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Pemex: el fracaso



A DEBATE / David Shields
en REFORMA

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A fines del siglo pasado, Petróleos Mexicanos ocupó el tercer sitio en el más prestigiado ranking de las empresas petroleras integradas del mundo, que publica anualmente Petroleum Intelligence Weekly (PIW). Ahora ha caído a la posición número 20.

La organización CDP recién dio a conocer un ranking de 24 grandes petroleras globales, midiendo sus esfuerzos en la transición a una economía de bajo carbono. Entre ellas figuran las petroleras estatales de China, Rusia y Brasil, pero Pemex está ausente.

Durante décadas, en el ranking de la revista Expansión, Pemex era, por mucho, la número uno de las 500 empresas más importantes de México. Ya no lo es. En el año 2004, Pemex llegó a producir más de 3.4 millones de barriles de crudo por día. Hoy, produce menos de la mitad de ese volumen.

Es la petrolera más endeudada del mundo, según las agencias calificadoras, con más de 114 mil millones de dólares de deuda financiera y 70 mil millones de dólares de pasivo laboral. Hoy día, México importa cerca de dos tercios de las gasolinas y del gas LP que se consume en el País, lo cual contrasta con la relativa autosuficiencia que existía en los años noventa.

La pregunta obligada es: ¿qué pasó? ¿Cómo se explica tan sonoro fracaso? ¿Cómo es que Pemex pudo, al ofrecer sus ingresos como garantía, salvar a la economía nacional del "error de diciembre" en 1994, pero hoy es un lastre y un riesgo sistémico para las finanzas del País?

Si nos remontamos al 2000 en busca de respuestas, fue en ese año cuando ocurrió el escándalo del Pemexgate, mezclando política, ideología, operación sindical y corrupción. Desde entonces, múltiples episodios de manejos políticos y corrupción, la ordeña de sus finanzas, ineficiencias crónicas, improvisación y proyectos poco rentables, han ido acabando con Pemex.

¿Por qué declinó tan bruscamente la producción en Cantarell, el segundo yacimiento más grande del mundo? Nunca se ofreció una explicación oficial satisfactoria. Gobiernos pasados realizaron enormes gastos con poca producción en Chicontepec y cero producción en aguas profundas. Se anunciaron yacimientos gigantes -como Lankahuasa y Noxal- que nunca produjeron. El desarrollo de otros -como Trión y Lakach- quedó inconcluso. La reconfiguración de las refinerías dio pobres resultados. ¿Fueron fallas administrativas o técnicas o ambas?

El actual gobierno no parece tan diferente. Ha anunciado sus propios megayacimientos: Ixachi, Quesqui, Dzimpona, que son más ficción que realidad. Pemex aún muestra un deficiente desempeño en general, con producción a la baja, deuda al alza, y desaprovecha grandes ventajas geológicas y competitivas del País.

El Presidente quiere dirigir la empresa él mismo. No ha querido eficientizarla ni redimensionarla, nombra a directivos y consejeros improvisados, no acepta mercados abiertos, rechaza el apoyo de privados, e impone sus ocurrencias peculiares, como Gas Bienestar, Deer Park, no a aguas profundas, no al fracking, no a la energía limpia. En otros países, las compañías petroleras son dirigidas por ejecutivos con una carrera de 20 ó 30 años de experiencia en el ramo.

Rogelio Ramírez de la O, nuevo Secretario de Hacienda, llega ahora con la tarea de rescatar a Pemex y la expectativa de que convertirá una parte de sus pasivos en deuda soberana para así intentar crear un blindaje a las finanzas de la petrolera.

Este tipo de "rescate" de nada servirá si no va acompañado de cambios radicales e incisivos en la operación y la administración de Pemex, porque la petrolera seguirá con pérdidas y porque elevaría el riesgo país y podría arrastrar las finanzas nacionales al mismo hoyo negro.

Urge analizar de manera rigurosa, imparcial y sin simulaciones ni ideología, las causas raíz del fracaso de Pemex. Sólo con un diagnóstico certero y mucha voluntad, se podrá rectificar. Si Ramírez de la O no exige grandes cambios, él será sólo una comparsa más en esta debacle. ¿Intentará convencer al Presidente?

 
Analista de la industria energética.

Su e-mail: david.shields@energiaadebate.com
 
 
 
 


Es consultor y analista de asuntos energéticos.

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