OPINIÓN

Desconfiar de lo pensado

Jesús Silva-Herzog Márquez EN REFORMA

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Es necesario desconfiar de lo pensado. Nos tienta la facilidad de la reiteración. La vanidad de pensar que habíamos visto toda la película desde la primera escena. O, más bien, desde su anuncio. Creer que nada nos sorprende, que todo camina de acuerdo a lo anticipado. No importa si la reiteración proviene de los ilusionados o de los que gritan la llegada de la tiranía. El hermetismo es el mismo: incapacidad para modular el halago o el reproche. ¡Está naciendo la democracia auténtica!, suspiran unos. Todo lo que había antes era una farsa. ¡Ha muerto la democracia!, gritan los otros. Se asienta entre nosotros una dictadura feroz. Ninguno aprecia las continuidades, ninguno registra la contradicción. No hay, a su juicio, sorpresas. Todo avanza de acuerdo al plan. Ambos sienten la urgencia de una definición, no solamente tajante, sino también vehemente. Exaltación y hermetismo son, por ello, las marcas del debate que no podemos tener sobre nuestra circunstancia. Haberlo descifrado todo ya y solamente esforzarse por gritarlo más fuerte. Ya se los he dicho mil veces, pero no lo he dicho con el ardor necesario: galopamos dichosos a la felicidad o nos precipitamos al abismo.