OPINIÓN

La república de los lacayos

Jesús Silva-Herzog Márquez EN REFORMA

4 MIN 00 SEG

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Esta semana, el director de Materiales Educativos de la SEP recibió lo más preciado: un elogio del presidente de la República. Después de que el funcionario hablara de la necesidad de superar la frivolidad de la literatura placentera para convertir la lectura en palanca revolucionaria, el Presidente salió en su defensa. En su conferencia del 5 de agosto, el Presidente describió al señor Marx Arriaga como un profesional, un hombre íntegro y honesto. Desde ese extraño universo donde vive, el Presidente lo ve como un hombre de "mucha capacidad". Al mismo tiempo, la Cancillería removía al funcionario diplomático que osó burlarse de la estupidez del comisario y celebrar el gozo, la imaginación, el humor. La defensa del placer que hizo Jorge F. Hernández resultó inaceptable. Burlarse del advenedizo que es tan querido por la primera pareja, mucho peor. En un párrafo execrable, el jefe de la diplomacia cultural expuso la razón que justificaba el cese. El escritor, a quien reconocía eficiencia, había incurrido en "comportamientos graves y poco dignos de conducta institucional". Era, desde luego, una señal de lealtad al jefe. La cabeza del funcionario, entregada como ofrenda de fidelidad.