistentes distribuidos en luneta y anfiteatro. Únicamente hacia el final, a poco más de una hora de recital, se alcanzaron las 720 y hasta 737 ppm.

De manera igualmente positiva, el amplio Teatro de las Artes del Cenart y la reducida Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque, apenas con asegurar entradas y salidas para el aire, lograron mantener sus mediciones, constantemente, por debajo de las 700 ppm.

Al sur de la Ciudad, aunque las plazas públicas de Coyoacán concentran multitudes cual si no hubiera una tercera ola de contagios impulsada por variantes nuevas y más infecciosas del SARS-CoV-2, los visitantes que recorren simultáneamente el Museo Nacional de Culturas Populares se cuentan con los dedos de las manos.

Algo que, aunado a la particular distribución de los espacios en este recinto, se tradujo en bajas concentraciones de CO2. Al pasar por las salas que albergan las muestras Tenangos, cartografías de la memoria y Guiñol, muñecos de guante, las mediciones oscilaron de las 420 a las 500 ppm. Prácticamente igual que si se estuviera en el exterior.

Para Soto, los resultados de todo el ejercicio deberían hacer ver a todas las autoridades involucradas que es importante tomar en serio los lineamientos para museos, cines y para recintos de artes escénicos.

"Que tomen como un deber estos lineamientos donde los obligan a mejorar la ventilación", concluye.

Con el semáforo epidemiológico en naranja y la tendencia de contagios al alza en la Ciudad de México, las instituciones de cultura federales y capitalinas tienen trabajo que hacer para garantizar la seguridad de visitantes y del personal.
¿Qué hacer para protegerse?
Éstas son algunas recomendaciones de #CovidCO2 e instrumentos como la "Guía de ventilación en espacios cerrados", compilada por el doctor en ingeniería química Armando González Sánchez, investigador del Instituto de Ingeniería de la UNAM, para mantenerse lo más seguro posible en una visita cultural.

Para los visitantes:
*Mantener siempre la regla "dos de tres", es decir, al menos con dos de estas consideraciones en todo momento:
-Exteriores
-Cubrebocas ajustado
-Distanciamiento físico
*Acudir siempre a las primeras horas de visita para reducir el riesgo de contagio.
*En lugares con butacas, procurar la sana distancia a los lados, al frente y atrás.

Para las autoridades
-En espacios donde se puede cumplir la regla dos de tres, se recomienda no superar las 700 ppm de CO2.
-En cines con venta de alimentos y teatros con actores sin cubrebocas, no superar las 550 ppm de CO2.
-Verificar el uso correcto del cubrebocas de los visitantes: bien ajustado al rostro, cubriendo nariz y boca.
-La ventilación debe ser continua, cruzada y distribuida.
-Si la ventilación no es suficiente, instalar equipos HEPA y/o MERV13 para atrapar partículas que transportan al virus.
-El aire acondicionado tiene que obtener aire del exterior, no recircularse, pues esto transporta al virus varios metros.
Hora de publicación: 21:00 hrs.

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