OPINIÓN

2020: protagonistas anónimos

Carlos Bravo Regidor EN REFORMA

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Esta no es otra aportación a ese hábito tan decembrino de seleccionar un "personaje del año". Mitad rebaba de reduccionismo histórico, mitad baratija del culto a la personalidad, se trata de una costumbre tan arraigada como problemática, que tiende a reforzar una percepción bien engañosa e injusta de la vida pública centrada, básicamente, en la celebridad. Su premisa, muy mediática pero poco periodística, es que visibilidad equivale a importancia. Y sí, quizá haya ocasiones en las que pueda llegar a ser así, pero hay muchas -muchísimas- en las que no. El ejercicio puede ser entretenido, memorable, dar pie a discusiones interesantes o divertidas; sin embargo, con frecuencia termina poniendo el foco de atención en perfiles demasiado predecibles, triviales y trillados, en detrimento de otro tipo de actores sociales cuya labor pudo ser más apreciable, sustantiva, trascendente, pero que por tener cierta vocación de sombra rara vez figuran en el ojo público. No todo lo que brilla siempre es oro; tampoco todo lo que es oro siempre brilla.