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Saturan migrantes Tapachula por refugio

  • En Tapachula, se registran filas interminables cerca de Comar. Foto: Especial


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04 min 30 seg
Edgar Hernández
Entre falta de medidas sanitarias, aglomeraciones, gritos y desesperación, migrantes que buscan refugio en Chiapas han desbordado la oficina de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) en Tapachula.

En esta ciudad, la segunda en importancia de Chiapas, los solicitantes de refugio ya representan el 10 por ciento del total de la población de este municipio, que tiene 353 mil habitantes, según el Inegi.

Tan sólo en este año se han registrado 35 mil solicitudes.

En una fila que parece interminable, donde cientos de paisanos permanecen formados sin distancia ni cubrebocas, Joseph Pierre, de Haití, lleva una semana esperando poder iniciar su solicitud.

Luego de cruzar el río Suchiate hace ocho días junto con su esposa y dos hijos, Pierre se dirigió directamente a las oficinas de la Comar en esta ciudad, donde se encontró con un mar de gente, en su mayoría haitianos.

Durante la última semana, el migrante ha tenido que dormir en este sitio a la intemperie, incluso con días lluviosos, y junto a cientos de extranjeros, quienes hasta se han peleado por su lugar en la formación.

"Llegué el día 8 y hoy (ayer) es 15, llevo ocho días aquí haciendo fila, estamos esperando. Uno tiene que pelear para lograr algo (avanzar en la fila)", dice con el poco español que sabe.

"Varios aquí vivimos (en la calle) para poder alcanzar un lugar", agrega.

Algunos migrantes se refugian del sol y la lluvia bajo un frondoso árbol de mango y varios almendros. Otros bajo un viejo techado a punto del colapso, de las antiguas instalaciones de la Sociedad de Productores de Café Indígenas de la Sierra Madre de Motozintla, cuyas bodegas renta la Comar para oficinas.

Philliph Jean, también haitiano y quien lleva un mes en México, dice que tuvo que pasar siete días afuera de la Comar para ser atendido.

Durmió en la banqueta, donde se observan cartones, plásticos y algunas colchonetas.

Llegó al País luego de un viaje de casi seis meses. Salió de Puerto Príncipe en diciembre pasado.

El isleño explica que el desorden en Tapachula se debe a que nadie les dice cómo es el proceso de solicitud y porque los haitianos no hablan español, lo que dificulta la comunicación con las autoridades y otros extranjeros, entre ellos centroamericanos y cubanos que también piden asilo en la frontera sur.

Aunque intentan normar la situación con un lazo que instalaron en la fila, aún así hay gritos y manotazos con quienes buscan colarse.

Además, dicen que los conflictos en la fila se dan por la venta de los lugares hasta en 200 pesos.

Una mujer narró que la semana pasada la estafaron, unos jóvenes le pidieron 100 pesos a ella y a una compañera, supuestamente para llegar más rápido a la puerta de acceso, pero eso nunca ocurrió.

La mayoría de los solicitantes de asilo ignora las medidas sanitarias por la pandemia, las cuales están enlistadas en lonas en español y haitiano criollo, pues ni siquiera usan cubrebocas.

Entre el gentío se observa a mujeres con niños en brazos, algunas amamantando.

Milande Jean, de 36 años, carga a una bebé de dos meses y se acompaña de otros dos hijos gemelos de 12 años.

Llegaron a las 4 de la mañana a ocupar el lugar que su esposo Paul Pierre apartó tres días antes.

La familia de haitianos estuvo cuatro años en Brasil, antes de poder juntar los 8 mil dólares que gastó en el viaje a México, a donde llegaron la semana pasada tras una travesía por ocho países.

No han conseguido dónde vivir, por lo que tienen que dormir en la calle, mientras también buscan trabajo.

Para realizar sus necesidades mientras padecen la larga espera afuera de la Comar en Tapachula, algunos migrantes pueden pagar hasta 10 pesos en casas de la zona. Otros van al mercado Soconusco que se ubica a una cuadra. Sin embargo, muchos deben usar la calle y los árboles.

Chenet Elcius, también de Haití, pasó un mes en la estación migratoria Siglo 21 del Instituto Nacional de Migración (INM) en Tapachula, antes de acudir a la Comar en busca de ayuda.

La tragedia lo acompañó en su viaje hacia México.

Caminó con su esposa y su hija de cuatro años durante 15 días en la selva del Darién, entre Colombia y Panamá. Cinco días se quedó sin comida y dos estuvieron extraviados.

Los haitianos cuentan que esa zona selvática es la más peligrosa, pues muchos han muerto. Dicen que aunque no vieron los cadáveres, sí las tumbas que se han hecho con montículos de tierra y ramas.

Ante la saturación en Tapachula por el fenómeno migrante, activistas estiman que a esta ciudad van a llegar más en los próximos días.

Wilner Metelus, defensor de los Naturalizados y Afroamericanos, advirtió que la oleada de haitianos se agudizará por la crisis política en su país tras el asesinato del Presidente, por lo que urgió al Gobierno de México a cambiar la estrategia.

"Van a llegar más" lanzó.
Hora de publicación: 05:00 hrs.

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