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Voto y libertad de expresión



Los intelectuales que ejercen la libertad de expresión cumplen con la función que les corresponde en una democracia: la crítica del poder

Isabel Turrent
en REFORMA

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4 min


Uno de los mayores beneficios de vivir en una democracia es el voto. Es el mejor instrumento para resolver los problemas de sucesión a través de la voluntad expresa de una mayoría y evitar la violencia, fratricidios y baños de sangre que marcaron por milenios la historia. En todos los sistemas políticos y en cualquier momento de la historia, con muy pocas excepciones, decidir quién sería el nuevo gobernante en monarquías, autocracias o en oligarquías derivó una y otra vez en luchas entre los herederos, designados o autonombrados, cortesanos poderosos o facciones militares que apoyaban a distintos aspirantes al poder después de la muerte de un rey, dictador o zar.

Aquí entre nosotros, fueron paradójicamente tal vez los mexica, en aquellos tiempos remotos que se perdieron en la historia con la llegada de los españoles, los únicos que pudieron encontrar una fórmula para garantizar la estabilidad política. Cuenta Hugh Thomas* que aunque la línea de sucesión se daba dentro de la misma familia, para elegir un nuevo emperador en México-Tenochtitlán se reunían treinta señores y los reyes de Tacuba y Texcoco para conformar algo parecido a un colegio electoral. Ninguna de esas sucesiones fue impugnada a pesar de que siempre había candidatos rivales. En la Colonia era el rey quien decidía en Madrid quién gobernaría, y a los demás en la Nueva España les tocaba tan sólo callar y obedecer. El siglo XIX fue un caos político, en gran parte porque no había un sistema válido y consensual de sucesión, y en el XX, durante la famosa dictadura perfecta del PRI, el sistema de sucesión era el "dedazo".

El sentir y pensar de los ciudadanos empezó a decidir quién gobernaría cuando el voto se tradujo en la alternancia en el poder hasta el año 2000. La democracia había sentado finalmente sus reales en el país. Hace días, el 6 de junio, una buena parte del electorado le quitó a Morena el dominio que tenía sobre la CDMX: su principal bastión político. Y así debe de ser: los votantes debemos tener el poder de castigar cualquier desgobierno. Todos nos merecemos al INE que nos permite votar en paz dentro de la ley.

Pero el voto es nada más el principio: el sistema democrático tiene como cimiento la defensa y el ejercicio de los valores liberales. El más importante es la libertad de expresión. López Obrador, que es profundamente iliberal, está dispuesto a reconocer solamente los votos que le favorecen: los demás son producto de campañas de "desprestigio" o conspiraciones de "grupos de intereses creados" (lo de creados es un añadido suyo para proyectar la imagen de que sus opositores son dignos de toda sospecha de servir a grupos que fraguan en la penumbra conspiraciones para destruir a México).

La crítica le sienta aún peor que los votos en contra. En lugar de debatir, descalifica (como lo señaló, entre otros medios, el análisis reciente de The Economist); en lugar de argumentar, amenaza. No parece haber entendido que los intelectuales que ejercen la libertad de expresión están cumpliendo con la función que les corresponde en una democracia: la crítica del poder. Debería escuchar y aprender.

De hecho, debería rodearse de críticos que estén dispuestos a decirle la verdad. Necesita un bufón en Palacio. Hace semanas el Financial Times entrevistó a un asesor de personajes poderosos (y narcisistas), Kets de Vries. Siempre enfrenta el mismo escenario: todos los líderes atraen como imán a una corte de mentirosos que les dicen exactamente lo que quieren oír. Empiezan rápidamente a ejercer el poder en un salón de espejos donde todos los que los rodean reproducen su imagen. Una cámara donde todas las voces repiten, como un eco, las palabras del líder. Esos espejos que reproducen su imagen y, sobre todo, la cámara de los ecos son especialmente peligrosos para alguien como López Obrador que está hechizado con su propia voz. El problema es que ni los espejos ni los ecos de su palabra en la de los lacayos que lo rodean reflejan la verdad objetiva que es la única guía para un gobierno eficaz.

 
* Conquest...

 
 
editorial@reforma.com
 
 
 
 
 


Estudió Historia del Arte en la UIA y Relaciones Internacionales y Ciencia Política en El Colegio de México y la Universidad de Oxford, Inglaterra. Ha publicado cinco libros sobre asuntos internacionales, y en el 2006, La aguja de luz, una novela histórica sobre Mallorca. Es colaboradora de Letras Libres y editorialista de Reforma desde su fundación. Ha impartido cátedra en las principales universidades del país sobre temas internacionales.

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