OPINIÓN

No se arrejunten

Guadalupe Loaeza EN REFORMA

4 MIN 00 SEG

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Por más que quiera, por más que le importe y por más que jure y perjure que tiene las tres vacunas, que llevará su cubrebocas y que conservará una especie de sana distancia, no asista el 24 de diciembre a la cena de Navidad, ni a las reuniones de Año Nuevo. No quiero ser la típica aguafiestas, ni catastrofista, lo único que deseo es que tomen conciencia del riesgo de contagiarse con la nueva variante de Covid-19, Ómicron. Porque es capaz de contagiar incluso a los niños. Aunque se diga que es menos peligrosa que las variantes anteriores, aún no existe la seguridad de tal afirmación. Como dijo Tedros Adhanom: "Un evento cancelado es mejor que una vida cancelada", y pidió cancelar las fiestas navideñas ante la rápida propagación de la variante Ómicron en el mundo. Qué trabajo nos cuesta a los y las mexicanas cancelar cualquier fiesta y más las navideñas, las que tienen que ver con la familia, con los amigos cercanos y las tradiciones. Y no nos damos cuenta de los riesgos que implica, no solamente para nosotros, sino también para los invitados. Que ya compró el bacalao, que ya tiene el pavo congelado, que ya le confirmaron todos los invitados, que ya gastó en las bebidas, que ya tiene los regalos bajo el árbol, que ya contrató a los meseros, que ya había comprado un mantel precioso con bordados con motivos navideños, que ya tiene listos varios cubrebocas para los invitados, incluso pensó en que todos mostraran la prueba rápida que se hicieron horas antes, que ya había escrito las palabras que iba a pronunciar para esta ocasión, que ya había encargado la "buche de Noel" (pastel francés tradicional para estas fechas), que ya había "sanitizado" toda la casa con productos especiales, que ya había comprado varios tapetitos especiales y medidores de temperatura, que ya le preguntó a su doctor de cabecera y que le dijo: "Si toma las precauciones necesarias, no hay problema", que hasta Claudia Sheinbaum declaró que en la ciudad no se interrumpirán los festejos, que ya tenía todos los regalos envueltos de sus hijos, nietos, sobrinos y los novios y novias de todos ellos, que hasta había contratado un grupo musical el cual se sabía todos los cantos navideños en inglés y que por último, esperaban a la cena a Alejandro Gertz, amigo de la familia de toda la vida.